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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • ¿Por qué César Duarte sí pudo poner orden en sus cárceles?
  • El riesgo de que Javier Corral se equivoque

 

En el tema de la seguridad pública el éxito depende, absoluto, de la voluntad política del gobernador en turno. Cuando hablamos de las cárceles esto es, doblemente, cierto. Porque a pocos, muy pocos les gusta invertir en un tema ingrato publicitariamente. Meterle dinero a las cárceles es, sin embargo, una prioridad inmensa.

Esto lo entendió César Duarte como pocos. Tal vez, porque en Chihuahua hablar de violencia es rutinario. A su salida, en la vorágine de argumentos en su contra, vale la pena retomar la historia del Cerezo Estatal “Aquiles Serdán”.

En las reuniones del Sistema Penitenciario han puesto hace varios años la transformación de este penal. Su éxito fue tal que el entonces subsecretario local de la materia, Eduardo Guerrero, fue nombrado responsable nacional de las cárceles federales.

Al cerezo de Chihuahua no podía, al principio del Gobierno de Duarte, entrar ninguna autoridad.

Asombroso para quienes no conozcan la corrupción y el deterioro de las cárceles en nuestro país, donde sobran más de 50 mil internos, el “autocontrol” de la cárcel, la “autoridad” interna es quién decidía todo. Es decir, encarcelados, mandaban.

Y lo hacían armados, con muchas armas. O sea, para que alguien pueda imaginar la claudicación de gobiernos anteriores a César Duarte, ellos disparaban contra quienes no los obedecían. De dentro hacía fuera. De dentro hacía dentro.

¿En qué momento entregaron el poder las autoridades? Hay situaciones semejantes en todo el país, pero no tan graves como era en esa cárcel.

A balazos tuvieron que entrar las autoridades legítimas para desarmar a los presos. Se necesitó mucho valor. Y lo tuvieron, el gobernador, Guerrero, y todos quienes se la “jugaron” para recuperar esa cárcel de manos criminales.

Cuando caminas por su interior, hoy en perfecto orden, ves las paredes llenas, literalmente, de balazos. Quisieron dejarlas así para que quedase testimonio de la magnitud de su hazaña. El tema, en su inicio, no es presupuesto sino de voluntad política, determinación y valor.

Hoy ese cerezo “Aquiles Serdán”, es ejemplo nacional. Tiene todas las certificaciones internacionales. No existen armamento o celulares o droga en su interior. Tienen todas las facilidades modernas del sistema penitenciario: una panadería, una tortillería, talleres, lugar donde comer, celdas confortables, servicio médico hasta contar con un quirófano, y reglamentos.

Porque se vale recordar que en la mayoría de las cárceles mexicanas no se cuenta con uniforme, reglamentos ni sistema de vigilancia.

Para eso, obviamente, se capacitaron a la autoridad interna, otro ejemplo nacional de eficiencia.

Al cambio de Gobierno, cuando lo que abundan son críticas contra el gobierno y la persona de César Duarte, valdría la pena darse una vuelta por ese penal, conocer su historia, magnificar correctamente la hazaña de convertir el miasma de corrupción que encontraron en una cárcel modelo.

Y valdría la pena hacerlo, también, para que así continué. Para obligar al nuevo Gobierno, panista, de Javier Corral no solamente a conservar esa excelencia sino a ponderarla en su exacta dimensión. Si no permitimos, todos, que haya reconocimiento a lo que se hace bien, tampoco podemos fustigar lo malo.

Uno de las luchas más antiguas de los funcionarios del sistema penitenciario nacional, es que se respete la experiencia. Que no se ponga a improvisados a cargo de las cárceles, que no protejan corrupciones con la llegada de quienes jamás han estado en una prisión.

Javier Corral debía, por disciplina vital, porque le sería muy útil, recorrer este cerezo que hoy está bajo su control, bajo su responsabilidad. Mirar esas paredes con agujeros producto de disparos de las armas largas que tenían los internos, puede ayudar a entender la realidad.
En Twitter: @isabelarvide

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