imagotipo

Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Las lecciones de la madre de todas las elecciones
  • Amenaza la ingobernabilidad en Veracruz…

La paz social está sustentada en la “institucionalidad” de los protagonistas de la vida pública.

Principio de nuestro sistema político mexicano que, aparentemente, se rompió en las pasadas elecciones. Lo que ha resultado de la extrema competencia que vivimos es un caos que no tiene reglas para su control y/o atemperamiento.

En los hechos, no hay reglas legales que obliguen a los gobernadores vigentes y sus sucesores a comportarse con la mínima civilidad. Y por tanto, hacen lo que quieren hacer. Unos son amables con quienes han amenazado con destruirlos, otros incendian cualquier opción de diálogo.

Quienes son oposición, panistas y/o perredistas, pueden pasarse por el arco del triunfo recomendaciones del titular de Gobernación, si es que éste las ha hecho.

Lo que puede llevarnos a situaciones de ingobernabilidad.

Veracruz es un ejemplo, nefasto, de esto.

Por razones que millones de mexicanos desconocemos, la federación, o si se prefiere el Estado Mexicano, todavía mejor el mismo Presidente de la República, han demostrado una infinita tolerancia con el todavía gobernador Javier Duarte. Que tiene, culpable o inocente, infinidad de señalamientos públicos en su contra. Y otras tantas acusaciones por la vía penal.

No nos corresponde, no existen elementos suficientes, dictaminar si Duarte utilizó para su beneficio personal millones de pesos de la deuda pública que se realizó durante su mandato. Lo cierto es que ésta, la deuda pública, es inconmensurable. Lo cierto, es que el Gobierno de Duarte le debe hasta a los jubilados.

Algo no cuadra en las cuentas. Como tampoco podemos imaginar que su gobierno ha sido de excelencia en materia de seguridad, cuando hay veinte periodistas asesinados. Cuando los cadáveres aparecen con inmensa frecuencia. Cuando hablamos de secuestros y desapariciones forzadas como sucedió en Tierra Blanca.

Para citar algunos temas tratados con gran frecuencia en los medios de comunicación.

Duarte parece haber perdido todo sentido de la ubicación, por lo que se ha dedicado a la ofensa contra quien ya es su sucesor. Frente a lo cual la autoridad federal se ha atrincherado en la omisión. Si hay presunción de delitos que amerite una acción legal, tendría que hacerse ya. Como una expresión de la autoridad federal.

Miguel Ángel Yunes dijo, como candidato, que metería a la cárcel a Javier Duarte. Y lo ha vuelto a repetir como ganador de la elección, ya virtualmente como su sucesor.

Quienes conocemos a Yunes sabemos que va a cumplirlo. Y que encontrará razones y formas para emprender una persecución legal en su contra desde el inicio de su Gobierno.

La pregunta, es cómo va a darse el proceso de sucesión gubernamental en esas condiciones…

Situación inédita.

La forma en política es fondo. Y tal vez habría que haber enfriado el intercambio de insultos entre ambos protagonistas. Lo cierto es que no hay cómo hacerlo, no existen marcos legales al respecto. Lo que debe cambiarse.

La alternancia en el poder es algo relativamente nuevo para nuestro país. Sin embargo, el presidente Peña Nieto fue infinitamente amable con su antecesor, perteneciente a otro partido. Fue por voluntad propia.

¿Qué vamos a hacer frente a situaciones que implican esta violencia política? Porque es obvio que tanto los gobernadores salientes como entrantes tienen grupos políticos, y que los candidatos priístas que perdieron la elección a su vez tienen la aceptación popular de grandes sectores sociales.

¿Podemos vivir a sabiendas de que todos son ladrones, perversos, malvados, monstruos? La ofensa personal, el agravio utilizado con fines electorales no ayuda en lo absoluto a la convivencia social.

Hay un después. Hay un día siguiente para todos. Y alguien tendría que pensar que la puerta debe cerrarse y no habrá quién la cierre si seguimos a este paso…

En Twitter: @isabelarvide            Blog: EstadoMayor.mx