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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

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  • La democracia estaba a prueba por la corrupción: Roberto Gil
  • Quiero llorar… parecía decir Virgilio Andrade

 

Antes de que el Presidente de México hablase de la “casa blanca”, el senador Roberto Gil Zuarth, una de las mentes más lúcidas de la oposición, sentenció que la legitimidad del avance democrático estaba a prueba porque la corrupción “se convirtió en política pública”, en la ceremonia para promulgar las leyes anticorrupción.

Horas antes, el muy engominado Virgilio Andrade daba una inusitada conferencia de prensa para anunciar su generosa renuncia.

Dos escenas que sintetizan la realidad nacional.

Un empleado del Presidente, que además llegó por recomendación directa y pública de Luis Videgaray, publicitaba su salida para que su puesto pudiese ser “legitimado”.  El presidente del Senado, sin empacho alguno, asumía el inmenso costo que veníamos pagando, todos, por la corrupción.

Gil aseveró, con un dedo flamígero más severo que su costumbre, de por sí dura, que vivíamos una ausencia de voluntad política para inhibir la transacción ilegal. Recordó que la corrupción hace más profunda y lastimosa la desigualdad porque condena definitivamente a los que menos tienen.

Y generoso con Peña Nieto afirmó: “Y, también, hay que decirlo, estamos aquí, este día, porque también el Presidente de la República hizo la parte que el sentido del deber le exigía”.

Repito: “La parte que el sentido del deber le exigía”.  No más, no menos.

Sentido del deber como protagonista del poder político, reconocido por la oposición legislativa al Jefe del Ejecutivo.

Como telón de fondo, el joven Virgilio daba pena ajena, tratando de justificar una salida cuando nunca pudo explicar siquiera su llegada. ¿Qué puede entender de impunidad, corrupción y anexos?

Según Roberto Gil, el éxito de las nuevas leyes anticorrupción consiste en que es un “sistema potente y robusto, de incentivos y disuasivos, de controles y consecuencias”.  Un marco legal que la sociedad civil, lo sabemos todos, exigía desde hace mucho tiempo.

Y que se sintetiza en el mayor logro: el responsable deberá ser ratificado por el Senado. Con lo que el Presidente Peña se la puso difícil, sobre todo, a su sucesor ya que actualmente su partido tiene mayoría.

Gil aprovechó la tribuna para hacer un “repasito” a quienes le han criticado su acercamiento a la Ley 3de3, ya que asumió que no es en la publicidad de las declaraciones patrimoniales, de interés y fiscal, donde está la “conquista del territorio enemigo, el Desembarco de Normandía, o la bandera que simboliza triunfo o derrota alguna”.

¿Se peinará solo Virgilio Andrade?

Uno de los puntos más trascendentes del discurso del Senador Roberto Gil Zuarth está en la sentencia: “Hicimos esta reforma para dejar atrás la perversa tesis de que todo servidor público es corrupto, hasta que demuestre lo contrario”.

Y, por último: “Necesitamos poner en orden…a quienes piensan que el poder les pertenece y lo usan para provecho propio”.  Justo el inmenso reto del presidente Peña Nieto y del nuevo líder de su partido, el PRI, Enrique Ochoa Reza.

Poner en orden sin nombrar, por recomendación de los cuates, a los vigilantes, fiscales, titulares, a todos aquellos que deben investigar y, en su caso, sancionar a los funcionarios que se sirven del poder como si fuese suyo para servirse de manera tan inmoral como algunos gobernadores todavía en el poder.

¿Qué necesita la sociedad mexicana para volver a creer en sus autoridades?  Sencillo, que pasen del discurso a los hechos.  Que les dejen de refregar excesos, delitos, malversaciones presupuestales e impunidad oficial.

El primer paso está dado.  Con la voluntad presidencial que reconoce la oposición, el PAN, que tiene que valorar una sociedad agraviada.

Gil dijo que ahora tendremos, todos, un “fiscal con dientes”, …lo que urge es que tenga colmillos muy grandes, muy duros, muy afilados…  Aunque no se peine.

En Tuiter: @isabelarvide          Blog: EstadoMayor.mx