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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Como premio por su corrupción en la cárcel de Chetumal, nombraron a Joel Flores Cardoso en Cancún
  • Se le “fugan” diez reos por la puerta principal

El penal de Cancún tiene todos los problemas del sistema penitenciario nacional, agravados por la permanente corrupción de sus autoridades.

A la sobrepoblación, hacinamiento, falta de uniformes, inexistencia de un reglamento interno, debe sumarse la actuación de sus directores. El actual, suspendido únicamente, es el teniente coronel retirado Joel Flores Cardoso. Un militar que llegó a Quintana Roo proveniente de Tamaulipas, sin ninguna experiencia penitenciaría.

Recomendado por el general Villa, Flores fue nombrado director de la cárcel de Chetumal, un centro penitenciario donde conviven hombres y mujeres, sentenciados peligrosos y presos que robaron un celular, también sobrepoblado y sin contar con comedor o celdas.

Famoso por sus fugas, por la venta libre de droga, por la prostitución ejercida bajo control de los custodios, la cárcel de Chetumal está catalogada entre las peores del país.

Superada por la de Cancún, con capacidad para 700 internos y una población de mil 300, muchos de ellos sicarios y miembros de cárteles de la droga.

Las cárceles de Quintana Roo fueron calificadas, en 2014, por la propia Comisión de Derechos Humanos local, con un 4.27 por ciento en una escala de 10. Y se pensó, en el ámbito penitenciario, que era una calificación muy “generosa”.

En Cancún ha habido en este sexenio seis directores. El actual, Joel Flores, ha permitido, además del autogobierno, el libre tránsito de droga y la introducción de celulares, bebidas, y hasta armas. En esa cárcel ha habido motines y evasiones, sin importar que colinde con una instalación militar.

Si bien cuenta con “celdas” de castigo inaceptables, no tienen candados en sus galeras. Sus instalaciones no cumplen con ninguna especificación de seguridad, sus custodios y la llamada “seguridad operativa”, que son los policías que vigilan el exterior del penal, menos todavía.

Esta vigilancia exterior, que hubiese impedido que los reos evadidos el martes 12 de este mes salieran por la puerta, es responsabilidad de la policía estatal.

Como para documentar el absurdo inmenso del sistema penitenciario mexicano, hasta hace pocas semanas esta “seguridad” estaba bajo el mando de Gustavo Gómez Canul, un policía que venía de ser director de la cárcel de Cozumel, donde fue dado de baja por “permitir que los presos salieran a vender artesanías”.

O sea, entendamos por favor, que la seguridad exterior de un penal peligroso, se pone en manos de un tipo que fue cesado como director de otra cárcel precisamente por dejar salir a los reos. A Cozumel se envió a otro militar retirado, Higinio Sánchez, que antes fue cesado como director de la cárcel Cancún.
¿QUÉ SE PUEDE ESPERAR DE ESTAS AUTORIDADES?

Los custodios, los policías que cubrían la seguridad exterior, los funcionarios, ninguna autoridad está bajo investigación ni ha sido detenida por la fuga de 10 reos que, simplemente, tiraron una malla metálica y se fueron caminando a tomar un taxi.

En esa cárcel ha habido motines de todo tipo, con muertos, con incendios, con heridos. Uno de los recientes, en abril de 2014, dejó 14 heridos. El secretario de seguridad pública, Juan Mercader, declaró que esto se debe a la sobrepoblación. Lo cierto es que la desidia, la omisión, la falta de capacitación de las autoridades han permitido la violencia y evasiones tan vergonzantes como ésta. El mismo Mercader, antes de su nombramiento no conocía nada del sistema penitenciario.

Nombrar a un director sin experiencia penitenciaria, con un currículo digamos que “complicado” por venir de Tamaulipas, que no ha ofrecido ningún resultado en una cárcel, la de Chetumal, donde se le permite al líder del autogobierno tener un lagarto como “mascota”, es complicidad criminal. Es una omisión, un descuido que tiene, forzosamente que investigarse penalmente.
En Twitter: @isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx