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Silla mexicana: de la Colonia al siglo XXI en el Franz Mayer | Bazar de la cultura | Juan Amael Vizzuett Olvera

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

La silla es el mueble de las mil y un formas. Puede adoptar las líneas de un tulipán, una mano o incluso un personaje de las historietas. Algunas, como la clásica “Barcelona”, de Mies van der Rohe, se han vuelto símbolos del diseño moderno. Hay otras sillas, menos famosas, que guardan historias de pueblos, empresas y familias. Algunas de estas memorias nutren la exposición “Silla mexicana”, del Museo Franz Mayer.

– El mueble básico

La silla es quizás el mueble que más empatía produce en la gente por su relación con la vida cotidiana, como lo comentó Héctor Rivero Borrell, director del Franz Mayer durante la conferencia de prensa. Para muchas familias modestas, las clásicas sillas mexicanas de madera y tule constituían el mobiliario fundamental. Hospitalarias, acogían a las visitas; vistosas y durables, alegraban los interiores; ligeras y cómodas, se sacaban fácilmente a los patios para los jolgorios.

Hoy las sillas artesanales han perdido terreno frente a las monótonas piezas de plástico blanco moldeado, que se ven en todas partes: patios particulares, fondas, puestos de antojitos, ferias pueblerinas. Paradójicamente, al mismo tiempo las sillas de madera y tule se han revalorado y ahora se lucen en diversos sitios de Internet como ejemplos de elegancia funcional.

La silla, con sus familiares el banco, el sillón y la tumbona, han alcanzado en México formas muy refinadas, aunque no necesariamente cómodas, como sucede con las piezas coloniales que se exponen en la muestra. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, varios diseñadores, arquitectos y artistas de México han aplicado los avances en la ergonomía, que a veces se dejan de lado a favor de la originalidad.

“La silla se ha convertido en un objeto de diseño, siempre ha tenido un significado especial, ha sido el trono de un rey o de un emperador; se sabe que en algunas culturas mesoamericanas, quien tenía la silla era el poderoso”, comentó al respecto Héctor Rivero Borrell.

PIEZA DEL siglo XVIII.

PIEZA DEL siglo XVIII.

En la muestra se incluyen, entre otras, las creaciones de Clara Porset, Óscar Hagerman, Bernardo Gómez Pimienta, Pedro Friedeberg, Cecilia León de la Barra, Emiliano Molina, Héctor Esrawe, Liliana Ovalle, Juskani Alonso, Ricardo Casas Padilla y Caterina Moretti.

Las sillas-mano, de Pedro Friedeberg se convirtieron en un símbolo del arte y la cultura de las décadas del 60 y 70.

– La Malinche regiomontana

De cuando en cuando, en los tianguis de viejo, en los bazares, en las ventas de cochera, incluso en algún puesto de vestigios debajo de un puente urbano, aparece todavía una que otra silla plegable de madera con la marca “La Malinche”, de Monterrey, Nuevo León. En la exposición del Museo Franz Mayer, esa marca extinta está presente, porque su historia abarcó décadas.

La curadora Ana Elena Mallet comentó: “Es una historia fascinante. Con el desarrollo industrial de Monterrey surge esa enorme fábrica, de la familia Reyes. Desde 1880 hasta 1980 produjo miles de muebles, copió todos los estilos: el ‘Early American’, el estilo danés… copiaba lo que estaba de moda. También creó sus propios diseños originales. Produjo butacas para cines, para teatros. Es una historia que está por escribirse. Alberto Reyes, hijo del dueño, se considera el historiador de ‘La Malinche’. Para la exposición conseguimos dos piezas de esta fábrica. En 1957 crearon el primer experimento de sillón escandinavo, ya que la tecnología de ‘La Malinche’ permitía doblar los descansabrazos.”

La especialista agregó que las sillas plegables aún se encontraban hace poco tiempo en La Lagunilla a unos 350 pesos, pero que una vez expuestas en el Franz Mayer, seguramente subirán de precio: “Se fabricaron muchísimas para los actos públicos, fueron muy representativas, las de color verde metálico fueron muy populares.”

Hubo otras fábricas que perduraron mucho menos, una de ellas en San Luis Potosí, arruinada durante la Revolución. Y hay otras historias, todas en espera de que los investigadores las descubran y las transmitan.

Los estudiosos de la especialidad arrostran varios problemas. Uno de los principales es que en México no se colecciona diseño. Precisamente fue don Franz Mayer uno de los precursores del coleccionismo de diseño y de artes aplicadas en nuestro país, a mediados del siglo XX. Hoy el acervo del museo alcanza las mil cien piezas, las más antiguas datan de tiempos de la Colonia.

Para esta exposición, se crearon dos secciones: “Treinta ejemplos de la Colección Franz Mayer” y “Diseño e identidad”.

La primera parte se integra con una selección de treinta de entre las 171 sillas que conserva el museo. Las sillas coloniales más suntuosas requerían de la maestría de gremios como el de la carpintería, la herrería, el bordado o el tejido; había piezas que exigían la aportación de curtidores y peleteros.

SILLA COLONIAL del siglo XVI.

SILLA COLONIAL del siglo XVI.

La segunda sección presenta 180 piezas, de cien diseñadores, arquitectos y empresas de nuestro país; estas sillas se crearon entre 1900 y 2016, por lo que ofrecen un recorrido por la historia de la industria nacional y su relación con la vida cotidiana durante más de un siglo. En esta sección de la muestra se dan a conocer los procesos de creación, la búsqueda de originalidad, la solución de problemas prácticos, la importancia de la ergonomía y el factor ambiental.

A este respecto, no se debe olvidar que para la fabricación de las sillas y de otros numerosos enseres, se emplearon en otras épocas unos materiales que hoy resulta ya inaceptable explotar, como el marfil que se obtenía de los colmillos de elefante o el carey, extraído de los caparazones de las tortugas marinas.

Hubo maderas preciosas cuya sobreexplotación devastó el medio ambiente, como sucedió con la caoba. La aparición de nuevos materiales, como las fibras de vidrio, los diferentes metales y los plásticos, contribuyó a la protección de los bosques y liberó la imaginación de los diseñadores industriales.

Diseño a la mexicana

El siglo XX produjo varias creaciones que se convirtieron en iconos mundiales, como la “Silla en rojo y azul” (1917) y la “Zigzag” (1932-1934), de Gerrit Rietveld, o la línea “Tulipán” (1957), de Eero Saarinen, así como la ya mencionada “Barcelona” de Mies van der Rohe.

Al diseño mexicano le ha costado mucho esfuerzo alcanzar el reconocimiento, dentro y fuera del país. Ése fue otro de los aspectos que se comentaron durante la conferencia de prensa, en el Museo Franz Mayer; Héctor Rivero Borrell, quien es diseñador industrial, mencionó que durante sus estudios no se consideraba al diseño mexicano y hoy aún hay poca conciencia de que sí hay talentos en nuestro país.

MODELO DE 2015, por Emiliano Molina.

MODELO DE 2015, por Emiliano Molina.

No está de más comentar que el diseño industrial ha contribuido al desarrollo de varias naciones, como Italia, Dinamarca, Alemania y España. En México existe el potencial para que esta especialidad pueda generar algún día una fuente de trabajos sólidos y de divisas.

“Silla mexicana” forma parte de los festejos por los treinta años del Museo Franz Mayer. Permanecerá abierta hasta el 17 de abril; la institución se ubica en avenida Hidalgo 45, Plaza de la Santa Veracruz, a unos pasos de la estación del metro Bellas Artes. Se puede visitar de martes a domingo, de 10:00 a 17:00 horas. Para el público en general la entrada cuesta 45 pesos; estudiantes, maestros y adultos mayores, pagan 25 pesos; los niños menores de 12 años entran gratuitamente.

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