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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Frases desafortunadas
  • La ley no tiene tiempos…

La comparación que han hecho, con toda la mala leche a imaginar, sobre las frases oficiales que hemos oído en estos días, y aquellas del presidente Gustavo Díaz Ordaz frente al conflicto de los estudiantes en 1968 es una de las estrategias más eficientes para descalificar al Gobierno. El espacio para ello viene, justamente, del Gobierno.

Cuando las crisis parecen estallar en todo el país, no solamente por el conflicto con los maestros, habría que cuidar en extremo el lenguaje. Todos están, como pocas veces, pendientes de las definiciones oficiales. Que parece, esto es lo grave, que no llegan. Por lo tanto, los discursos ocupan todos los espacios.

En ese sentido hemos ido de las expresiones presidenciales contra la posible “negociación” de las reformas educativas, hasta el amenazante “se acaba el tiempo” del secretario Osorio Chong.

Si las leyes no se negocian, afirmación de Peña Nieto, los tiempos para hacerlas cumplir no pueden estar sobre una mesa de “diálogo” que, además, tampoco dio ningún resultado.

A un asesino no se le otorgan tiempos para detenerlo. ¿Por qué habrían de existir frente a grupos que están, todo el tiempo, violando las leyes federales que garantizan la libre circulación sobre territorio nacional?

El tiempo para desbloquear las carreteras era inmediato. Era en automático. Era, exactamente, cuando se bloquearon.

Sin muertos, obvio. Porque el conflicto que parece haber atado las manos del Gobierno, surge a partir de los muertos de Nochixtlán. Que fueron aprovechados, propagandísticamente, con una excelencia extrema por los maestros y, también, por grupos radicales que se han montado en su movimiento. Incluso por el mismo López Obrador.

Todos parecen dispuestos a “defender” a los maestros
sin que sepamos, millones de mexicanos, de qué deben ser defendidos. ¿Quiénes los amenazan?

El fondo del conflicto ha quedado sepultado por inmensas omisiones, torpes, del Gobierno federal. Como no dar a conocer los resultados de la investigación de los enfrentamientos armados o, en su caso, la alta letalidad de la Policía disparando contra civiles en Nochixtlán. Si hubiese ya responsables, si se hubiesen esclarecido los hechos, sería más simple dar el primer paso para establecer castigos. Seguimos sin saber quién dio la orden de disparar
¿cómo confiar en esa Policía que dispara sin control?

¿Quiénes estaban con los maestros la mañana del domingo hace quince días? ¿Civiles o guerrilleros? ¿Quiénes fueron los dos mil que atacaron a la Policía Federal, en forma de emboscada además, esa mañana según declaró Enrique Galindo? Estas son las preguntas que urge responder, porque ante la falta de respuesta surgen otras.

¿El Gobierno está dando tiempos a los maestros porque los policías cuando desalojen van a matarlos? ¿Cuál es el sentido de expresar que han perdido paciencia? ¿Por qué se nos ha saturado con información sobre los graves problemas en Oaxaca para cientos de miles de personas debido a este bloqueo? La conclusión a la que llegan millones de mexicanos, ante esto, es que si los problemas son tan graves, la omisión del Gobierno para resolver los bloqueos es todavía más grave.

¿Establecer puentes aéreos para llevar alimentos a comunidades rurales de Oaxaca, incomunicadas por los bloqueos de los maestros, es una alternativa viable, legal y políticamente correcta?

Ya hay tres muertos, militares, por esta decisión oficial debido a la caída de un helicóptero.

¿Qué busca el Gobierno? Porque si intenta suavizar o concientizar a los maestros disidentes de la CNTE, creo que no los conoce.

¿Y los guerrilleros? ¿Y los grupos radicales que supuestamente están infiltrados en su protesta absolutamente ilegal? ¿Qué se va a hacer al respecto?

Volvamos al tema de los tiempos. ¿Qué ganó el secretario Osorio Chong aseverando que ya no hay tiempo? Además de sumar protestas en el extranjero donde, dada la mala imagen que tenemos, es fácil confundir a los maestros con víctimas. ¿Cuándo va a llegar el tiempo de la aplicación de la Ley pospuesta por razones que escapan a la compresión de grandes sectores sociales?

Si a eso le sumamos el dilema de aplicar la ley sin matar a inocentes…

La imagen de Díaz Ordaz hablando antes del Dos de Octubre del 68 es lo más triste que podemos atestiguar, es, también, una etiqueta de inmensas consecuencias que intentan sobreponer sobre un Gobierno que no acaba de encontrar el lenguaje correcto para explicar “sus tiempos”…

En Tuiter: @isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx