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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • La infinita lista de muertos
  • ¿Dónde ponemos a las víctimas militares?

 

Este Gobierno, este país, esta sociedad, este Ejército, estos jóvenes van sumando muertos a una velocidad inimaginable.  A donde se dirija la mirada, aparece el horror. Una rutina aterradora de crímenes sin culpable, de víctimas sin justificación.

Estamos perdiendo a muchos, entre ellos a los mejores.

Acostumbrados a ligar las muertes con los criminales, a cerrar los ojos frente a los cadáveres que nos dijeron eran parte de una guerra entre bandas, no nos sorprendimos lo suficiente cuando los muertos comenzaron a ser los de la casa de enfrente, los de la escuela de los hijos, los uniformados de los desfiles.

Hoy tenemos, todos los mexicanos y Enrique Peña Nieto, un montón de historias donde las víctimas son, justamente, eso: víctimas. Y no tenemos qué decirles a sus padres, a sus hijos, a sus compañeros.

En Veracruz secuestraron a cuatro jóvenes, alrededor de los 20 años, una de ellos, estudiante de 19 años.  La edad de la fiesta interminable, del gozo, del amor, del inicio de la vida. Edad para disfrutar genuinamente la vida. Después de días de angustia infinita, los padres tuvieron que identificar a sus hijos hechos, literal, pedazos.

No solamente los mataron, sino que los cortaron. Los desmembraron. Los tiraron a un paraje en bolsas de basura.

Y no encuentro suficiente dolor público, suficiente indignación, suficiente hartura en nuestra sociedad.

Tal vez porque Veracruz bajo el Gobierno de Javier Duarte se convirtió en un inmenso basurero. Como Guerrero, como Coahuila, como tantas otras partes del país donde madres huérfanas buscan a sus hijos entre la tierra removida de fosas supuestamente clandestinas.

¿Cómo llegamos a esta barbarie?

¿Cómo seguimos instalados en este horror sin salir a gritar a las calles para que se acabe?

Junto a estos jóvenes, asesinados por criminales que actuaron con total impunidad, que están protegidos por policías de todas las corporaciones, está el retrato dantesco de los soldados asesinados en Culiacán.

Soldados que escoltaban a un herido.  A un herido presuntamente criminal que pudieron dejar morir. A un herido que les suplicó que lo salvaran. Soldados heridos que fueron, literal otra vez, quemados vivos dentro de sus vehículos por la fuerza del armamento de sus atacantes.

Fueron soldados. No jefes militares. No generales. No quienes dan la orden de que vayan a combatir a criminales. Fueron “tropa”, fueron los de abajo, fueron los que más mueren, la parte final de una cadena de mando donde muchos arriesgan la vida y otros ni parpadean.

¿Cuántos soldados han muerto en este sexenio?  ¿Cuántos homenajes luctuosos se han hecho frente a sus cadáveres destrozados por la fuerza criminal?

Algo, mucho, tenemos que estar haciendo mal millones de mexicanos para que esto pueda suceder. Y pueda repetirse todos los días.

Los militares salieron a las calles a combatir la inseguridad, a enfrentarse a criminales que las policías locales no podían y/o no querían combatir. Pasaron los años, más de 10, y las policías locales son más ineptas y más corruptas bajo el beneplácito, para no llamar complicidad, de las autoridades civiles.

Y aquí el presupuesto, la falta de presupuesto federal, es muy importante porque los gobernadores, los presidentes municipales, no tienen dinero ni para correr a los policías corruptos.

Ninguno, con mando, con capacidad de transformar la realidad, parece estar dispuesto. Que sigan los militares en la calle sin contar siquiera con una ley que los proteja. Que sigan sin mayor protección los discursos oficiales.

Mientras no haya voluntad política para cambiar las policías, no habrá espacio propicio para regresarlos a donde deben, a donde quieren estar: A sus cuarteles.

Nuestros jóvenes son descuartizados por criminales. Nuestros soldados son víctimas de sus armas. ¿Por qué lo permitimos millones de mexicanos? ¿Por qué millones de mexicanos no exigimos a nuestras autoridades, a nuestras instituciones que respondan?

En los hechos, estamos cruzados de brazos, llorando a los muertos, impotentes… El riesgo es que nos termine por gustar estar así… El riesgo es que vengan por nosotros…
En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx