imagotipo

Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • La llegada del FBI
  • Y con los asesinatos de periodistas, ¿a quién pedimos ayuda?

El joven, recién nombrado, Fiscal de Delitos contra la Libertad de Expresión, pidió ayuda al FBI para “investigar” el presunto espionaje telefónico que no existe.

Porque esto, que no existe, es lo que han dicho las autoridades desde el mismo Presidente de la República.

A partir de esta incoherencia, que contradice a su jefe, investigar lo inexistente, todo lo demás es de chiste.

Veamos la llegada del FBI. ¿Vendrán armados? ¿Serán cien, doscientos agentes o dos? Estos agentes, expertos obviamente, irán a “preguntar” a la Sedena, al Cisen, a la Semar, a la misma PGR que pidió su ayuda, si ellos fueron los que espiaron a periodistas…

El punto de partida, lo dicen los otros expertos que hicieron el estudio, de este espionaje, con Pegasus, es que no hay manera de probarlo. Por eso es un software tan caro.

Suena a burla.

El señor Fiscal Ricardo Sánchez también habló sobre que, en esta investigación sobre espionaje con la participación del FBI, se preguntará a las empresas que venden software de espionaje a qué gobiernos estatales se los han vendido… Así dijo. O sea, en pocas palabras, que la PGR no tiene capacidad para preguntarle a la Auditoría Superior de la Nación, a la Secretaría de Gobernación, a cualquier institución de la República, quiénes compraron, por millones de dólares, aparatos de espionaje.

O sea que se puede hacer, que cualquier gobernador puede hacerlo sin rendir cuentas a nadie, sin poner en el papel el concepto presupuestario, sin dejar huella.

La gran hazaña de la PGR, del señor Fiscal Sánchez Pérez, así se apellida, será la investigación con el FBI, para la cual, además, habrán de pedir sus teléfonos celulares a quienes se “dicen” espiados.

Anuncio de investigación que se dio, para mala suerte del jovencito, mientras se identificaban los restos del periodista de Michoacán, secuestrado hace más de un mes, Salvador Adame. Cuya muerte se convierte en la número 7 de este año.

Es decir, que es el séptimo periodista asesinado.

Y no tenemos, el país, el Gobierno de la República, la sociedad, a uno solo de los asesinos en la cárcel. Lo que no puede traducirse sino como la más completa incapacidad de las instituciones.

Hay asesinatos porque hay impunidad para los asesinos. Porque los asesinos tienen complicidad con las policías locales y federales. Porque no hay investigaciones serias para encontrar a los culpables.

¿Cuántos periodistas asesinados harán prender el “foco rojo” del tablero de la realidad oficial?

¿Por qué espían a periodistas? ¿Por qué matan a periodistas? ¿Por qué buscan amedrentar a periodistas, incluso a Joaquín López Dóriga cuya oficina fue “asaltada” sin robo alguno este lunes?

El espionaje telefónico, a celulares, ya lo dijo el presidente Peña Nieto es algo que le sucede a cualquier mexicano. Es algo infinitamente común que no tiene importancia porque, también lo dijo así, no se ha cambiado la vida de los presuntamente “espiados”.

Es decir, no se ha afectado su desarrollo profesional, no se les ha silenciado o hecho cambiar su línea editorial.

Lo que se busca, quién sabe quién, eso lo averiguará el FBI seguro, es intimidar, molestar, meterse en tu vida privada, penetrar tu intimidad para hacerte sentir vulnerable. Como hicieron al entrar a la oficina de López Dóriga. Son mensajes.

Es una de las pinzas de la realidad. La otra es el asesinato. Así, por un lado, se insiste en el amedrentamiento y por el otro se les silencia con la muerte. Asesinatos que tienen garantizada impunidad.

La pregunta, seria, grave, es a quién conviene esta forma de tratar a los periodistas. Quién o quiénes salen ganando. De quién o quiénes pueden ser enemigos periodistas con líneas editoriales absolutamente distintas.

Se trata del país, de lo que somos como sociedad, pero eso, seguro, no va a venir a decirlo el FBI…
@isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx Blog: CambioQRR.com