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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • La seguridad no es un cuento que le cuentan al gobernador
  • Manuel Velasco pone pisos y otorga becas en los sectores mas vulnerables

Si viésemos un mapa del país, tendríamos que iluminar en color rojo grandes regiones. Lo que sucedió en Culiacán, el exceso de fuerza de los criminales que mataron militares e incendiaron en sus vehículos a los soldados heridos, nos demuestra que tener autoridades locales omisas tiene consecuencias muy graves.

Cuando hablamos de violencia generalizada, de las fosas encontradas en Guerrero o en Veracruz, también nos referimos a la impunidad que la omisión de la autoridad otorga a los delincuentes. Hay asesinatos, secuestros, asaltos cada día porque no hay castigo para quienes los cometen.

Y no hay castigo porque los gobernadores no quieren enterarse de lo que sucede.

Frente al argumento de pobreza como generador de violencia y criminalidad, de estos crímenes en ascenso, hay que voltear a ver a Chiapas.

De acuerdo con el INEGI, Chiapas se ha convertido en el Estado menos violento del país.

Lo que impacta a quienes conocemos, hemos vivido en Chiapas. Parece una noticia producto de la fantasía… y no lo es. No lo es por un trabajo continuo, con un enfoque social muy amplio, del gobernador Manuel Velasco Coello.

¿Por qué uno de los gobernadores más jóvenes, que llegó al poder bajo las siglas del Partido Verde, puede poner orden en una de las regiones del país más violenta? Donde hay una violencia ancestral profundamente arraigada.

En Chiapas confluyen culturas muy distintas a las del resto del país. Ahí, basta revisar la historia, las leyes son a modo de los grupos indígenas. Usos y costumbres que llevan, de forma muy fácil, al asesinato por motivos pueriles. En Chiapas es difícil hasta comunicarse entre sí, no solamente por las lenguas indígenas sino usos del idioma español particulares, distintos en su geografía.

En Chiapas hay gente pobre, gente muy pobre, gente mucho más pobre que lo que dicen las estadísticas.

En Chiapas, no olvidar, estalló una guerra auspiciada por la miseria y por un movimiento progresista de la Iglesia Católica. Una guerra que, en los hechos, sigue vigente pese a los muchos “negociadores” de la paz que han desfilado. Una guerra cuya falta de solución legal permite que existan, contra lo que norma la Constitución, territorios sin libre paso.

Chiapas es complicadísimo para conocer, para entenderlo y, obviamente para gobernarlo.

Velasco se ha dedicado a ignorar las críticas, se ha puesto a trabajar en ámbitos que no llevan a recibir premios internacionales, como la atención a los más pobres entre los pobres.

Lo que está inmensamente relacionado con esta disminución de la violencia.

Los programas para poner piso en las casas más humildes no tienen grandes inauguraciones, pero cambian definitivamente la realidad de muchos miles de familias. Igual que las becas para que los niños, que viven en situación de extrema pobreza, puedan ir a la escuela.

Poner piso a una casa modifica la manera en que sus habitantes ven el mundo. Ir a la escuela en lugar de trabajar en la milpa desde el amanecer, de forma coincidente con éste programa, contribuye a la esperanza. No dormir sobre el suelo, aprender a leer y escribir modifica los hábitos de violencia, abre las ventanas a una vida que puede ser más digna.

Si en Chiapas no hubiese programas sociales inteligentes, que no están diseñados desde el escritorio, para atenuar las grandes diferencias económicas de sus habitantes, tampoco habría disminuido la violencia criminal.

A estos programas de atención a sectores vulnerables, hay que agregar la eficiencia de una Policía que no está coludida con delincuentes. Y esto quiere decir, con todo tipo de delincuentes, desde los ladrones que se meten a robar una modesta casa hasta los criminales organizados.

Si no hay tolerancia para el narcomenudeo, como sucede en Chiapas, tampoco hay muertos por pelear el control de este “negocio” ilícito. Para combatir la criminalidad hay que meter las manos, hay que enterarse, para evitar complicidades.

Así, la inseguridad se ha combatido en Chiapas, por decisión de Velasco Coello, en el aspecto el social y en el de la eficiencia de la autoridad.

No es fácil. Sin embargo, los números no mienten. Cuando hay voluntad política para entender y combatir la criminalidad, se puede hacer. Para esto, definitivo, se tienen que dedicar muchas horas cada día al tema de la violencia. Y Manuel Velasco lo hace, a veces hasta la madrugada, para que no le cuenten cuentos…

En Twitter: @isabelarvide

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