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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • ¿Queremos un Presidente vapuleado?
  •  A ninguno conviene tener un mandatario al que no se respeta

No parece que estamos entrando al quinto año de Gobierno. Ni siquiera podría apostarse que millones de mexicanos entienden la palabra “Gobierno”, o están dispuestos a respetar la institución presidencial.

No hay antecedente para el rechazo que recibió Enrique Peña Nieto por invitar al candidato Donald Trump. Que rebaso la opinión popular en redes sociales y se manifestó, asombro total, en la entrevista que le hizo la conductora de Televisa, Denise Maerker, cual si fuese ministerio público.

La imagen del Primer Mandatario, intencionalmente arropado por la bandera a su lado, era más que impactante. Agredido, no hay otra forma de expresarlo, por la periodista, sin espacios para responder, intentando expresar sus ideas sin tiempo para completarlas. Como si fuese un invitado indeseado a quien viste vapulear.

Para muchos, la conducta de la periodista fue la correcta. Así de enojados estaban, están contra Enrique Peña Nieto.

Un mandatario que tiene la aprobación de poco más de una quinta parte de sus gobernados está, obvio, en aprietos. Pero, en verdad, habría que preguntarnos con la mente fría a quién conviene esto. Para quiénes habrá dividendos de esta realidad.

¿Es que, pregunto, la renuncia de Peña Nieto a los dos años de mandato constitucional que le quedan, vendría a solucionar todos nuestros males? Males presentes, pasados y futuros como se le endilgan con una frivolidad extrema.

Millones de mexicanos rechazan los insultos de Trump, un candidato presidencial que ni siquiera está a punto de ganar una elección. Haberlo invitado parece, desde cualquier óptica, un error político. De ahí a juzgar a Peña Nieto con la liviandad, con la dureza que seguimos viendo, hay un camino que tal vez no quisiéramos recorrer.

¿Por quién queremos ser gobernados? ¿Cuántos millones de mexicanos votaron por Enrique Peña Nieto para convertirlo en Presidente?  ¿Es que estaban ciegos?  ¿Es que millones de mexicanos pudieron equivocarse tanto? ¿En qué ha traicionado, realmente, el primer mandatario a sus obligaciones, a sus deberes, a sus compromisos?

Todo indica que los mexicanos queremos, necesitamos, buscamos un “culpable” mayor. Y que con la misma fuerza con la que lo pusimos, lo pusieron en el poder, a cargo, hoy queremos crucificarlo. Y eso que no ha terminado su mandato constitucional por seis años de Gobierno.

¿Por qué Peña Nieto es el principal responsable de todos los males? ¿Por qué parecería que “entregó” las escrituras de la patria a Trump?

Si Denise Maerker no le dio suficiente espacio para expresar sus argumentos, de qué manera podemos esperar que millones de mexicanos estén dispuestos a escucharlo.

Falta incluir en esta realidad la culpa compartida y repartida. Un fenómeno político que ha estado ausente del gobierno de Peña Nieto.  ¿Quién es responsable de las finanzas públicas y, por tanto, debería recibir el mayor rechazo social por su fracaso?  ¿Por qué no hay mentadas para Luis Videgaray cada vez que aumenta el dólar de precio, cada mes que hay que pagar impuestos inquisitorios, cada primera página que se llena con malas noticias económicas?

¿Por qué no se ha pedido la salida de la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, que protocolariamente tendría que ser responsable del fracaso del encuentro presidencial con Trump? ¿Y qué decimos de Francisco Guzmán, el joven responsable de la oficina presidencial que, supuestamente, operó la visita del candidato republicano?

¿Y todos los responsables de comunicación social que permitieron el desorden en lo que era un mensaje, que no previeron que los reporteros norteamericanos le iban a hacer el juego siniestro a Trump?

No podemos, por nuestra propia dignidad, tener un primer mandatario al que ni siquiera le permiten hablar frente a las cámaras de televisión.

¿No queremos la permanencia de la institución presidencial?  Vamos a discutirlo en el Congreso, pero no se vale por todos los riesgos, verdaderos, que esto conlleva escupirle en la cara, tirarle de jitomatazos, como se está haciendo.

Peña Nieto se equivoca, quiero suponer. No logra volver a empatar con millones de mexicanos. No ha conseguido cumplir con las expectativas que despertó… agreguen lo que quieran, pero Peña Nieto es el Presidente Constitucional, legítimamente electo, que tenemos. Y a ninguno conviene que no se le tenga respeto…

En Twitter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx