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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

¿Dónde termina el poder cuando es omnipotente y prominente?

O, mejor, preguntemos qué haríamos 120 millones de mexicanos sin la presencia avasalladora de Luis Videgaray en la toma de decisiones de este Gobierno…

¿Escucharía el presidente Peña los gritos de enojo, las razones de sobrevivencia elemental de millones de familias sin el escudo de Videgaray?

¿Llegarían al despacho presidencial los ecos de una sociedad que se asume agraviada a perpetuidad por este Gobierno?

¿Cambiaría algo, mucho, si Luis Videgaray viviese en otro planeta sin comunicaciones con Los Pinos?

Lo cierto, es que tal vez entenderían que no entienden. Medirían, ahí, en Los Pinos, la realidad con otras varas. Y, absoluto, Virgilio Andrade sería un desempleado más buscando quién le elogie el peinado.

¿Regresar al servicio público, en una posición cómoda y bien pagada, a uno de los villanos responsables de la falta de credibilidad que padece el presidente Peña Nieto? No se le hubiese ocurrido a alguno de sus enemigos. Como tampoco recomendarle que hiciera candidato del Estado de México a su primo, Alfredito del Mazo, justo cuando la piel de millones de mexicanos está tan lastimada.

Es que no entienden que no entienden.

Incapacitados para aterrizar en el mundo de verdad, en la dimensión de lo cotidiano. Por eso, tal vez, el saludo tan amable.

Así, como si nada hubiese pasado. Como si siguiese siendo su cuate, su maestro, su colaborador de mayor confianza. Como si fuesen casi familia… Así saludó el primer mandatario a Humberto Benítez Treviño en la inauguración del Centro de Convenciones de Toluca, proyecto justamente de su hija, responsable del tema de Turismo con Eruviel.

Con afecto, con abrazos, con una ubicación totalmente fuera de la realidad, Peña lo saludó. Total que tanto es tantito.

Olvido donde cabe todo, desde la campaña orquestada por los mismos que encabeza el poderoso Videgaray, hasta que Benítez Treviño estaba hospitalizado cuando la confrontación de otra de sus hijas con un chef, enfermo de la misma prepotencia que fingió señalar. Llevar el chisme a ese nivel…

¿A quién estorbaba Benítez Treviño?

El problema, de fondo, está contenido en un tema moral. De esos ámbitos que desconocen los tecnócratas, que suelen pasar de cobrar por “legalizar” deudas a certificarlas desde Palacio Nacional, moral que no es el árbol que da moras.

Tantos años de relación, tanta cercanía con la ventaja de los años, es decir, de la edad que se convierte en sabiduría, eran un peligro. ¿Qué tal que Humberto lograba ser escuchado? ¿Y qué tal, todavía peor, que lo que decía era valorado? Los cercos del poder tienen que ser totalitarios para ser eficientes, que el poderoso no tenga opción para escuchar ningún disentimiento.

Y Humberto, ahí en Toluca, frente a un gobernador que lo trata con respeto, cariño, casi reverencia, según consta en el prólogo que escribió para el libro más reciente de su maestro, se dejó querer… otra de sus hijas ni siquiera le contestó el saludo, cuestión de edad.

¿Qué podría haberle dicho un político, un jurista, un hombre que ha pasado por todas las procuradurías, que fue su secretario de Gobierno, que hoy está empeñado en becar a los jóvenes sin recursos? O, qué no iba a decirle.

Debemos hacer una propuesta nacional desde aquí, en Ecatepec, para crear una cultura de la legalidad, para evitar que México, nuestro amado país, siga siendo un país de cínicos, donde todos hacen lo que les place, amparados en la impunidad y en la falta de eficacia de instituciones corruptas e ineficaces.

Bueno, este es el tipo de cosas que dice en sus conferencias.

Hoy recorre al país una severa crisis económica, política y social, pero hay una crisis más grave que las anteriores, que amenaza con derruir los cimientos de la sociedad mexicana; la crisis moral, la crisis de los valores, y uno de los más importantes es el valor de la justicia.

Esto también…

Ya sé, con hacerse amigo de Luis Videgaray. Con eso basta para convertirse en el peor secretario de la historia de este sexenio, donde había varios candidatos para el título, para caer parado y volver a pegarse a la ubre del erario público.

Conste que no hablamos de los otros amigos de Videgaray, como uno que trabaja de “yerno” en Washington…

Ni tampoco mencionamos valores tan antiguos como la lealtad y el agradecimiento, esos temas tan reiterados en Atlacomulco…

En Twitter: @isabelarvide

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