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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • La cuenta de los muertos
  • La tragedia de Tamaulipas

La gente dice que no hacen bien las cuentas.

Lo cierto es que de la noche a la mañana las cifras oficiales aumentan.  Que los papeles se llenan de muertos que no tienen nombre, o que no pueden tenerlo por razones políticas, por la necedad de negar una guerra.

En Reynosa, en Tamaulipas, la devastación es peor que si estuviésemos frente a un campo de batalla.  Una realidad que ni siquiera los medios de comunicación quieren ver.

Muertos durante la semana pasada, oficialmente: Veinte.

¿Eran jóvenes, eran viejos, mujeres embarazadas?  No lo vamos a saber.  Son “bajas”, son consecuencia -nos dicen- de enfrentamientos entre bandas criminales.  Son, nos niegan, mexicanos.  Que se convirtieron en mexicanos de ínfima sin esperanza.

El “Código Rojo” en Reynosa es una manifestación social, de civiles, para intentar protegerse de las balaceras. A veces, muchas más de las que quisiéramos siquiera imaginar, balaceras iniciadas por las fuerzas armadas.  Ahí a cualquiera le disparan.  Por error, porque sí, porque iban pasando, porque dicen que eran “malandros”, porque estaban en medio de una batalla.

Una realidad, hay que insistir, que ninguno quiere ver.  Que no ha merecido el rechazo social más grande.

Los tamaulipecos no pueden salir de sus casas.  No pueden hacer su vida rutinaria.  No están amparados por las leyes que emanan de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.  Simplemente: No hay libertad de paso.

Ahí están los criminales.  Con los apodos, con la fuerza criminal que se quiera asignarles, con las armas que se quiera constatar.  Ahí están los criminales.  Pero también ahí están las autoridades.

¿Por qué las autoridades locales, las estatales, las federales incluyendo a la Semar y la Sedena no han controlado la situación?

Porque es una guerra que se juega a medias.  Que no se quiere aceptar.  Que no se combate como tal.

¿Imposible poner orden, regresar la paz social a Tamaulipas?  Imposible encontrar la suficiente decisión política para hacerlo.

Los ciudadanos de Reynosa están acostumbrados a la violencia, más que en otras partes del país, pero la que viven en estos días es, todavía, peor.  Hay más peligro, hay más muertos, sobre todo hay una mayor incapacidad de la autoridad.  En Tamaulipas el Estado Mexicano es omiso, es fallido.

Lo que dicen sus redes sociales, sus mensajes de auxilio, es la libre, libérrima presencia criminal.  Que se pasea por sus calles con sus camionetas blindadas, con sus armas, con sus disparos. Que cierra el tránsito en avenidas, que incendia comercios, que desgracia a familias.  Ahí están, a la vista de todos, los criminales.  ¿Y los soldados, y los marinos, y los policías federales dónde están?  ¿Por qué no salen a esas calles a detenerlos?

La desesperación social es tan grande que comienzan a hablar de licitud otorgada por las autoridades a los criminales.  La omisión de estos, de quienes portan uniforme y deben proteger a la gente, es así de inmensa.

¿Por qué no se puede volver al Estado de Derecho, a la paz social en Tamaulipas?

¿Y el gobernador, el panista Cabeza de Vaca, en qué lado de la realidad está? ¿Por qué la Secretaría de Gobernación le permite que sea tan inútil en el ejercicio de proteger a la ciudadanía?  Lo que es, ha sido siempre, su obligación.

El aviso permanente, gritado a los cuatro vientos, que se repite en las redes personales, en los teléfonos celulares, que se pasa de voz en voz, es que ninguno vaya a Reynosa.  La pregunta es qué hacemos, como país, como Estado, como gobierno, como sociedad, con los que viven ahí.

Si en una parte del país hay violencia impune, nada garantiza que mañana eso no suceda en el resto del país… mientras no salen las cuentas de los muertos… ¿Cuántos de los más de 79 mil que ha habido en este sexenio pudieron haberse evitado con la voluntad del gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto?  Y si no es de voluntad, de qué…
En Twitter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx

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