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Sin gafete en república

  • Isabel Arvide

¿Quién está anunciando que la gasolina aumentará 20 por ciento?

¿Quién se olvidó de la esperanza?

El Gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto parece empeñado en restregar realidades negativas a los ciudadanos.

¿Cómo vivir la alegría de las fiestas decembrinas si Enero ya nos aplastó?

La inflación, o el simple aumento de precios, afectan las mesas de todos los mexicanos. Igual quienes acudieron a comprar bacalao que aquellos que se aferran a los productos básicos, hacer la “compra” en cualquier mercado cuesta mucho más. Utilizar tarjetas de crédito es suicida. Los abonos de automóviles o departamentos aumentaron. El precio de la luz, cada día en aumento, opacó cualquier guirnalda de luces navideñas.

Es la realidad, parecen decirnos con un empeño muy eficiente. No son las “cosas buenas” que no se cuentan, sino la cuenta del horror que nos agobia con mayor fuerza cada día.

Hasta Carstens, con las maletas hechas, advierte que solamente estamos viendo los “cortos” de la película de horror que protagonizará Donald Trump. Las predicciones del dólar incontrolable son más catastróficas que cualquier pesadilla. Y el general Cienfuegos con sus dos manos levantadas…

¿Qué estamos viviendo este diciembre? No el final de un “annus horribilis”, sino el inicio de una crisis todavía mayor que no nos abandona hace ya varios sexenios.

¿Cómo encararlo? ¿De dónde tomar optimismo?

¿Cómo confiar en nuestras autoridades?

Si Peña Nieto hubiese abierto Los Pinos para una posada popular… por decir algo. Si hubiese tenido un gesto dramático que enviase el mensaje de paz, de confianza, de esperanza que tan desesperadamente necesitamos.
LA IRRITACIÓN SOCIAL

A esa entelequia, que algunos se empeñan en negar, le habla Andrés Manuel López Obrador. Le habla Miguel Ángel Yunes en Veracruz. Le habla Miguel Mancera en el Zócalo de la capital del país.

¿Quiénes más?

López Obrador ha encontrado la coyuntura política perfecta.  La “madre de todos los enojos” para montarse. Ahí despotrica contra lo mismo, pero con un tono más mesurado. Y va remontando.

A los enfurecidos les habla Miguel Mancera con una cena navideña gratuita para miles…

Sí, unos cuantos miles pero que en el balance del enojo nacional suman muchos.

¿Dónde está la palanca mágica para sacarnos adelante?

Doquiera que esté, no es en las oficinas del Gobierno Federal. No está ahí porque los cambios que nos anuncian contribuyen a la pesadilla interminable. ¿Luis Videgaray como respuesta mexicana a la agresión permanente, al peligro continuado de la presidencia de Donald Trump?

¿Es posible reciclar, una vez más, a Claudia Ruiz Massieu?  ¿La ex secretaria de Turismo puede encabezar a la Cultura Mexicana, sin presupuesto, con todos los intereses de grupitos ahí vigentes? ¿A qué hora ha podido convertirse en experta en literatura, pintura, cine, ópera, música?

¿Ese es nuestro triste destino?

¿Y el Estado de México con un gobernador que se fotografía presumiendo sus hospitales junto a las víctimas quemadas? ¿Y Coahuila entre los hermanos Moreira? ¿Y el PRI con Enrique Ochoa Reza fustigando un día y al siguiente aplaudiendo a los mismos?  ¿Y los fugitivos que son buscados?

Vaya que los romeritos de este año han sido amargos.

¿Qué hacemos, qué podemos hacer millones de mexicanos para afrontar con valor lo que se nos viene? Queremos líderes sociales. Queremos encontrar una rendija de esperanza y este diciembre no ha sido propicio.

Imaginar, imaginar, imaginar que podemos cambiar este país, esta realidad…

Imaginar, imaginar, imaginar que somos guerreros valientes que sabremos ganar las batallas que se avecinan…

Imaginar, imaginar, imaginar que bajo el árbol de Navidad tenemos un regalo de inmensa capacidad social para vencer, una vez más, la gran crisis…

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