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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Bertha López y la permeabilidad social
  • Recuperar lo mexicano…

 

Bertha López bajó, literalmente, caminando entre piedras hasta llegar a Zacatlán con sus tíos maestros, a compartir una modesta vivienda que significaba el paso más importante hacía un futuro más próspero que la humilde vivienda de techo de lámina que compartía con ocho hermanos, de cara a la milpa.

¿Suena a cuento?  A permeabilidad social, diría un viejo economista.

Bertha López consiguió trabajo como “empleada doméstica” en Puebla.  Un paso adelante, grande para ella.  Lo que hacía mejor era cocinar.  Como había hecho en la estufa de leña y platos de peltre de su casa.  Guisos de maíz y hambre. Guisos que significaron su extraordinario sazón.

¿Habría manera de imaginar algo más mexicano?

Una amiga la convenció de “entrar” a la fase de selección de “Master Chef México”.  Fue seleccionada entre 300 aspirantes y luego consiguió, entre 50 cocineros, un lugar entre los 18 concursantes.

A partir de ahí su rostro moreno, su humildad, su falta de escuela, sus ganas de progresar, su autenticidad se hicieron familiares para millones de televidentes.

¿Qué hacía una sirvienta en las pantallas de televisión?  Otros concursantes, hombres y mujeres, la humillaban públicamente, la hacían a un lado… Con un tufillo porfirista afirmaban que una “criada” no podía “codearse” con ellos.

El concurso de cocina tiene espacios muy definidos para que sea la circunstancia la que defina su eliminatoria.  Imposible amañarlo.  Menos, todavía, con la presencia de chefs mexicanos que tienen reconocimiento internacional y acuden como “jueces” invitados. Tal como sucedió en la final.

Los retos, muchos de ellos, son elegidos a ciegas.  De ahí que es la imaginación, la capacidad, de los concursantes la que debe imponerse.  No hay favoritismos impuestos.

Ricardo Salinas hizo un programa de excelencia.

Bertha López se fue imponiendo a sus compañeros semana a semana. Con sus titubeos inventaba guisos para pescados, verduras, cabezas, ingredientes que nunca había comido.  Sin ninguna técnica, con un sazón que, a decir de los jueces era excepcional.

En uno de los programas cercanos a la final, los jueces entregaron a los concursantes una caja con ingredientes sorpresa.  Cada uno debía cocinar con ellos lo que quisiera.  Y Bertha hizo tortillas con el maíz, y luego quesadillas rellenas de los otros ingredientes.

¿Hacer tortillas?  Es decir, desde moler el maíz…

Cuando la vi me avergoncé de no saber hacerlas.  ¿Cómo se hacen tortillas? ¿Cómo se hace lo que comemos desde hace siglos los mexicanos?  ¿Qué nos va a pasar si se olvida cómo se hacen las tortillas?

Obviamente, esa noche Bertha ganó la competencia porque los jueces, Benito Molina, Adrián Herrera y Betty Vázquez se maravillaron tanto como lo hice yo con ese talento para hacer tortillas. Lo mexicano que tanto
vilipendiamos.

En la recta final, a la hora de elegir finalistas, Bertha se equivocó con un postre de nopal, y tuvo que volver a competir… ganó con un mole.  Los cuatro concursantes debían hacer un mole.  Es decir, desde moler los chiles…  Otra vez, yo que vivo en los fogones, me avergoncé terriblemente… ¿Cómo se hace un mole? Lo mexicano que tanto vilipendiamos.

En la final Bertha López cocinó un sope… Exacto, un sope como entrada en un menú de 5 tiempos que sus compañeras hicieron pretensioso, digno de un restaurante de lujo, europeo. En lugar de utilizar “maigret” de pato, Bertha hizo un sope de papa, chorizo y rajas de poblano…

El juez invitado, que tiene un restaurante súper famoso en Madrid, dijo que le recordaba el sabor de un pueblo.

Eso, el sabor de un pueblo llevó a una humilde campesina convertida en sirvienta a ser el “Master Cher México 2016”, o la mejor cocinera…

Quienes no cocinan por necesidad o por costumbre, hombres y mujeres fanáticos del horno de microondas y la comida congelada, de las hamburguesas, de la comida chatarra, harían bien en preguntarse qué es la comida mexicana, cómo nos significa, qué dice de nosotros como Nación.

Y el presidente Enrique Peña Nieto debería promover no el consumo de los platillos mexicanos, sino la difusión de sus técnicas. Hacer tortillas debería ser un aprendizaje gozoso para miles de mujeres, como ritual que pone en tus manos lo mejor de nuestra idiosincrasia. Si perdemos eso, habremos perdido mucho de lo que nos define como Nación.

Esta Navidad, este fin de año, cocinemos algo, un plato, un bocado, que nos diga que podemos estar orgullosos de nosotros…
En Twitter: @isabelarvide

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