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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • El discurso equivocado, la estrategia errónea, la respuesta social brutal
  • ¿Qué hacemos con el México bronco, más disparos al aire?

El error vino imbricado en la forma, en “adjuntar” el tema del aumento de precio de la gasolina a un anuncio formal de cambios en su equipo de trabajo. De entrada, con esto, pareció que era un asunto “menor”, que debía mencionarse de “pasada”. Cuando millones de mexicanos estaban pendientes de las palabras presidenciales desde el día primero, esperando una palabra, una esperanza, un cambio, cualquier cosa que aliviase su enojo.

Cierto que poco podría haber dicho el Primer Mandatario para resolver la gran crisis del “gasolinazo”, pero de lo poco no hubo siquiera una palabra. Porque la sentencia más grave, la que definió el fracaso de cualquier efecto positivo de las palabras presidenciales fue decir, declarar, que el aumento obedece a los precios internacionales de la gasolina, a su aumento.

Y ahí, en ese instante, millones de mexicanos se quedaron helados. Porque en Estados Unidos, por citar el país vecino, la gasolina cuesta considerablemente menos que en México. ¿Estaba mintiendo? Seguramente no. Hay países donde se vende más cara. Pero millones de mexicanos no tenían humor para escucharlo.

Millones le tienen la peor voluntad al presidente Enrique Peña Nieto. Desaprueban a priori lo que dice, lo que hace, hasta que juegue golf. Le agarraron “manía”. Y esto está mezclado en la entraña de la respuesta social al tema del aumento a la gasolina.

Como, también, está inmerso en la incapacidad oficial para explicar las razones del “gasolinazo” que se presenta como una medicina amarga sin mencionar cuál es la enfermedad, ejercicio que se hace a sabiendas que no va a haber buena recepción. En estos afanes de comunicación se desgasta José Antonio Meade, que ya nos salió con los “errores de atrás”, ya escupió para arriba…

Cuando el Primer Mandatario dijo que no querían aumentar la gasolina pero que tuvieron que hacerlo… no estaba explicando nada. Cuando afirmó que comprende el enojo social, tampoco estaba encontrando el lenguaje que los muy “enojados” querían escuchar. Era, la suya, una comprensión sin traducción social.

El revire de la Coparmex fue inmenso. Reproduzco textual lo que dijo su líder, Gustavo Hoyos: “El Gobierno mexicano ha pedido a la sociedad ser más compresiva, pero ¿en qué momento veremos anuncios del Gobierno sobre planes de austeridad en el gasto, de disminución del gasto corriente, de disminución de los privilegios para los servidores públicos, de castigo directo y severo a la corrupción?…”.

¿Qué va a pasar? Tenemos una peligrosa conjunción de realidades que disturban nuestro entorno, en todo el país, una suma de desencuentros y una gran cantidad de furia, ira, indignación dirigida al Gobierno.

Tenemos, como nunca antes, manifestaciones, plantones y saqueos en toda la República. Una cuerda floja que incita a la violencia del Estado, a la represión. Tenemos a policías que disparan… al aire. Tenemos una presencia en redes sociales de mensajes falsos que provocan pánico.

Todo esto nubla cualquier entendimiento.

¿Cómo debió responder el Gobierno de la República ante esta crisis? Mucho se podría aventurar, decir, señalar. Lo cierto, es que sus respuestas no han logrado eficiencia en apaciguar el encono nacional.

Ni las del presidente Peña ni las de José Antonio Meade. Porque a final de cuentas, lo que estamos confrontando es un impuesto. ¿No pudieron prever qué iba a suceder a partir de este 1 de enero del 2017? ¿Se discutió lo suficiente en el Congreso? ¿Por qué se aprobó casi de noche una medida que iba a afectar a millones de mexicanos, que agravia, que enoja a un pueblo ya muy agraviado, ya muy enojado? ¿Era indispensable? ¿Tenía que hacerse de esta manera?

Los gobernadores, priístas, panistas y el del Verde, se quejan de no haber sido consultados. Expresan su enojo contra la medida. Es decir, opinan, expresan, cuestionan al Gobierno. Lo mismo hacen los señores de la Coparmex. ¿Y millones de mexicanos que no tienen suficientes ingresos para llenar los tanques de gasolina de sus ve-
hículos? ¿Y los transportistas, y los demás… cómo esperan que griten su enojo?

A esto habrá que agregar el aumento en las tasas de interés, en las rentas de casa habitación, en la luz, en la comida, en el transporte público…

¿En la Corte francesa comprendían, en su momento, el enojo de su pueblo, o creyeron que debían comer biscochos si no había pan? No hay peor ciego que el que no quiere ver…
En Twitter: @isabelarvide

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