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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

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  • El amigo Luis Miranda

¿Hacerlo titular de una Secretaría cuando le era muy útil como subsecretario?

El nombramiento de Luis Miranda en Sedesol no es gratuito. No se trata de llenar un espacio con el primero a mano, para el presidente Peña Nieto este nombramiento es el inicio del final de su Gobierno. Es parte de una estrategia, que millones de mexicanos querríamos acertada, para enfrentar las graves crisis de su gobierno. Y, también, de su partido.

Miranda es su gran amigo. En una relación que podríamos imaginar, por lo que ha trascendido, de complicidad, de cuates, fuera del tema del poder. Es uno de los hombres en quien confía plenamente, lo que, a estas alturas del poder, es muy importante. Así como excepcional.

¿Para qué cambiarlo? Porque necesitaba darles otro enfoque a los programas sociales. Y en esto, a fuerza, tiene que haber pensado en lo poco que las cosas buenas “cuentan” a su favor. En el inmenso bajón de popularidad está, también, la falta de autoría de los programas. Es decir, que la gente asocie estos con el Gobierno y la persona de Enrique Peña Nieto.

Si esto se logra, habrá un punto de equilibrio vital en el final de un Gobierno muy cuestionado.

¿Quién es Luis Miranda? Aparte de amigo, compadre, del Presidente. Básicamente un funcionario que ha vivido en la cercanía del que manda y el perfil bajo en los medios. Es negociador, es leal a su jefe, y corresponde más a la imagen del político de provincia, de forma exacta del Estado de México, que a cualquier otra definición. Pensemos en alguien cercano a Carlos Hank González.

Luis Miranda sabe, como tendríamos que saberlo todo, que no es presidenciable. No está en la mente del Presidente hacerlo candidato, justo porque es su cuate más cercano. Sin embargo, esta incorporación al gabinete oficialmente, lo hará todavía más fuerte. No dudemos que le rendirá buenas cuentas a Peña Nieto.

Lo que no quiere decir nada más que esto.

En cuanto a los programas sociales, es difícil equivocarse. Ya están establecidos, ya cuentan con institucionalidad, ya funcionan. No se van a reducir, no van a cambiar. Habrá, sí, que buscar que estos incidan realmente en las vidas de millones de mexicanos en situación de inmensa vulnerabilidad social. Pobres entre los pobres, con o sin estadísticas.

Como José Antonio Meade era, es, percibido como un posible candidato presidencial, su enfoque podía, condicional, estorbar la necesidad que tiene el Presidente de que se le reconozca lo que es positivo, que se le asocie con “las cosas buenas” que pasan en el país.

Miranda tiene el reto de los viejitos. De encontrar, de entrada, que los millones de pensionados, con una cantidad irrisoria, no tengan que casi morirse en las oficinas de Sedesol para “probar” que están vivos y seguir recibiendo sus centavitos cada mes. Es inmoral que esto suceda.

No es el único pendiente. A su manera, de político provinciano, sabrá imponerle un sello populista a esa Secretaría. Lo que muchos criticarán, pero habrá de servirle al Gobierno de Peña Nieto. No olvidemos que es facultad presidencial cambiar a sus colaboradores, sin dar ninguna explicación.

Peña Nieto se ve muy agobiado. En el evento en Zacatecas, después de anunciar los cambios, habló de que en el futuro habrán de “entenderse” sus decisiones. Que, insistió, son su absoluta responsabilidad. La sombra de Trump estaba presente en este discurso, pero sobre todo la sombra inmensa de haber decidido la salida de Luis Videgaray.

El Presidente se ve, se sabe, lo vive como un padecimiento, está solo. Cada día más solo. Por razones del poder, por decisiones propias, porque no tiene otra posibilidad, porque es el precio de Los Pinos. Está solo e, insisto, muy agobiado por la realidad.

En Hacienda no habrá descalabros con Meade que llega como lo que es, un funcionario eficiente, que sabe del tema, que ya estuvo ahí. No veremos cambios significativos en el tema macroeconómico. Lo que sí podrá es negociar, tener interlocución en el Congreso para que sea aprobado el presupuesto del próximo año que diseñó Videgaray.

Lo que definió la salida del compañero de Gobierno de Peña, del hombre consultado casi para todo, de Videgaray, fue precisamente que la visita de Trump le quitó esta capacidad frente a los legisladores, sobre todo los de oposición que lo habría lapidado. Peña quiso cuidarlo… si ambos lo asimilan como el mal menor y no como una pérdida mayor… es otro tema.

En Twitter: @isabelarvide   Blog: EstadoMayor.mx