imagotipo

Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Las cuentas del gobernador Velasco
  • ¡Que poco entienden a Chiapas!

Chiapas es un tema de discusión a priori. En todos los ámbitos surgen “chiapanólogos” que sin haber pisado un metro de tierra en Chiapas se erigen en expertos en su realidad.

Y vaya que es complicado entender a esa parte de la Nación que, de entrada, no lo era.  Que dos veces se adjuntó a nuestra patria. En Chiapas existen muchos universos que no se sobreponen, que jamás podrán dictaminarse como un “todo”.  En poblaciones cercanas pocos kilómetros, su cultura y forma de organizar la vida son diametralmente opuestos.

Chiapas es, ha sido ancestralmente, violenta.  Y los indígenas no son los personajes entrañables de los libros, son hombres profundamente necios que transcurren sus días con una mujer detrás, varios pasos detrás, que come y viste después de él.  Que está acostumbrado a vender a sus hijas, y que entiende el cosmos de una forma inmensamente misógina.

Por eso las cuentas del gobernador Manuel Velasco deben sumarse al revés.  En Chiapas hay que contabilizar a favor del gobierno todos los muertos que no ha habido, todas las guerras que no han estallado, todas las violencias que no se han magnificado.

En Chiapas se vive, siempre, al borde de la realidad.

De entrada hay una guerra vigente, viva, donde un grupo de personas controla parte del territorio nacional… y contra lo que ordena la Constitución, se les permite “impedir el libre paso”.  Esos hombres que estuvieron en el inicio de la guerra de 1994, hoy cobran “peaje” como si fuese lícito hacerlo.

A Chenalhó llegó, con su estela de muertes no publicitadas, esa guerra que encabezó el Subcomandante Marcos.  Ahí hubo violencia, no muy distinta a la que hoy  vemos.

Hablamos de más de veinte años en que no se ha encontrado una forma, la federación, el gobierno de la República, para cerrar esa “guerra”.  Con todo y el desfile interminable de “negociadores” de paz que ha habido.

Eso se nos olvida a los que no vivimos en Chiapas.

Y se les olvida peor a quienes no han vivido en Chiapas.

El gobernador de Chiapas tiene obligación de respetar esta falta de acuerdos federales, que muchas veces contribuyen a la destrucción de reservas naturales y/o de espacios de naturaleza que deberían ser conservados.  Debe, además, gobernar para quienes piensan profundamente diferente en diversas capas sociales de una misma sociedad.  Debe satisfacer demandas ancestrales de etnias que no hablan un idioma común, que viven en comunidades sin ninguna libertad.

Es decir, comunidades como Chenalhó, donde uno o unos cuantos, dicen qué se debe sembrar, cómo se debe vestir, dónde debe vivirse…

En Chenalhó debió respetarse la decisión del voto.  La voz de quienes quieren el cambio.  Y por eso eligieron a una mujer.  Sin embargo, una cosa es decirlo y otra, muy diferente, que se haga.  El poder de unos caciques se expresó con violencia extrema.

Así se vive cada día en Chiapas.  Con estas expresiones que están arraigadas en la idiosincrasia de los indígenas.  Insisto, recordemos que las mujeres no valen nada, son poco menos que un objeto para ellos.

¿Qué debía haber hecho Velasco Coello?  ¿Entrar con la policía y matar a todos, mientras asesinaban a los que tenían secuestrados?

Que quede constancia que hasta el poder eclesiástico, inmenso en Chiapas, fue rebasado porque los indígenas descontentos irrumpieron en las oficinas que tienen junto a la Catedral los sacerdotes.  Ahí secuestraron al presidente del Congreso, Eduardo Ramírez Aguilar, y al coordinador de los diputados del partido Verde,   Carlos Penagos.

Y los hubiesen matado si la alcaldesa, Rosa Pérez Pérez, no “renuncia”.  Pero, hay que entender la realidad violenta de Chiapas, eso no fue suficiente.  Porque hay quienes no aceptaron esto… y el enfrentamiento posterior, entre ambos grupos, ya tienen un saldo de dos muertos.

Es por la prudencia, por la capacidad, por el buen tino, por la inteligencia de Manuel Velasco que ese saldo no suman cien o doscientos muertos.  Así es la realidad de Chiapas.

Y como lo sucedido en Chenalhó, que no se soluciona todavía, está encima el tema de los maestros que van a ser despedidos… ese, también, es un polvorín. Al que todos, o muchos, parecen dispuestos a prenderle la mecha… desde la comodidad de un escritorio en la Ciudad de México…

 

En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx