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Sin gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Lindísima amapola
  • El sentido común de Roberto Gil

Australia parece ser un país civilizado, con gran respeto a la Ecología, donde no parecería haber una violencia institucional o generalizada, sin grandes noticias sobre tráfico de droga. Australia es, también, el país número uno en la producción mundial de amapola para fines medicinales.

Y España es el segundo país. Ahí se siembran 13 mil hectáreas, con todos los permisos, con todas las supervisiones de la autoridad correspondiente, de amapola.

Producción que incide en la economía de estos países.

En México el cultivo, ilegal, de la amapola ha costado cientos de miles de vidas. Ha poblado de violencia grandes regiones. Y, también, ha enriquecido a criminales.

En México, que nos quede claro, se cultiva amapola.

En México, que no se nos olvide, importamos amapola para utilizarla en la fabricación de medicamentos contra el dolor. Mismos que son esenciales para millones de enfermos.

Roberto Gil, a quien le sobra sentido común y valor, como presidente del Senado se pronunció para crear espacios de producción, exportación y transporte de la amapola. Para legalizar su cultivo, con fines medicinales. Para que esto, cultivar amapola, sea una opción legal para los muchos miles de campesinos que la siembran.

“Es una insensatez que la amapola se esté importando de otros países para generar morfina y satisfacer el mercado de medicamentos para uso intensivo de dolor, y México no participe de estos mercados, mientras nuestros campesinos están siendo asesinados”, declaró hace pocas semanas, al apoyar la posición del gobernador de Guerrero.

Insensatez que, agregaría yo, lleva a miles de jóvenes a la violencia, el crimen organizado y la muerte como destino.

En nuestro país se cultiva amapola. No hay forma de negarlo. No importa cuántas campañas de erradicación de estos cultivos se hayan hecho, se cultiva amapola con gran éxito. En Guerrero, Michoacán, Chihuahua y Durango hay una gran producción de amapola.

Quienes la siembran están en manos del hambre y los criminales. No tienen alternativas. No existen, del verbo existir, en los planes sexenales ni en los programas oficiales de desarrollo.

Y, lo más tremendo, necesitamos amapola. Tanto que la
importamos.

¿Cómo le hacen en España? En ese país la producción de la planta está controlada por el Gobierno, que elige los terrenos donde debe sembrarse y otorga las semillas a los campesinos. Policías, guardias civiles, otorgan por orden oficial la protección pertinente.

No hay crímenes a su alrededor.

Existe una empresa farmacéutica, llamada Alcaliber, que es la única autorizada por el gobierno para recoger estas plantas que los campesinos siembran. Esta empresa es la que recoge, con toda legalidad y control, la producción de la planta y, luego, la procesa hasta convertirla en medicinas.

No es tan complicado. Es, sobre todo, un proceso productivo que puede controlarse oficialmente.

Pero tanto panistas como muchos priístas se opusieron a la iniciativa de Ley del senador Gil para legalizar la mariguana, para dotar su consumo y su producción de reglas oficiales, de crear un instituto regulador de la “Cannabis”. De donde se advierte difícil, si no imposible, sentarse a discutir con amplitud de criterio esta posibilidad.

Es más fácil, incluso hasta más redituable políticamente, permitir que los campesinos que siembran amapola en nuestro país sean el eslabón más débil de una cadena criminal, que también da dividendos hacía arriba del poder. Sean policías, funcionarios municipales, estatales o federales.

Gil Zuarth dijo, pocos lo escucharon, que los mexicanos “ponemos los muertos y nosotros ponemos las crisis sociales de desplazamiento interno, de violación a los derechos humanos… el 65 por ciento de los dividendos se los llevan los narcomenudistas en Estados Unidos”.

Insisto, sentido común. Ver la realidad. Intentar cambiar la realidad… Tanto, tan poco… Y no se puede.

En Tuiter: @isabelarvide              Blog: EstadoMayor.mx