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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Cuántas muertes pueden llevar en su conciencia?
  • La negativa de las autoridades  a dar protección a Miriam

Una y otra vez acudió a las instancias correspondientes.

Su petición era simple: Protección.

Lo que el gobierno federal, así como el de Tamaulipas, le negaron.

Protección contra los asesinos de su hija que ella misma había encarcelado, protección contra la omisión permanente de las autoridades, protección de cara a criminales identificados.

El Estado Mexicano tiene obligación de proteger la integridad física de los mexicanos. Es su primera responsabilidad.

Esto, justo, es lo que no sucede. Y lo que, todavía, menos puede suceder en Tamaulipas cuando, lo atestiguamos hace años, quienes mandan en esa parte del país son criminales de distintas facciones.

Miriam Rodríguez Martínez era una mujer de 50 años. Con una familia. Esposo e hijos. Comerciante. Una mujer sin ninguna preparación en el ámbito legal, sin conocimientos del mundo criminal y/o de investigación.

Hasta que secuestraron a su hija. Y esta desgracia sin límite la transformó. Fue ella, sin apoyo oficial, quien encontró su cadáver en una fosa común. Fue ella quien, literalmente, detuvo a los secuestradores, a los asesinos. Fue ella su víctima, la noche de la festividad del Día de las Madres, a la puerta de su casa.

Miriam tocó todas las puertas.

¿Por qué necesitaba protección? La respuesta es muy simple: Para que no la mataran.

Ella, como muchas activistas, estaba sentenciada por los criminales a los que exhibió, detuvo. Estaba sentenciada a muerte porque había roto el círculo perfecto de impunidad en el que participan las autoridades locales y federales.

¿Cuántos secuestradores, cuántos asesinos han sido atrapados, juzgados, sentenciados, encarcelados?

Uno de los secuestradores de su hija, a quien ella literalmente encarceló, había escapado… ¿Habría manera de imaginar un escenario más negativo, peor para Miriam?

Ella decía que estaba segura que la iban a matar. Lo que se pudo haber evitado. Si el gobierno, si Roberto Campa hubiesen tenido voluntad para hacerlo.

Porque es la Subsecretaría de Gobernación la instancia que no respondió su pedido de protección. Como tampoco hicieron el procurador, el mismo gobernador de Tamaulipas.

Pocos casos justificaban la comisión de una escolta, la presencia de policías a su lado. Que, además de la protección física, envían el mensaje definitivo de que la autoridad federal, el gobierno, el mismo Estado Mexicano tiene interés de que a esa persona no le pase nada. Que siga viva.

No lo hicieron. No la escucharon. Ahora, como era de esperarse, Miriam Rodríguez está muerta.

Y uno tiene que preguntarse, mientras viven rodeados de guardias de seguridad, de vehículos blindados, de policías y militares, cuántas muertes pueden llevar en su conciencia… Todos, del gobernador a Roberto Campa, a la misma instancia de la CNDH, todos los que no cumplieron con su trabajo, con su responsabilidad.

Como Miriam hay muchas mujeres que escarban la tierra buscando los restos humanos de sus hijos, que hacen todo lo que está en sus manos para que los culpables de sus muertes sean castigados. Como Miriam muchas madres, muchas mujeres mexicanas no tienen protección del Estado Mexicano y terminarán asesinadas por la inmensa omisión oficial.

¿Hasta cuándo?…

En Twitter: @isabelarvide
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