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Sexo extremo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Observo un video que se titula: Sexo extremo. Nuestra mente, rápida y voraz (perniciosa también. Bueno, eso solo la mía. No se dejen aludir), nos da información antes de comenzar a mirar.

La situación es la siguiente: Una pareja atlética estaciona su auto en un risco, saca cuerdas, las instala para descender al vacío, se dan un beso hambriento, aunque corto, y bajan, cada uno de su soga. Con una hermosa vista y en el aire, sostienen una relación sexual de peripecia.

Me desilusioné. Es cierto. No imaginé eso. Por mi parte, pienso que así se le quita la importancia al sexo, que en esa apuesta no hay disfrute sexual y sí –acaso-, otro tipo de placer. Sin embargo, si ese video se cataloga como sexo extremo, me cuestioné, qué tipos de sexo extremo podríamos considerar…

Acaso las distintas prácticas en que existe dolor o se pone en juego algo más que las sensaciones placenteras… Tríos, grupos… Una primera pregunta, ¿el sexo tiene qué ver con el placer? Una segunda, ¿traspasar los límites personales en uno, es placer?

Sexo extremo, dice una amiga: “Todo se vale, sin prejuicios ni falsos pudores. Placentero hasta el dolor”. Cada cabeza es un mundo.

Entonces pregunté en Facebook qué ideas se les ocurrían al unir las palabras: sexo y extremo. El resultado fue diverso, como habría de ser, aunque queramos creer que más o menos pensamos igualito.

Desde luego, llegaron el Marqués de Sade y Leopold von Sacher-Masoch en auxilio. El BDSM (Bondage, Dominación, Sadismo, Masoquismo), como idea inmediata, al pensar juntas las palabras.

Las parafilias, versátiles, hicieron aparición: Lluvia dorada, coprofilia, urofilia, zoofilia, gerontofilia, necrofilia, crismafilia (el placer sobreviene con la realización de enemas).

Incluso prácticas como el fisting, que es la introducción de la mano por el ano o la vagina. Así como otros ejercicios relacionados con laceraciones, golpes, asfixia, etcétera.

En el caso de la asfixia, me recordaron el caso de David Carradine, quien salía con el maestro ciego Po, en la serie Kung Fu. Muerto a los 72 años en un hotel en Bangkok, y localizado en un clóset con un cordel de nailon atado alrededor del pene y otro alrededor del cuello, cada uno de los hilos, sujeto a una de las manos. La conclusión de la policía es que no podían estar seguros si había muerto por suicidio o masturbación. ¡Válgame! Una manera de procurarse placer, definitivamente extrema.

En voyeurismo y exhibicionismo se cuecen habas, pues la adrenalina es mucho de lo que opera. Tener sexo en el baño de un avión, en el automóvil (tanto estacionado como en avance y/o a velocidad), sexo en una Iglesia, en un parque.

A mi sobrina se le ocurrió que la adrenalina se podría elevar por el lugar o personas que estuvieran, por objetos específicos. Supongo que a mí se me elevaría la autoestima rodeada de autos deportivos, aunque no sé si me sentiría erotizada…

Ponerse en situaciones de riesgo eleva también la adrenalina. Los juegos de roles pueden ser diversos y quizá no tan extremos, pero todo un botiquín de sorpresas, juguetes, disfraces y todo lo necesario para una puesta en escena.

A pesar de lo extremo, comentaron, deben existir acuerdos de hasta dónde llegar entre los involucrados, sea pareja, tres, cuatro…, o los que sean.

Cuenta la leyenda, que en la actualidad, podría ser sexo extremo, el tenerlo, sin rasurar las zonas erógenas. Con vellosidad en la vulva y el pene… También, sin preservativo.

Y una práctica que no me comentaron, pero encontré menciona una actriz porno, llamada Sheena Shaw, es la llamada Rosebud (capullo de rosa), que en realidad significa el prolapso anal. Ella lo describe así: “huele a sangre y sabe a carne cruda”.

Pero incluso, sexo extremo podría ser: hacerlo con amor. Tan raro en esta época.

Y los dejo con estas palabras de Guadalupe Aguilar. Sexo extremo: “El que sale del alma, que te embiste con una salvaje furia, amor, dolor, acumulado. El que en su estado natural, no te hace pensar en qué sigue… El que te hace perder la noción de tiempo y ubicación, con el que en algunas ocasiones olvidas tu nombre, que no cuida la pose, que no sabe de etiqueta o estereotipos, de raza o género… El que te puede lacerar, pigmentar o enchinar la piel, el que hace recordar que somos animales y en ocasiones más extremas aún: Puede raspar un poco el corazón… ¡Eso, eso sí es extremo!”.

Comentarios: celiatgramos@gmail.com