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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

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  • El horror de la Barrales

Confundir la gimnasia con la magnesia es grave. Dos veces grave si se hace en política porque la moral no es un árbol que da moras.

Alejandra Barrales fue un sobrecargo que, por razones extrañas, se convirtió en líder sindical y a partir de ahí encontró su “nicho” en el poder político mexicano.

Más o menos difusa, gris incluso, su imagen se dio a conocer con el escándalo de fotografías en ropa interior para un calendario, ya cerca de los cuarentas y el tiempo ingrato para ese tipo de
exhibiciones.

Fanática del ejercicio, tímida para el vestuario siempre en negros, llegó a la dirigencia del PRD apoyada por sus relaciones personales. Las que se quieran, o no se quieran ponderar.

Y todo ha sido un desastre con ese liderazgo. Oportunidad desperdiciada para la mujer política.

Pero ningún estropicio tan grande como la magnificación, supongo que interesada, del departamento que “compró” en Miami.  Desastre que se va enfangando al paso de cada hora y de cada declaración suya.

Departamento que cuesta veinte millones de pesos en números redondos. Y que con dos recamaras, vaya que es caro el espacio, el metro cuadrado en la zona donde está ubicado, le cuesta, además, aproximadamente cincuenta mil pesos mensuales de mantenimiento e impuestos.

La señora no vive en Miami. Tal vez, si le creyésemos, ni siquiera piensa ir de vacaciones tan cerca a los grandes millonarios mexicanos, al mismo departamento de la señora que suele darle consejos al Presidente Peña Nieto. Nos ha contado, a millones de mexicanos, con gran destiempo que lo piensa utilizar para “rentarlo” y que así se termine de pagar, los poquitos 300 mil dólares que debe.

¡De pena ajena su desubicación!

Como si este razonamiento pudiese borrar todo lo anterior. Lo verdaderamente importante en la compra. Dice la señorita Barrales que todo salió de su cuenta de ahorros… Dan ganas de gritar con tanto cinismo.  ¿Cuenta de ahorros cuando tiene una casa de trece millones de pesos, y un departamento en Acapulco quién sabe si para ir de fin de semana y un terreno? ¿Cómo le hizo para ahorrar?

¿La señora ha sido empresaria?  Porque si lo fue tiene obligación de compartir las formas con qué ganó ese dinero. ¿Empresaria al mismo tiempo que legisladora?  Porque entonces hay un problema en cómo y por qué le pagamos su sueldo… ¿Empresaria al mismo tiempo que funcionaria pública?  Otra vez el conflicto de intereses, lo que la señorita Barrales se niega a ver.

¿Hizo pública la propiedad de este departamento? No, no lo hizo. Aunque afirma, ya al día siguiente del escándalo político y la gran divulgación mediática, que sí lo “avisó” al Senado de la República. ¿Esto equivale a cumplir con la ley?  O sea, en lo oscurito, que nadie se entere…

Entonces, hay que preguntar, qué sentido tiene la declaración 3 de 3 que ella, voluntariamente, hizo. Y también hizo pública. O medio pública, porque ahí no decía nada de su departamentito.

Imposible tapar el sol con un dedo.

Imposible cerrar los ojos ante una actuación fuera de toda moral. Porque eso es lo importante a final de cuentas, el tema de la moral de izquierda, que el partido que encabeza dice ser la bandera de la izquierda mexicana.

O sea, para irnos entendiendo, que la izquierda liderada por la señorita Alejandra Barrales resultó más inmoral, más hábil para la lana, más aparentemente corrupta que cualquier partido de extrema derecha.

Los señores empresarios, los que tienen y hacen lana como meta vital, son infinitamente más honestos porque no ocultan sus intereses. Comprar un departamento en Miami, de lujo, no guarda relación con los principios públicos del PRD. Hacerlo descalifica absolutamente a la señorita Barrales.

Pero eso parece no entenderlo. En su defensa, patas arriba, desesperada, lo que ha hecho es buscar “justificantes” que no hacen sino hundirla más. Y hacer, todavía, más daño a las mujeres que buscan un espacio en el servicio público y en la política. ¿De sus ahorros?  ¿Cómo puede ahorrar esa cantidad de dinero una funcionaria pública, una legisladora, que además se compró una residencia que tiene que costarle más de cien mil pesos al mes en luz, con los aumentos, personal, mantenimiento y demás? Eso sin contar los gastos del departamento en Acapulco.

El tema, con todos sus asegunes, no es sino moral. Y no hablamos de un árbol que da moras…

En Twitter: @isabelarvide

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