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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Asesinatos, secuestros, denuncias, impunidad, confrontación, maestros en bloqueos, profunda irritacion social, nada cambia en el país
  • La salida de López Dóriga del noticiero, lo único trascendente del verano

El regreso de vacaciones muestra al país en mayores problemas que antes del verano, más entrampado con las omisiones de los gobernantes, más sepultado en la corrupción magnificada por intereses políticos, más ausente de liderazgos, mucho más necesitado de acciones oficiales que nos devuelvan el camino de la serenidad, de la convivencia pacífica que tanta falta hace.

Todas las noticias, de los maestros al secuestro del hijo(s) de “El Chapo” Guzmán, son negativas. Conllevan violencia, desánimo social, hartazgo de grandes sectores sociales, mientras los problemas parecen estar estacionados en el universo. Tiene razón el presidente Peña Nieto, nos inundan las malas noticias. Solo que, también, olvida que es el primer responsable, justamente, de esas malas noticias.

En ese ámbito, pleno de grises, de niebla, de oscuridades, y también de verdades desgastadas a fuerza de ser repetidas sin que pase nada, lo más trascendente, en cuanto a lo que significa de cambio, es la salida de Joaquín López Doriga de la conducción del noticiero nocturno de Televisa.

Signo de la modernidad que el reportero ha explicado y asimilado con excepcional lucidez. Joaquín, lo sabemos quiénes lo hemos acompañado en la aventura de la vida, no se va. No deja de ser periodista, no abandona su trinchera, no pierde reflectores. Por el contrario, todo indica que para él es un cambio positivo al mil.

Quien tenga los millones de seguidores en redes sociales que tiene López Doriga es, a priori, un referente inconmensurable de la opinión nacional. Por eso el tema, importante, no es el futuro de Joaquín sino la circunstancia que cierra un ciclo en la televisión comercial.

¿Qué quiere escuchar la sociedad mexicana? Esta es la verdadera disyuntiva. ¿Qué quieren los gobernantes que escuche la sociedad mexicana? ¿Qué hacemos con la inundación cotidiana de “malas noticias”? ¿La credibilidad del periodista está en la estridencia, en la suma diaria de denuncias reiteradas sobre el mismo tema? ¿Pueden, podemos los periodistas emprender cada día un concurso de improperios contra el Gobierno para, en automático, ganar credibilidad?

Joaquín en los 16 años al frente del noticiero, con millones de mexicanos viéndolo, hizo un periodismo pleno de elegancia, que nunca descuidó la verdad. Las muchas verdades que llegaban a su mesa de redacción cada día. Verdades que no pueden ser analizadas ni siquiera contadas en 40 minutos. Verdades que ya no eran noticia porque las redes sociales las habían “manoseado” durante muchas horas antes.

¿Y la credibilidad? Para muchos millones de mexicanos Joaquín tiene una inmensa credibilidad. Si no fuese así no lo seguirían en redes sociales. ¿Pero la credibilidad? El problema es que grandes sectores sociales quieren que su enojo, supongo que profunda indignación también, esté expresado en una continua mentada de madre al Presidente, al gabinete, a los gobernadores, a los partidos políticos, a todo.

La “necesidad” de escupir a la cara del poder, con o sin razón que también las hay, muchas, se les “complace” con una crítica magnificada que no tiene el sustento que parecería tener.

Esa crítica, lapidaria, devoradora, fustigante, se alimenta paradójicamente de las mismas palabras del presidente Peña Nieto, como cuando respondió a López Dóriga que el pago del predial del departamento de su esposa era “un favor de vecino”. Sin darse cuenta que, para millones de mexicanos, el “favor” de pagar 600 mil pesos es un argumento mayor en su contra. Y no digamos de sus omisiones.

Así, echando leña al fuego de la aniquilación, nos vamos ahogando en el mar de las malas noticias continuadas. Como la impunidad en que pudieron secuestrar en Puerto Vallarta, en un restaurante con fama mundial, sin importar quiénes fueran las víctimas. Impunidad que es el pan de cada día, como nos viene a refregar la misma CNDH.

Por esta realidad, coyuntura como la serpiente que se come su cola, sin solución es que nada va a cambiar porque Televisa ponga a otro rostro frente a las cámaras cada noche. No será el “espectáculo” de lapidación que muchos quieren, tampoco será el filtro eficiente de la inundación de malas noticias que le gustaría al Gobierno.

Simplemente porque no hay respuesta para quienes quieren, como si eso solucionase sus problemas, llevar al cadalso a todos los políticos mexicanos.

Mientras sociedad y medios encuentran una manera de relacionarse, vamos a extrañar cada noche a Joaquín. Y a festejarlo cada mañana…

En Twitter: @isabelarvide Blog: EstadoMayor.mx