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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • La gravísima aceptación del asesinato de La Marquesa  La disyuntiva es moral

La gravísima aceptación del asesinato de La Marquesa  La disyuntiva es moral

El desconocido, mal llamado “justiciero”, les dio el tiro de gracia estando heridos.

¿Quién está entrenado para matar? ¿Quién no titubea al enfrentarse a cuatro malhechores? ¿Quién tiene la capacidad para  organizar el abandono de los cadáveres y decidir el punto de fuga en cuestión de minutos?

Es obvio, pregúntenle a cualquiera que haya estado relacionado con temas de seguridad, que el asesino de La Marquesa había matado antes.

¿Esa es la justicia que están, millones de mexicanos, elogiando?

¿Por qué hacer de un asesino un héroe?

¿Por qué a priori creemos en la versión oficial?  Una versión, además, llena de incoherencias como no haber detenido al chofer por presunta complicidad, encubrimiento y demás.

Hay un testigo, que obviamente, es el chofer.  No testigos como dice el boletín oficial, porque no podrían haberlos localizado en tiempo.  Eso ya es una mentira.

¿Por qué el interés oficial, Policía Federal de por medio, de ocultar el rostro de los cuerpos? ¿Cuántos balazos tenían, quiénes eran, cómo iban vestidos?  ¿Eran en verdad asaltantes o estamos frente a otro tipo de enfrentamiento?

La gente, millones, ha comprado la versión oficial.  Y ha creado un mito de un asesino que, justamente, asesinó a cuatro personas.

¿Somos una sociedad que pide, a gritos matar a presuntos delincuentes? ¿Cuándo dejamos de creer en las leyes?

Más grave todavía, cuándo nos convertimos en un pueblo que quiere matar a priori.  Que quiere asesinar a cualquiera que parezca, o que actúe en su contra.  Tan indefensos pueden sentirse millones de mexicanos.

El tema es moral.

Esa materia olvidada.  No el árbol que da moras.  Moral que debe aprenderse en la casa, en la escuela.  Que debe conformar la educación de los niños, incluyendo la religión católica.  Porque, dicen las estadísticas, somos un pueblo que profesa la fe católica, que dice en uno de sus mandamientos: No matarás.

Los niños aprenden a matar viendo televisión, atisbando las noticias, escuchando a sus mayores. Parecería que la muerte es reversible, que matar ha perdido todo significado.

Pocas, poquísimas voces se han levantado contra la actuación del asesino. Un hombre entrenado para matar que disparó en un autobús lleno sin herir a otra persona, que había reconocido que el arma de los asaltantes era falsa
es decir, en un país donde conseguir un arma es tan fácil como comprar un kilo de frijol, estos no estaban armados.

¿Policía, soldado o sicario?  A ninguno parece importarle el verdadero rostro del asesino.  No hay una reprobación moral.  Los señores de la Iglesia Católica que tanto fustigan a los homosexuales no han salido a reprobarlo.  Lo más grave, la autoridad no parece decidida a buscarlo siquiera.  No se ha investigado quién es, cuando hay cámaras de seguridad en la estación donde todos subieron a ese autobús, es decir sería muy sencillo encontrar a todos los pasajeros.  Si creemos en la profesionalización de las policías, en eso que llaman “reconocimiento facial”.

Siguen vigentes los misterios de este hecho.  Se nos dijo que los cadáveres ya fueron recogidos por los familiares, pero no se presentaron sus rostros o sus identidades, que sería algo elemental para reconocerlos como asaltantes.  Si es que lo son.  Todo parece encaminado a tapar el hecho, a ocultar lo que verdaderamente sucedió y quiénes fueron los protagonistas.

En sus expresiones públicas, la gente dice estar “harta” de la falta de protección de las autoridades.  Esta realidad quedó demostrada con el “asesinato”, a sartenazos, de un presunto ladrón.  Hecho que, también, fue aprobado por la sociedad.  Cada día sabemos de personas que son linchadas por ser, presuntamente, ladrones o secuestradores.

Esto, lo de “presunto”, es algo que la sociedad parece dispuesta a ignorar.

Entre las muchas preguntas que nos quedan, está la de si con estos crímenes, “ojo por ojo”, la violencia y la inseguridad van a terminar.  Desafortunadamente creo que no.  Que será al contrario, que tendremos cada día ladrones más dispuestos a matar a sus víctimas.

La nulidad de las autoridades, de las policías y del Poder Judicial, es inmensa.  La gente está gritando su hartura.  Preguntémonos quién será el próximo asesinado: ¿Un policía, un soldado, un funcionario público, un juez?  Preguntémonos si nuestros hijos ya están listos, dispuestos, a matar.

Preguntémonos qué hicimos tan mal como sociedad.  Preguntémonos dónde quedó la asignatura de moral.  Moral que no es el árbol que da moras.
En Twitter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx  CambioQRR.com