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Si vis pacem, para bellum

  • Raúl Carrancá y Rivas

Donald Trump no se cansa de decir barbaridades que dada su aversión a México y a los mexicanos representan una seria amenaza para nosotros, contando entre otros factores el de la vecindad con Estados Unidos. Ha dicho que él quiere la paz, aunque para obtenerla el camino deba ser la guerra. Con lo anterior ha resucitado una vieja máxima latina, atribuida a Julio César, y que en realidad deriva de un pasaje extraído del “Epitome ReiMilitaris”, del escritor romano Vegecio (s. IV d.C.): “Si vis Pacem, para Bellum”.

Según algunas versiones Trump habló de una guerra a secas con México, en caso de que no paguemos el muro que él construirá; pero después arguyó que se refería a una guerra económica. En suma, él quiere la paz por el camino de la guerra. Lo que pasa es que por guerra entiende también cualquier clase de agresión verbal, con el riesgo enorme de que ésta se convierta en física. La verdad es que el mundo ya no soporta períodos de guerra disfrazados de paz, que son en rigor guerra mal disimulada. A lo anterior Trump agrega su firme voluntad de acrecentar el poderío atómico de su país. Durante un encuentro que tuvo en la Casa Blanca con la Asociación Nacional de Gobernadores se adelantó a su mensaje del lunes en el Senado, y dijo que pedirá al Congreso un aumento de 54 mil millones de dólares para los gastos de defensa, lo que es el presupuesto de mayor rearme militar en la última década. Al mismo tiempo, hay fuertes recortes en los programas de asistencia a otros países y en la protección al medio ambiente. Se trata de un cambio radical de política a favor del armamentismo. Trump se prepara para la guerra o para ampliar y extender la industria bélica en su país. ¿Con qué objeto? “Es necesario -sostiene el nuevo habitante de la Casa Blanca- que los Estados Unidos comiencen a ganar guerras de nuevo”.

Ahora bien, reconocida una especie de equilibrio político y económico entre las principales potencias del mundo no hay la menor duda de que Trump es una seria, muyseria, amenaza para el planeta entero y para nosotros. Sin embargo sucede que desde mi punto de vista se está burocratizando, digamos, la estrategia de defensa de México frente a la política de Trump. En efecto, en la especie hay un aumento excesivo de las funciones administrativas, lo que de suyo soslaya la emergencia por la que estamos atravesando. Por ejemplo, el canciller Videgaray acaba de declarar ante el Senado que la prioridad de México “es activar la defensa jurídica de los connacionales en Estados Unidos para sentar jurisprudencia y tener elementos que nos permitan acudir a la ONU y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos” (le falto la Corte Internacional de Justicia). ¿Qué no es suficiente con lo que está a la vista? En Derecho nacional e internacional hay pruebas evidentes, indubitables, públicas, que todo el mundo
conoce. La reacción de México debería ser inmediata, ¡ya!, sin darle tregua al tiempo. ¿Sentar jurisprudencia? ¿Tener elementos? Una fechoría, una mala acción, se denuncia primero ante la autoridad correspondiente. Primero se evidencian los hechos, se hace patente y manifiesta la certeza de algo, su certidumbre y claridad; y después, sobre esa base, se presentan y ofrecen las pruebas. Lo contrario es dilatar las cosas, hacerle merced e incluso gracia a Trump. ¿Para qué? ¿Qué más elementos que las constantes declaraciones públicas y amenazas de Trump, incluidas sus abruptas contradicciones? Y ya luego la autoridad internacional pedirá pruebas, documentos; en suma, un cúmulo de burocracia, papeleo, rigidez en las formalidades. Pero, insisto, primero los hechos.
@RaulCarranca

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