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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • ¿Qué hizo el Gobierno para merecer tanto rechazo social?
  • El peligro del justificado enojo de millones de mexicanos

¿Cómo puede gobernarse un país donde millones, mayoría, se sienten directamente agraviados por las políticas públicas?

Ese es el gran dilema.

Que los aumentos en los precios no se perciben como una medida necesaria o, siquiera, correcta.

Que millones de mexicanos sientan que este Gobierno, el que eligieron, actúa en su contra.

Junto con el “gasolinazo” avisaron, así como quien va pateando una lata en la calle: avisaron que la luz va a volver a aumentar. Tres o cuatro por ciento.

Esto quiere decir, sin ningún atemperamiento, que en las regiones del país donde utilizar aire acondicionado y ventiladores, donde se recibió el Año Nuevo con 30 grados de temperatura, se van a pagar muchos miles de pesos más. ¿A quién le va a alcanzar? Ni siquiera al primer mandatario, si viviese de su sueldo.

¿Cuánto cuesta, nos cuesta a millones de mexicanos, la luz de Los Pinos? Porque, obviamente, no entra en las tarifas de “bajo consumo”.

Esa es la realidad que la sociedad percibe, entiende, recibe como un agravio.

Con 80 pesos no se come. O se mal come, se mal viste, se mal vive en todo sentido. Muy mal, mucho muy mal. Y esos son los asalariados.

La clase media se despertó este primero de enero de 2017 empobrecida. Y el día dos, con el anuncio del aumento al precio de la luz, se empobreció todavía más, y así siguió el día tres que fue al mercado… hasta que su enojo se convierte en una furia sin límite.

¿A quién le interesa la explicación de los precios mundiales del petróleo, de la crisis financiera mundial? Ese es el mundo. Nosotros vivimos en México. Rodeados de gobernadores acusados penalmente de utilizar miles de millones de pesos en su propio beneficio, encarcelados o prófugos por delitos que cometieron con total impunidad el tiempo que estuvieron en el poder. ¿Cuánto de ese dinero fue a campañas políticas? Tal vez menos que la cantidad que piensa la gente.

¿De dónde saldrá el dinero para las campañas políticas en el Estado de México, en Coahuila, en Nayarit este año?

El Gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto es priísta. Y por tanto, el enojo social, ese “malhumor” que tan mal han medido en Los Pinos, está dirigido por igual al partido en el poder que a quienes nos gobiernan. Personas, con nombre y apellido, son lapidadas literalmente cada día. No solamente en redes sociales.

¿Algo cambiaría si Enrique Peña Nieto renunciase a la Presidencia de la República, utópicamente hablando? Supongo que no. Pero hoy por hoy millones de mexicanos lo tienen en un altar de villanía. Es el gran responsable, el culpable mayor cuando no alcanzan los centavos para enfrentar los primeros días de enero.

Y será, todavía más, el gran culpable cuando este enero traiga las cuentas por pagar, los abonos a las tarjetas de crédito, el agua, la luz, las colegiaturas, lo que habrá aumentado como si existiese una fórmula mágica para ganar más dinero.

El pueblo, esa entelequia que los políticos utilizan en todos sus discursos, se siente, se sabe “huérfano”, totalmente abandonado por sus gobernantes. De ahí a transformar su enojo en algo todavía más grave, hay un paso.

¿Recordamos cómo nos sentimos hace 23 años cuando amanecimos con la noticia de que en Chiapas había estallado una guerra? Recordemos.

En Oaxaca, donde hay miseria y más miseria y más miseria, un “junior” que niega hasta su padre, que oculta su apellido Murat, que se presume amigo del presidente Peña Nieto, regala más de trescientos millones de pesos al año a delincuentes que han empobrecido a los oaxaqueños con su violencia, a maestros que no dan clases, a chantajistas del poder. Recordemos la guerra de Chiapas. Recordemos que los pueblos, la gente, los que menos tienen, los que más pierden cada quincena, están muy enojados. Están muy enojados contra el Gobierno, contra las instituciones democráticas que nos
gobiernan.

Cuando en las calles de París había ya una revolución, cuando el pueblo estaba harto y pedía “pan”, en el palacio del poder contestaron que comieran “biscochos”. Hoy el líder, o como quiera que se llame al impuesto Ochoa Reza con su colección millonaria de pinturas, el líder del PRI declara que el aumento a las gasolinas es “a favor de nuestros hijos”.

No entender, no ver siquiera la dimensión del enojo social, es muy peligroso…
En Twitter: @isabelarvide

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