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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Y que se pone el uniforme de guardián de la ciudad
  • La pelea que está dando Miguel Mancera…

La historia política, de vida, perfecta le pertenece a Miguel Mancera.

Pocos como él podrían ejemplificar la “cultura del esfuerzo”, desde su condición de hijo natural hasta las excelencias académicas, la carrera administrativa a la que asciende por mérito, lejos de apellido y padrinazgo.

Ningún candidato, a lo que corresponda, tiene tanto en su haber. Por eso resulta absurdo que pierda tanta popularidad por el permanente caos de la Ciudad de México.

Lo que desdibuja todas sus políticas públicas, todo lo que ha hecho, incluyendo la transformación política de la Ciudad.

Y es que cualquiera, sea que viva en la capital del país o la visite, puede odiar fácilmente al gobernante que permite, cobija, o provoca el caos vial permanente, esas manifestaciones, bloqueos o problemas del clima que convierten las calles en un inmenso estacionamiento.

No existe algún problema que pudiese provocar mayor irritación ciudadana. Simplemente porque la gente no puede llegar a sus trabajos, a las escuelas de sus hijos, a cumplir sus obligaciones. Porque terminan, terminamos como prisioneros de la gran ciudad.

Con el agregado de que las contingencias ambientales se han montado sobre ésta, casi catástrofe de movilidad.

La voz de Mancera se escuchó con el invento del “Pito” para salvar a las muchas mujeres agredidas en el Metro… lo que no puede contabilizarse, precisamente, a favor, por el juego de palabras que alimentó el ingenio alburero del mexicano.

Ahora ha comenzado a utilizar una voz fuerte para dirigirse al Gobierno federal. Lo que era, en verdad, urgente. Justo y necesario para decir lo menos. Porque las medidas que señoritos advenedizos en sus puestos de “protección ecológica” deciden, afectan a millones de habitantes de la ciudad que ya son, somos víctimas de su realidad.

Alguien tenía que defendernos. Y es, exacto, lo que está haciendo Mancera.

El jefe de Gobierno de la ciudad, que no ha ocultado sus aspiraciones futuristas, declaró que el Presidente de la República debía frenar los “ataques” de Profepa. Lo que resulta fácil aplaudirle. Son ataques que, además, parecen tener un contenido político intencional, que buscaría disminuir la imagen política de Mancera.

Porque quienes deben desplazarse en vehículos propios por la falta de transporte público eficiente y suficiente, son las víctimas de las presuntas “revisiones” que clausuran verificentros con sospechosa eficiencia.

El pasado siete de julio, ante las primeras clausuras por no “tener calibrados correctamente” los equipos para verificar los automóviles, el jefe de Gobierno protestó abiertamente, defendiendo a estos establecimientos. Ya el día anterior, seis de julio, Profepa había clausurado 63 Verificentros.

Luego vino la operación, tan burda, de ataque a Mancera por la muerte de un gorila, con un desplegado atosigante en medios de comunicación, habiendo filtrado imágenes de su autopsia.

Ante tantas agresiones, Mancera dijo “Si la federación quiere subir el volumen, yo también”.

No olvidemos que le gusta boxear. Que, en su condición de hijo único, educado por una madre soltera, Mancera aprendió a defenderse en cualquier entorno.

Las agresiones las manejó con inmenso talento político al, públicamente, hacer un llamado al presidente Peña Nieto, para que dejen de atacar a la ciudad, no a su gobernante sino a millones de mexicanos que la habitan. Atacar a la ciudad es, justamente, ir contra los intereses de sus habitantes y visitantes.

Mancera ha dicho en todos los foros que los problemas de la ciudad no reciben suficiente atención del Gobierno federal. La negativa de Luis Videgaray para proporcionar presupuesto para la ampliación y funcionamiento del Metro, a final de cuentas va contra quienes viajan como sardinas en sus vagones.

Mancera habló de “esa procuraduría” y le correspondió a Rafael
Pacchiano, un ejemplo de los funcionarios públicos de este Gobierno que han llegado a sus puestos sin ninguna experiencia que los avale, responder. El gesto de desprecio, ese alzarse de hombros frente a los reporteros como si la palabra de Mancera no valiese un cacahuate, lo dice todo.

Lo que no saben -son un poco torpes- los señores del Gobierno federal, es que, con su conducta agraviante, para la persona de Mancera y para la ciudad, lo que están haciendo es darle al jefe de Gobierno un espacio espléndido para identificarse con millones de mexicanos… Al tiempo…

En Tuiter: @isabelarvide Blog: Estadomayor.mx