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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • En manos de quién deben estar nuestros puertos
  • El desastre no tiene plan

 

Una iniciativa de Ley que no se aprueba por intereses, del tipo que sean hasta burocráticos, mantiene en situación de grave peligro nuestros puertos.

Con el incendio del buque petrolero Burgos quedó demostrado esto.

En Cozumel, el puerto de arribo de cruceros nacional que recibe a miles de turistas diario, no existe un “Plan” de urgencia. Es decir, no se cuenta con especificaciones legales sobre quiénes deben tomar en control y cuáles tendrían que ser sus funciones.

Quienes vivimos el terremoto de 1985 en la Ciudad de México sabemos, padecimos, que la desorganización, el vacío de poder, en caso de una emergencia es nefasta.

Un incendio, un secuestro, una emergencia médica epidémica en un crucero con más de dos mil pasajeros, requiere por la más elemental lógica que haya reglas claras de qué autoridades, bajo qué premisas deben actuar y, sobre todo, conservar el mando.

Francisco Garfías, un respetado analista político, trajo el tema en días pasados. Y la sola mención de que esta iniciativa de Ley no progresa, provocó aclaraciones inmediatas del presidente de la comisión de transporte del Senado, el panista Javier Lozano. Transcribo textual, tal como publicó Garfías, el mensaje que recibió: “Traen un desmadre al interior del Gobierno, pero aparentemente ya se destrabó”.

¿Cuál sería ese desorden?

Muy simple, la negativa de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a que la Secretaría de Marina tome el control de la seguridad de los puertos. Que se convierta, con todas las adscripciones legales, en la responsable.

Cuando se incendió el buque Burgos fueron los marinos quienes acudieron de inmediato, quienes rescataron a los tripulantes, quienes apagaron el incendio. De estos hechos basta consultar el portal de internet www.EstadoMayor.mx para ver fotografías y videos que dan testimonio al respecto.

Sin embargo, Guillermo Ruiz de Teresa, coordinador de Puertos y Marina Mercante de la SCT, quien insiste en que no es necesario hacer cambios al control que se tiene sobre los puertos, que ellos, civiles, están a cargo y resuelven bien la seguridad, declaró que fueron ellos quienes apagaron el incendio.

Tal vez llegaron cuando ya quedaban unas llamitas, porque las imágenes muestran a la Semar tanto en el combate, inmediato, del incendio como en el rescate de los tripulantes a quienes salvaron la vida con su presencia inmediata.

La pregunta, una de muchas, es si el personal de la SCT cuenta con entrenamiento y equipo suficientes para resolver estas emergencias. Hasta donde me consta, hasta donde sé, no es así. Y no tendría por qué serlo.

Son los marinos, valientes, entrenados, dispuestos a arriesgar su vida en todo momento, quienes pueden hacerlo.

¿Qué sucedió en Los Cabos cuando, testimonio de familiares, no se permitió cobijarse del mal tiempo a un barco camaronero? El saldo son cinco pescadores muertos. Baste revisar las entrevistas a las autoridades civiles para comprobar cómo unos echan la responsabilidad a otros, y lo cierto es que tenemos cadáveres sin responsable.

El criterio de la Semar en este evento, de la llegada de un huracán, hubiese sido muy diferente. Y tal vez los pescadores estarían vivos.

Regreso a Cozumel, sería catastrófico para el país, para las entradas de divisas por turismo, que uno de los puertos de arribo de cruceros más importante, y transitado, del mundo tuviese una emergencia mal manejada. Hay que imaginar qué sucedería si en la isla no existen siquiera cuartos de hospital suficientes para recibir a heridos. ¿Quién se encargaría, cómo, de su transporte a Cancún? ¿Quién se haría cargo, la autoridad portuaria local o federal? ¿Cuántos empleados tienen? ¿Cómo se coordinarían, de inmediato, con la Semar? ¿Quién tendría el mando? ¿Dónde está ese Plan específico, no el de la Semar, de los civiles para actuar?

Y termino preguntando, de cara al incendio del buque Burgos, cuántos bomberos marinos, cuántos barcos equipados para enfrentar un incendio tienen… ¿para qué arriesgarnos?

El tema es control. Y el control es poder, lo que sabemos perfectamente, es una de las debilidades de Gerardo Ruiz Esparza, titular de la SCT.
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