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Sentimentalismo de alcoba / MUers en Busca de Sexo / Celia Gómez Ramos

¿Será que para entendernos como mexicanos, habremos de invocar a nuestros poetas?

Recuerdo cuando comenzaron a interpretar boleros las voces juveniles, para que las nuevas generaciones los conocieran, se enamoraran y los propagaran. Porque…, si bueno en un tiempo, ¿por qué no hoy? Quizá, hasta mejor.

Justamente así, me parece esa recuperación de los poetas mexicanos, para explicarnos de alguna manera esa identidad que en algún momento de la historia perdimos o al menos, tan farragosa está, que no sabemos bien a bien cuál es, en qué se traduce o mejor aún, cómo la hacemos corpórea y a tantos, nos hace sentir verdaderamente huérfanos.

Comparar la poesía de Amado Nervo (1870-1919) con la cursilería y ese placer extremo, que transita en sus tantos matices, del dolor a la felicidad, solo podía ocurrírsele a Juan Villoro…, quien desde luego busca explicaciones, y para ello trajo a cuento la vida y obra del poeta, para localizar puntos de encuentro con los que hoy somos. Pues bien, que se lanzó a la empresa de una serie de conferencias que da por estos días en el Colegio Nacional –del cual desde hace poco es miembro–, a las que tituló: “Este libro en que laten las orgías”. Hermoso nombre, por cierto, y por subtítulo: “Amado Nervo y la configuración del sentimentalismo mexicano”.

¿Cuánto le deberemos a Nervo de nuestro racismo, de lo pudoroso de las relaciones personales, del misterio de la vida del artista, de nuestro espíritu telenovelero o de libro vaquero o bien de nuestro corazón enfebrecido?

Villoro fue más lejos, porque arribó a la música, recordando las canciones, una de ellas “El Triste”, de Roberto Cantoral, con su fragmento “hoy quiero saborear mi dolor” y exponernos sin ambages como preferimos el sufrimiento en detrimento del arriesgue, mucho de lo que nos explica en las entrañas como mexicanos y también, de lo que vivimos –en micro o macro.

¿Por qué los mexicanos somos cursis? Díganme, ¿ustedes se sienten cursis? ¿A qué debemos nuestro andar lacrimógeno? A ver, ¿qué les parece esto de nuestro poeta?:

“Vivir sin tus caricias es mucho desamparo; /vivir sin tus palabras es mucha soledad; /vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro, /es mucha oscuridad…”

Casi se le retuerce la corpulencia entera a uno, en llamas ya. No obstante, permanecemos sensibles.

En aquel entonces, un dato que dio el conferenciante, es que Nervo murió en Montevideo, Uruguay, y fue traído en una corbeta, escoltado por barcos argentinos, cubanos, brasileños y venezolanos, y casi al aproximarse a territorio nacional, un barco mexicano salió a su encuentro y un barco estadounidense disparó sus cañones para darle la bienvenida. Ahí no queda todo, porque en su entierro, echen a volar su mente, tuvo un séquito de300 mil feligreses, más que Pedro Infante o Agustín Lara. Ese número de personas, contó Juan Villoro, constituían una tercera parte de la población del Distrito Federal.

Y sin duda alguna, podemos pensar ahora, ¿cómo un poeta podía movilizar a tanta gente? ¿Cómo un poeta cursi? ¿Cuáles fibras tocaba?

“Hay quien arroja piedras a mi pecho, y después /hurta hipócritamente las manos presurosas /que me dañaron… /Yo no tengo piedras, pues /sólo hay en mi huerto rosales de olorosas /rosas frescas, y tal mi idiosincrasia es, /que aun escondo la mano tras de tirar las rosas”.

En “venganza”, de este poeta, ¿acaso no sienten que de alguna manera nos define?

No cabe duda, y soy fiel creyente, de que aquello, lo más revolucionario hoy día es apelar a la melcocha, a la cursilería, al romanticismo, al amor, pues, hasta la producción de la gloria en los sentimentalismos de la alcoba, en la intimidad, en el regodeo…, en aquel salir de la cueva buscando ser otro, para enmascarar nuestras ridiculeces y querer llegar sin cursilerías al mundo, a los otros, lo que obviamente no logramos.

Me gusta pensar, sin embargo, que tenemos futuro reconociéndonos a nosotros mismos en el placer, en los temores, en lo que nos define, en lo que detestamos, en lo que amamos calladamente –aun en las oscuridades de nuestro ser infinito- o en lo que amamos a los cuatro vientos, a mordidas y aunque se nos trituren los dientes o nos descalabremos. En lo corpóreo y en lo inasible.

Gracias por permitirme entrar a sus hogares, no les diré que a sus alcobas, menos aún a sus conciencias o recovecos… Gracias por permitirme acompañarlos y ser mi compañía también… Comenzamos el año siete, el de las siete posiciones que solo los lectores de Mujeres en busca de Sexo conocen y quizá, me contarán. ¿Ah, verdad?
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