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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • La cultura de la “Cero Tolerancia”
  • La mamá de Roberto Gil…

José Luis Santiago Vasconcelos, toda su vida persiguiendo delincuentes, afirmaba que la única manera de ganarle al crimen organizado era instituir una cultura de “Cero Tolerancia”.

Que debíamos destruir esa concupiscencia consentida, siempre a sabiendas, con los asesinos. Y demás rufianes.

Destruir un modo de vida que hace diez, quince años ya estaba arraigado en muchas partes del país.  En Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas… por citar algunos lugares.  Ahí era un “lujo”, una bendición venderle, rentarle, incluso asociarse con los narcotraficantes.  A sabiendas, insisto.

Por eso me resulta tan entrañable, tantos recuerdos de mi amigo muerto en el avionazo de Reforma, leer la anécdota que el senador Roberto Gil cuenta a la periodista Bibiana Belsasso, donde su madre le prohibió de pequeño “juntarse” con los vecinos que hacían ostentación de dinero y criminalidad.

“Detrás de la casa donde vivíamos, uno de los mayores narcotraficantes, líder del Cártel de Ciudad Juárez, hizo una casa enorme, tenía animales exóticos, hacían unas fiestas increíbles para los niños. Mi madre no me dejaba jugar con el hijo de esta persona, no sabía la razón, pero no me daba permiso… subí a la azotea a espiar la fiesta infantil… y estábamos alucinados viendo los juegos, había un oso.  Uno de los pistoleros que cuidaba la casa de esta persona, se nos acercó y nos dijo: Por qué no se bajan a la fiesta, métanse.  Mi mamá oyó y le respondió: No les dirija la palabra a mis hijos.  Con mucho valor lo confrontó…”

Esto, obviamente, en Ciudad Juárez donde la familia vivía por las oportunidades de trabajo para el padre.

Da igual si era Rafael Aguilar Guajardo o cualquier otro.  Lo cierto es que llevamos años en que poblaciones pequeñas, algunas ciudades, están totalmente en manos de los criminales que están más que bien aceptados en la sociedad.

Cuando empecemos a pintar una raya entre los buenos y los malos, estoy cierta, como decía Vasconcelos todo habrá cambiado.

Este fin de semana tuvimos manifestaciones en favor de maestros que están fuera de la Ley, no quieren dar clases y han vivido del erario. De pronto, se volvió muy “políticamente correcto” salir a gritar a su favor.  Olvidando su violencia.

Porque una cosa, que hay que sustentar a todo costo, es estar contra una fuerza del Estado, una policía que mata a civiles, y otra muy distinta defender a delincuentes.

Hay que ponerles el saco, y también el letrero de criminales.  Y entonces quienes se junten con ellos serán, en automático, también criminales.

Regresando con Roberto Gil, gracias a esta entrevista me enteré que nació en Chiapas y que su padre era anestesiólogo… una profesión que tiene que haber cimbrado la niñez Gil

Los niños que crecen, que crecimos, con un padre anestesista aprendemos cosas muy distintas.  Por ejemplo, que el teléfono suena a cualquier hora y debes volver a dormirte.  Que las fiestas familiares, las vacaciones, todo se organiza alrededor de las “operaciones”.  Que el dinero que entra a la casa tiene que ver con la cantidad de trabajo que tenga tu padre, incluso sin dormir.

Aprenden, aprendemos, que los hombres, nuestros padres, que tienen tanto contacto con la vida y la muerte, que vienen a casa de estar revisando cada instante los signos vitales de un niño o una persona enferma, literalmente entre la vida y la muerte, se convierten en seres luminosos y amorosos que aprecian el milagro de estar vivos.

Y por lo tanto no olvidan quererte, abrazarte mucho, estar contigo en esos ratos libres.  También aprendemos que las madres dicen, siempre, que dejes dormir a tu padre, de tarde o de mañana,  porque viene de trabajar.

Por las noches, en Villahermosa de cincuenta mil habitantes, me gustaba acompañar a mi padre a “premedicar” a sus pacientes que anestesiaría al día siguiente.  Era un paseo personal, de los dos, que sigo recordando a más de 50 años.  Mi padre, como el de Roberto Gil, también se fue a vivir una temporada a Ciudad Juárez porque había “oportunidades” …  Y se regresó cuando llegaron las muertes a sus calles.

Hoy los médicos, como nuestros padres, salen a protestar en las calles.  Y los narcos, los jefes criminales siguen haciendo fiestas fastuosas.  Lo único importante es que uno, o la madre de uno como en el caso de Roberto Gil, decidió no cruzar esa línea. Cuesta.  Vale.

 

En Tuiter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx