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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Lo de Elba Esther, decisión de los jueces
  • El amigo-novio y el sentido común…

Su amigo, en realidad fue su novio en la prehistoria de sus historias, le mandó decir que iba a hablar con los respectivos responsables de la justicia.  Con su compañero, también de esos tiempos fuera del poder. Era mucho, dice como quien habla del clima. Era mucho contra ella.

Quien le tomó la llamada, al amigo, aceptó encontrarse y entre todos los temas coloquiales, escuchó la pregunta: ¿Es orden presidencial? El responsable afirmó en contrario, no había recibido ninguna instrucción de Los Pinos.

Entonces el amigo-novio le dijo que revisara, que volviera a revisar, que se echara un clavado a fondo en el expediente porque ya iba en su contra. Del responsable. De los temas legales que nos rigen.

Y después lo volvió a ver.  Supongo que el encuentro fue igual de grato, porque grato es convivir con este personaje de la mítica política mexicana, amigo de todos, enemigo mortal de varios.

Y después de después, Elba Esther se va a su casa. A una casa donde debió irse hace mucho tiempo por temas legales como son su salud y su edad.

Las razones son, definitivo, legales. Pueden ser personales. No lo son políticas. Simplemente le correspondía, hace muchos meses, irse a su casa a esperar ser sentenciada. Lo que puede ser en cualquiera sentido: culpable, pero también inocente. O sea, en términos constitucionales La maestra, moleste a quien moleste esta verdad, es inocente hasta que el juez correspondiente dictamine en contrario.

Lo grave, de tanto grave en el expediente en su contra, es que ha estado alrededor de cuatro años en la cárcel esperando esta “sentencia”.

Para muchos lo grave, grave es que la hayan detenido por razones políticas.  Lo que va a pesar en el balance del sexenio de Enrique Peña Nieto.

En su momento, Carlos Salinas de Gortari fue por “La Quina”, aquel líder petrolero que pocos recuerdan y que fue, en verdad, poderosísimo en su tiempo. Armas y hasta un muerto, congelado por cierto, le encontraron para llevarlo a la cárcel.  En contraste, a la maestra Gordillo, le encontraron ropa interior de seda, de marca francesa, muy cara por cierto.  Y todo lo demás, la casa en San Diego, su estilo de vida, que teníamos más que repasado a través de los años. Ostentación o no de “riqueza” que el Sindicato que ella encabezó por muchos años le alimentó. Es decir, decisión unilateral de sus agremiados.

Porque Elba Esther no es “narca”, ni asesina, ni extorsionadora, ni ha “blanqueado dinero” de criminales, ni ha incumplido en contratos millonarios de construcción dados a modo… Elba Esther lo que ha sido, toda su vida, es una maestra mexicana metida a fondo en el sindicalismo de su gremio. Que como líder de los maestros ha tenido una posición política enfrentada a lo que ha querido, ha decidido, ha considerado (equivocada o no) pertinente.

Y que lo ha hecho con una fuerza indomable, con un estilo punzante, lapidario para varios gobernantes. Así se comportó con Enrique Peña Nieto, desde la campaña electoral en que no llegaron a un acuerdo en las posiciones políticas que se negociaron.

Lo cierto es que hubo un inmenso pleito.  De razones políticas.

Lo infinitamente cierto es que Elba Esther cambió un vuelo hacia Guadalajara por una llamada de Luis Videgaray, que también estaba haciendo como “consejero político” de Peña cuando ya era titular de Hacienda, que la puso en manos de la Policía que, además de humillarla, la llevó a la cárcel por motivos para muchos enterados irrisorios.

Vino, después, la lapidación pública. Con la fuerza del inicio de sexenio. Vinieron las traiciones. Fuera, en el ámbito de la Secretaría de Educación Pública, vinieron los fracasos y, en las calles, vinieron las confrontaciones con los maestros disidentes.  A lo que siguió, como constancia de la incapacidad del Gobierno, las eternas “mesas de negociación”. Lo que no llegó nunca fue el olvido.  El pendiente inmenso que fue tener a la maestra Gordillo en la cárcel.

Mi amigo, su amigo-novio, estará festejando con un puro, con una botella de vino tinto muy cara como suele beber, esto del sentido más olvidado de los sentidos: El sentido común, de lo que tuvo un ataque el juez correspondiente…
En Twitter: @isabelarvide

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