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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • No aceptar el estado especial que vivimos
  • Falta la declaratoria presidencial

Lo que nos falta es una declaratoria Presidencial.

Como sucedió en Francia después del atentado terrorista en la discoteca de París.

Falta reconocer pública y legalmente lo que vivimos: Un Estado Especial.

Sería mejor, incluso, la declaratoria de un Estado de Excepción. Pero como esto equivale a una aceptación tácita de que se ha fracasado al gobernar, nos podemos quedar con la otra declaratoria.

De esta manera, la participación de las fuerzas armadas en asuntos de policía, el “abatimiento” de los presuntos delincuentes, serían absolutamente legales. Y la sociedad sabría que frente al “inmenso peligro” que significan estos criminales sus libertades individuales se ven reducidas.

Como sucede en los hechos. En las muchas poblaciones donde es imposible salir a la calle. Como sucede, también, en el Periférico de la Ciudad de México, donde matan a los conductores con total impunidad.

Las policías locales y estatales, supongo que también las federales, no han podido hacer su trabajo de “someter”, de poner ante la autoridad judicial a los criminales. Por eso, si entiendo bien, se les ha ordenado a los militares/marinos intervenir, con todo y sus armas, sus helicópteros, su gran capacidad letal.

No se les pidió, si entiendo bien, que ayudaran a “detener” a los presuntos criminales, sino que los “abatieran”, tal como puede constatarse con total sencillez al revisar los operativos de los últimos meses.

Aquí tenemos una de las raíces del conflicto en que están metidos la sociedad y fuerzas armadas, hacía dentro del país y, también, en un futuro hacía las organizaciones de derechos humanos internacionales. ¿Hubo una orden, que pueda comprobarse, del primer mandatario para “abatir” a criminales en operativos? ¿Para disparar contra civiles?

Porque las leyes internacionales prohíben a las fuerzas armadas, aquí entra la Marina-Armada, disparar contra civiles. Punto.

Repito, las leyes internacionales prohíben a las fuerzas armadas de cualquier país disparar contra civiles.

¿Entonces qué sucede en México?

Primero, que no ha habido la declaratoria de Estado de Excepción, o en su lugar de Estado Especial, que hace inválidas leyes y, por tanto, permiten que los militares disparen contra civiles, previo aviso a la sociedad que no existen libertades individuales, o que estas están reducidas en razón del objetivo y/o de la gravedad de la realidad que viven.

Esta declaratoria puede ser para una población, una entidad federativa, para un tiempo específico. Si así se hubiese hecho en Nayarit otro, muy distinto, sería el análisis de los hechos. Lo que López Obrador ha llamado “masacre” tendría otra connotación.

Las leyes internacionales, que rigen en México porque se han firmado adhesiones a estos protocolos, dicen enfáticamente que los civiles NO SON NI PUEDEN SER ENEMIGOS. Punto.

Sin embargo, a los militares, aquí entran los marinos, se les enseña, se les inculca como parte de vida, que deben aniquilar, exterminar, abatir a los enemigos. Esa es su función primaria, para la defensa de México: Abatir a los enemigos.

Y desde el Gobierno de Felipe Calderón se les dijo que el enemigo a vencer, a exterminar, a aniquilar, a abatir son los criminales. Ellos están en una guerra con un enemigo que, además, les produce bajas muy sensibles. Que secuestra, mata, tortura a sus compañeros. Por eso frente a ellos, ponen toda la fuerza letal que tienen. Son enemigos.

No obstante que los civiles, por leyes internacionales que nos rigen, hay que insistir en ello, no pueden ser ENEMIGOS DE NINGÚN EJÉRCITO.

¿Qué queremos los mexicanos, qué quieren las fuerzas armadas? Estas respuestas no están claras.

Lo único cierto es que los mexicanos quieren vivir en paz, con pleno goce de sus libertades individuales, protegidos por las autoridades. Y que estas autoridades son incapaces de protegerlos. Al actual Gobierno ya se le pasó el tiempo de cambiar esta realidad. Ya no consiguió, por falta de dinero o de presión, de control, de voluntad política, que los gobernadores profesionalizaran sus policías. Ya no pudo, falta poco para que termine el sexenio, conseguir que sus policías federales sean lo eficientes y confiables que se necesita.

Por eso, por la falta de eficiencia policiaca, es que ha mandado a los militares-marinos a “abatir” a un enemigo. Y es, en la medida, de que cumplen esta orden superior, que tenemos muertos y una profunda ilegalidad… ¿Qué sigue? ¿Vamos a ver al helicóptero y sus segundos de muerte? ¿Vamos a contar los secuestros, los asaltos, las víctimas?
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