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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • ¿Por qué dieron impunidad a Karime Macías de Duarte?
  • ¿Con quiénes pactó vivir cómodamente en el extranjero?

Llevamos muchos días inmersos en el tema de Javier Duarte, haciendo a un lado la evidencia terrible de la responsabilidad penal de su todavía esposa, Karime Macías. Para muchos, como consta en declaraciones ministeriales, “la mano que mecía la cuna de la corrupción” en Veracruz.

Ahora que ella ha anunciado que va a divorciarse, y que parece que va a conseguir quedarse con el dinero, viviendo cómodamente en el extranjero, gozando de impunidad, vale la pena compartir un fragmento de mi próximo libro Karime, administrar la abundancia, en coautoría con Claudia Guerrero, de Editorial Planeta, a punto de estar en librerías:

Karime Macías escribía en sus diarios, esos que “sospechosamente” encontraron en una bodega, sobre sus casas.

Tenía muchas casas. Y obvio, muchos pendientes. Ahí ponía, con todo detalle, lo que debía llevar a cada una de ellas. La ropa de cama, la sirvienta en turno… todo lo necesario.

A todas esas casas quería irse a vivir al terminar el gobierno de Duarte.

Tal vez la residencia más cercana a su corazón era el rancho de Valle de Bravo, “Las Mesas”, valorado en 223 millones de pesos. Ahí estaban sus caballos, algunos con valor superior a los 5 millones de pesos. En especial dos caballos, de la colección que tenía la señora Duarte en dicho rancho, eran valiosos: Apollo G y Beyahcinthye, por los dos se pagaron 600 mil dólares. Y estuvieron registrados a nombre de Karime en la Federación Ecuestre Mexicana.

Mientras se construía el rancho “Las Mesas”, la señora enseñaba a montar a caballo a sus hijos en otro rancho en Coatepec, Veracruz.

A Karime, no olvidar, le gustaba enormidades, montar a caballo. Disciplina que, según los especialistas, “ayuda a superar los miedos, mejora el autocontrol… además de tonificar los glúteos”.

Por eso el rancho “Las Mesas”, de 922 mil metros cuadrados de extensión, fue diseñado a su gusto. A su gusto por los caballos, a los que casi lleva a su recámara. El arquitecto Manuel Cervantes Céspedes, que lo construyó, recibió un premio por la Architectural League, en Nueva York, por lograr que una casa, de lujo, estuviese casi en el establo.

Es decir, donde “vivían” los lujosos caballos de Karime. Los equinos por los que pagó de cinco millones de pesos para arriba.

El rancho, contó a sus colegas con orgullo el arquitecto Cervantes, es una casa entre un lienzo y las caballerizas y el cortijo. Sin amueblar, costó 223 millones de pesos. ¿Cuántas casas llegó a tener Karime? Propiedades en Madrid, en Miami, en Arizona, más lo que aparezca… ninguna tan cercana a su corazón como “Las Mesas”.

Además de las caballerizas, el rancho tiene una cocina moderna, grandes habitaciones y todas las comodidades a imaginar. Todo lo que el dinero, y el buen gusto del arquitecto Cervantes Céspedes, incorporó al proyecto residencial. Obvio decir que, además de este rancho, dicho arquitecto trabajó otros proyectos del gobierno de Javier Duarte.

Karime ya había huido con su esposo-socio cuando fueron publicadas fotografías, a finales de noviembre de 2016, en las que se observa la extrema desnutrición de dos de sus caballos favoritos. Abandonados en el rancho, una vez que fue intervenido por la PGR.

Como otras de sus propiedades, el rancho “Las Mesas” no estaba a su nombre. A tercios pertenece, o pertenecía porque lo “entregaron” al gobierno de Veracruz, a Rafael Gerardo Rosas Bocardo, Juan José Janeiro Rodríguez y Moisés Mansur Cysneiros.

Este último, amigo íntimo, socio, cómplice, cercanísimo a la señora desde que compartieron departamento en la Ciudad de México, Javier, ella y él, cuando estudiaban en la Universidad Iberoamericana hace más de veinte años, declaraba a finales de octubre del 2016, desde Canadá, la más íntima intimidad de los negocios que compartieron… a cambio de impunidad.

Y, obviamente, entregó su “parte” del rancho “Las Mesas”…

Se trata del mismo personaje que le entregó una tarjeta “American Express” para sus “compras”, del responsable de pedir el “moche” por cada obra que ordenaba el gobierno, y, sí, también del tipo que puso su testamento a nombre del gobernador hoy prófugo.
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