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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Aprovechando que trae poca seguridad lo van a matar…
  • Omisión de las autoridades e incapacidad de la policía federal a cargo de su protección, responsables de la muerte del edil de Pungarabato

 

Para los expertos en seguridad, el asesinato de Ambrosio Soto es un ejemplo de todo lo que no debe hacerse al escoltar a una persona: El chofer no era parte de la escolta, no iba un vehículo en punta, solamente lo seguían dos elementos en otro auto, eligieron una ruta que no habían revisado antes. Para el Estado Mexicano, para las autoridades federales, es una vergüenza.

Imborrables, signo de los tiempos de Peña Nieto, serán las palabras del gobernador priísta, Héctor Astudillo, responsabilizando al edil de Pungarabato de su muerte por la hora “inconveniente”.

O sea que en nuestro país solamente hay seguridad de día.

Y dijo Astudillo pleno de estulticia, Soto no debió bajar por una “zona sumamente peligrosa”. Lo que secundó el fiscal de Guerrero, Xavier Olea que aseveró: “lamentablemente tomó la decisión de ir a deshoras a Ciudad Altamirano a sabiendas que para cualquier ciudadano es peligroso viajar de noche”.

¿A quién responsabilizamos del asesinato de un presidente municipal amenazado, que había pedido apoyo al Gobierno federal?

Porque dos semanas antes, el 7 de julio de 2016, Soto Duarte hizo públicas amenazas y avisos recibidos, después del asesinato de su primo. En una de estas se leía, que lo iban a matar “aprovechando que usted no trae mucha seguridad”.

Lo que, en automático, tuvo que haber alertado a la dirección de escoltas de la Policía Federal, pero resulta que ellos no estaban a cargo de su salvaguarda. Ambrosio Soto tenía unos “policías” federales a su alrededor, ojo que nos quede claro, a su alrededor que no eran, propiamente, escoltas. Para documentar nuestro pesimismo, le “comisionaron”, quién sabe quién o cómo, 12 policías.

Que en la práctica eran cuatro, porque contra toda lógica, “trabajaban” en turnos de ocho horas. Lo que ninguna escolta del mundo hace. Horario que ningún policía, ni siquiera de tránsito, tiene. Así, fuera de protocolos de seguridad mínimos, el otro “vehículo” comisionado al edil estaba al servicio del “cambio” de elementos.

Ninguna escolta del mundo, repito, hace eso.

¿O, estaban jugando a medio protegerlo?

Porque si la amenaza recibida, directa, hablaba de la poca seguridad, debieron en automático, haberla reforzado. Y eso implica tomar en serio su obligación. Lo que no hicieron en absoluto.

Si nos vamos más lejos todavía, habría que preguntar por qué no le asignaron un vehículo blindado. Estructurados en turnos de ocho horas estos “policías” descansaban 16 horas. Y se organizaron al “ahí se va”, sin un jefe de escolta responsable, o con tres responsables que en la práctica no asumen el mando. Tal vez porque no tenían ninguna preparación o experiencia. No llevar en carretera un vehículo punta, que hubiese detectado la emboscada, es imperdonable.

Cuanto descuido oficial.

Tal vez la respuesta esté en que Ambrosio Soto había sido del PRI y se cambió al PRD. Lo que lo colocaba, se me ocurre pensar, en una situación de indefensión política. ¿Cuántos soldados tienen asignados a su seguridad el alcalde de Cuernavaca? ¿O cuántos policías federales “cuidan” a esposas de funcionarios? Y en turnos de 24 horas.

¿Por qué ningún funcionario, ningún jefe policiaco, ha recibido una crítica por lo sucedido? Estoy cierta que debería haber responsabilidades legales. De no ser así, debemos preguntarnos qué sentido tiene “dar protección oficial” a personas amenazadas. Baste ver la escolta de Osorio Chong para entender la diferencia. Soto traía policías a ratitos, a modo, sin capacidad de organizar una escolta.

La víctima había hecho declaraciones sobre la corrupción en la policía municipal a su cargo. La ubicación geográfica de su municipio, Tierra Caliente, aumentaba los riesgos. Sobre todo, pidió apoyo al gobierno del presidente Peña Nieto, al gobernador priísta de Guerrero. Era una autoridad legítimamente electa.

¿Falló todo el aparato de seguridad del Estado Mexicano?

¿Por qué no se le proporcionó una escolta de profesionales, con un responsable capacitado, armas, vehículos, con ganas de cuidar su vida?

¿Falló la capacidad de respuesta del Estado Mexicano?

¿O, los responsables fueron los policías que lo “acompañaban”, como quien sale a pasear un perro, dos de ellos heridos? A final de cuentas, según el gobernador Astudillo, el problema estriba en “salir de noche” … a buscar fantasmas…

En Twitter: @isabelarvide   Blog: EstadoMayor.mx