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“Sin derroches” / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Lorenzo Córdova podía ser prudente. Decir que el Instituto Nacional Electoral, planea construirse una sede que costaría un mil cien millones, es una temeridad. Declarar que va a hacerse “sin derroches”, resulta cuando menos, demencial.

¿Hasta qué límite supondrá el susodicho, que hay o no derroche? Si la espeluznante cantidad, según sus fantasiosas cuentas, no supone un exceso, podría consultar la opinión del grueso de la sociedad. La respuesta lo dejaría helado.

El surrealismo de la casta divina azteca, adquiere proporciones nunca vistas. Si en el pasado se decía que se “subían al ladrillo y se mareaban”, ahora cómo calificaríamos las actitudes de un titipuchal de mamarrachos, que infestan las oficinas públicas.

Con el modo de caminar –andan como sobre huevos- se delata su pérdida de la realidad. Usan un discurso propio de magnates de países industrializados, inaplicable a una República mexicana con una aplastante mayoría de pobres.

Dudo que, a quienes se esfuerzan por sobrevivir, les importen un pepino las aclaraciones de petimetres vestidos a la última moda, con trajes que les darían de comer a varias familias, por largos periodos.

El “consejero presidente”, del elefante blanco electoral, sigue amontonando pifias. Lo devora el protagonismo, patente desde sus tiempos de colaborador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Desde el despacho por el que pasaron y están, juristas, constitucionalistas de primera, se le vieron las ambiciones. Jurídicas fue su trampolín para lanzarse a las lides de la politiquería y, disfrazado de Izquierda, clavarse en las filas de la alta burguesía.

Confirmó su vacío ideológico –y humanista-, al imitar la forma de hablar de un jefe indígena. El desprecio a su interlocutor, develó una personalidad de “Pirrurris”, contraria a lo que debería ser la batuta del otrora IFE. El trato preferencial al Partido Verde Ecologista, dio al traste con la confianza a la “renovada” institución. Se le quiso lavar la cara al poder electoral y, a la vuelta de la esquina, volvieron a ensuciársela.

Se dilapidan miles de millones, para procesos que tienen las mismas fallas, que en el pasado. Se duplica y triplica su planta burocrática y sus resultados solo dejan resquemores y aversión. Se dicen epicentro de la democracia, mientras sigue la compra del voto y se permiten argucias legaloides como las del Verde.

El presupuesto del IFE es absurdo y mucho más cuando se planea recortar los de Salud, Educación y otros renglones prioritarios. Se olvida que los dineros que se reparten, provienen de las aportaciones de la ciudadanía.

Su intento por justificar un gasto innecesario, al declarar que habría más productividad, es de lástima. La habría si se capacitara al personal y se le dieran incentivos sólidos, muy lejos de plantear que “podrían tener un gimnasio y andar en bicicleta” (Visión de ejecutivo yanqui, estilo Trump).

La carga impositiva se recrudece y con frecuencia, el SAT (Servicio de Administración Tributaria) alardea de los fuertes porcentajes en los que ha crecido la recaudación. Al empleado, al profesionista, al trabajador se le castigan los ingresos, los que se merman a causa de su obligatoria aportación a la hacienda pública.

Lo sobrio y lo austero tendrían que ser las consignas de aquellos beneficiados por los dineros del pueblo. ¿Qué se ahorrarían 82 millones anuales de rentas? Si Córdova supiera matemáticas vería que se justifican más, que una inversión de un mil cien.

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