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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

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  • Núñez, un gobernador sin sentido común
  • Nombramiento del secretario de Gobierno bajo sospecha criminal

Arturo Núñez Jiménez se “convirtió” al PRD para llegar a ser gobernador de Tabasco, pero nunca dejo de cargar la mochila de vicios priistas correspondiente. A lo que debe agregarse la edad, una supuesta enfermedad, el cansancio, la falta de presupuesto y hasta la necedad permanente de los tabasqueños que le exigen que cumpla con sus promesas de campaña.

Para quienes lo ven con frecuencia, su hartazgo es ya imposible de disimular.  Desde fuera parecería que cada día ha ido declinando decisiones en su esposa, Martha Lilia, poder tan obvio que rebasa los cotilleos sociales.

La inseguridad en esa entidad se ha instalado en una espiral sin límite. Los tabasqueños tienen miedo de ser secuestrados sin importar sus ingresos. El temor a perder la vida y los pocos bienes es una constante. Y, por lo tanto, uno de los reclamos más lacerantes contra el gobernador perredista.

No fue suficiente con enviar a la cárcel a su antecesor, lo que hubiese permitido, dicen los que saben, un inicio limpio, sin intereses, sin corrupción.

En pocas palabras, todo, hasta el tiempo, parece ir en contra de Arturo Núñez.

Lo que no justifica, ni siquiera explica, la decisión de nombrar a Gustavo del Rosario Torres como secretario de Gobierno. Para muchos tabasqueños un nombramiento que equivale al de “gobernador interino” por razones de enfermedad de Núñez.

Del Rosario ha estado relacionado igual con Roberto Madrazo que con Andrés Granier, pero sobre todo se le vincula con la organización criminal “Zetas”. A quienes, presuntamente, habría protegido cuando fue procurador de justicia en el anterior Gobierno.

Cargo que tuvo que abandonar en medio de un escándalo mayúsculo por una denuncia oficial, y la publicitación de una grabación donde todo indicaba que hablaba con criminales sobre la protección a un cargamento de cocaína. Tal como consta en el portal de internet, Reporte Índigo.

¿Fue acusado y exculpado? ¿O, simplemente, no prosperó la acusación como tantas otras por responsabilidad de un aparato de justicia federal omiso e incapaz? Lo cierto, es que ante la mirada de la sociedad tabasqueña del Rosario es, por lo menos, sospechoso de actividades ilícitas.

Por esto, por la grabación, por el escándalo, renunció a la procuraduría de justicia bajo el mandato de Granier.

¿Qué sentido tiene nombrarlo? Y, obvio, atraer tanto ruido, tanta opacidad, tanto sospechosísmo a su Gobierno. ¿Qué gana Núñez con este nombramiento? ¿Quién, o quiénes, qué intereses lo obligaron a traer a del Rosario a su Gobierno con tanto espacio de poder?

Desde cualquier punto de vista es un nombramiento lleno de negativos. Al que, además, no se acompañó con un operativo de comunicación.

Por lo mismo, porque también hubo cambios en la dirección de comunicación social donde los resultados fueron pésimos, se desconoce cuál fue el desenlace del escándalo, de la renuncia, de la acusación contra el nuevo titular de la Secretaría de Gobierno.

Es decir, no se tomaron la molestia de “exculparlo”.

Ahora, en Tabasco, grandes sectores sociales piensan que ante la imposibilidad de combatir la violencia se les entregó un mando político, que eso es la Secretaría de Gobierno, para que desde ahí puedan operar criminales en contra de criminales.

Cuya sola mención, que esto pudiese suceder, es aterrador.

Pero, obviamente, es consecuencia del nombramiento de Gustavo del Rosario Torres con todo su historial a cuestas.

Ante esto circulan dos explicaciones. Igual de siniestras. Una se enfoca a la pérdida del sentido común, y de varias otras facultades, del gobernador por razones de una grave enfermedad. Otra, se refiere a la inmensa influencia de Martha Lilia López, su esposa, que habría impuesto por una especie de “capricho” a Gustavo del Rosario.