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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Las ventajas de la edad
  • El movimiento a favor del doctor Narro

El impacto, nacional, en todos los ámbitos nacionales, que provocó el asesinato de Luis Donaldo Colosio fue brutal. Paralizó a muchos. Y, también, dio origen a un movimiento excepcional que, en más de 41 años de carrera periodística, me sigue pareciendo impar.

Fue tan natural, tan espontaneo, tan al unísono en sectores distintos que parecía, justamente, una vuelta al orden conocido. Gobernadores, senadores, diputados, columnistas políticos, comenzaron a hablarse entre sí diciendo que Fernando Ortiz Arana debía, tenía que ser el candidato sustituto.

Esas manifestaciones, igual privadas que públicas, que adjuntaban razones de todo tipo, sobre todo políticas-partidarias llegaron a conocimiento de Fernando, entonces presidente del CEN del PRI.

Su imagen, montado sobre el techo de un automóvil estacionado, intentando calmar a los “intencionados” manifestantes a las afueras de la agencia funeraria Gayosso imperaba sobre cualquier otro razonamiento.

Fue, en verdad, lo recuerdo, lo viví un momento político muy especial. De manifestación de los hombres de poder a favor de otro.

Supongo que esto no debe haber sido del agrado del entonces Presidente Carlos Salinas de Gortari que se debatía, vaya que se equivocó, entre las pocas opciones que tenía en su mano para sustituir a Colosio, que intentaba que el Congreso cambiase leyes con dedicatoria para que pudiese ser Pedro Aspe…

Fernando se mantenía tranquilo. No impulsó en lo absoluto este movimiento político a su favor. Me consta.

Después, cuando Salinas de Gortari lo llamó a Los Pinos para pedirle que anunciara, en la sede del PRI que ya había candidato y que sería Ernesto Zedillo, Fernando tomó una decisión que cambió la historia de este país al optar por la institucionalidad y acatar la decisión presidencial, en lugar de destaparse con todo el apoyo político nacional.

Esta historia, parte de nuestro destino como nación, se convierte en un recuerdo presente por lo que está sucediendo con el doctor José Narro.

No hay mesa de políticos, no hay conversación con priistas de poder, incluso algún excandidato presidencial, no hay reunión de analistas políticos, no hay comidas con pasarela política, donde no salga a relucir el nombre de Narro como el ÚNICO que puede recuperar al PRI de su vertiginosa caída. Que puede dar una batalla fuerte en la próxima elección presidencial.

Gente que piensa muy diferente, que viene de formación política distinta, jóvenes, mayores, mujeres, hay una coincidencia asombrosa en la referencia a Narro.

Esto, de por sí, es insólito porque no se trata de un grupo político, sino de una tendencia generalizada.

¿Por qué? Las razones parecen sobrar. La primera que escuchas es que es un hombre honesto, que no tiene una cauda negativa de corrupción. A continuación, ponderan su edad. Y eso me parece doblemente positivo, porque la edad tendría que ser una ventaja, si fuésemos una sociedad civilizada. Edad madura frente a los estropicios horrendos que han hecho los políticos jóvenes encumbrados en este sexenio, varios de ellos con acusaciones penales en contra.

¿Es José Narro, un médico, un hombre académico, un negociador nato, la salvación del PRI? Eso es lo que se dice en todos los ámbitos políticos del país.

Tal vez el PRI, si es que creemos que la capacidad electora del Presidente Peña va a estar acotada en verdad, deba escuchar a estas voces.

Cuando hubo un movimiento así, fuerte, de verdad, a favor de Fernando Ortiz Arana, no escucharon. Y luego lamentaron, lamentamos millones de mexicanos el error en la elección del candidato.

Para algunos existe algo, en esta suma de adhesiones hacía Narro, parecido a la “sabiduría popular”.

Lo cierto es que el PRI va muy abajo en las preferencias electorales, y si se equivocan en la “designación” de candidato, si pretenden imponer a alguien que sea percibido como corrupto o ineficiente o tecnócrata y soberbio, no van a poder siquiera competir.

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