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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • Con la gracia de la gran crisis, feliz año 2017

¿Hubiese pasado algo si el “gasolinazo” tuviese otro inicio?

Es decir, si en lugar de comenzar el primero del año, hubiese sido el 15 de enero…

Porque programarlo para, justo, el primer día del año echó un gigantesco balde de agua helada sobre las festividades de todos los mexicanos. Inundó de pesimismo una fecha que, tradicionalmente, viene acompañada de esperanza.

Es como si hubiese una intencionalidad perniciosa en el Gobierno. Lo que no podemos admitir si usamos la más elemental lógica. O, en su caso, si recordamos las palabras de Enrique Peña Nieto de que no se levanta “pensando como joder a los mexicanos”.

Lo cierto es que parece, así se siente, que el aumento al precio de la gasolina es un acto intencional, un agravio de parte del Gobierno contra la sociedad mexicana.

Y éste es el elemento más peligroso.

Porque sucede cuando el primer mandatario está en los niveles más bajos de aceptación, cuando existe una inmensa irritación social, cuando Donald Trump está a punto de tomar posesión de la Casa Blanca con su caudal de amenazas contra los mexicanos.

No han sido unas vacaciones comunes. No ha habido otra noticia, otra conversación, otro temor, otro pesimismo que el aumento a las gasolinas.

Para empeorar una realidad terrible, las palabras oficiales no explican lo suficiente las razones para este “aumento” manicomial de precio. El señor del Banco de México -que ya abandonó la nave que parece hundirse-, Agustín Cartsens, afirma que habrá un aumento de precios, una inflación y muchos problemas.

Y los dueños del dinero advierten, enojados, que el litro de gasolina podría llegar a costar treinta pesos… La catástrofe para todos quienes tienen que utilizar su automóvil para transportarse, para trabajar, para ir a la escuela.  Para todos aquellos que no tienen el transporte público que se merecen.

Para todos los que deben comprar pan o leche que se transporta por miles de kilómetros hasta sus poblaciones.

Como si no fuese suficiente con todo lo que se habla en todas las mesas.

¿Dónde está la palabra de esperanza? ¿Dónde guardó este Gobierno sus fórmulas de optimismo?

La sociedad se siente abandonada como pocas veces en la historia reciente.

Esa es la diferencia brutal de otras, graves, crisis que hemos vivido. El sentimiento de orfandad.

Con absoluta razón, con gran sentido del tiempo político, Andrés Manuel López Obrador ha salido a decir que tenía razón en oponerse a la reforma energética. Y que sus diputados no votaron por este “gasolinazo”. En contraste, grotesco por cierto, el titular del CEN del PRI hizo declaraciones infantiles que pretenden sostener este aumento.

No se vale decir que “es por nuestro bien” o que “los hijos nos lo agradecerán”. El Gobierno de la República está en falla en la comunicación de sus motivos, y en inmensa falla en encabezar una respuesta inteligente, eficiente a la gran crisis que se avecina.

Podría, por ejemplo, no haberse fotografiado en el campo de Golf… Por aquello de la sensibilidad social tan lastimada. Podría hacer cambios, podría encontrar alguna fórmula mágica para que los precios no subiesen lo que prometen hacerlo.  Para cuidar la economía familiar de tantos millones de mexicanos. Podría decir que lo intenta. Podría contratar a expertos en comunicación que tradujesen –exacto, tradujesen- sus buenas intenciones hasta hacerlas ciertas.

No se trata de la derrota anticipada del PRI, que ya quedó establecida, sino de una derrota nacional que puede arrastrar mucho de lo que hemos avanzado. ¿Cómo se puede gobernar frente a millones de gobernados enfurecidos, que se sienten agraviados, que son enemigos a priori de cualquier política pública?

Los mexicanos tenemos la capacidad de sobrevivir a muchas crisis. Hemos vivido los últimos cincuenta años inmersos en diversas crisis, de todo tamaña y trascendencia. Nos hemos aferrado a la esencial y hemos aprendido a poner ladrillos de solidaridad con disciplina. Hemos echado más agua a todas las ollas de frijoles a imaginar.

Lo que no hemos vivido es una crisis económica junto a una crisis de la institución presidencial.

Con esta suma, peligroso y aterradora, debemos comenzar un año nuevo imaginando que hay una salida…
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