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Sin gafete en República

  • Isabel Arvide

La situación grave es la de Roberto Campa 

Más allá de no entender el problema de los periodistas, perdió la confianza

¿En verdad pensó que podía calificar a la ligera la situación de violencia e indefensión de los periodistas mexicanos?

El subsecretario de Derechos Humanos, responsable de la protección a periodistas, Roberto Campa, perdió lo poco que le quedaba de aceptación en el gremio. Lejos, muy lejos quedaron los días en que era un funcionario, incluso un candidato, a quien los periodistas, por tanto los medios, veían con agrado. Con “buena disposición”.

Su paso por la Subsecretaría que, todavía encabeza, no podía ser peor. Lástima que no haya con quién comparar, como hizo él en referencia a la violencia contra periodistas a final del sexenio de Fox o durante el sexenio pasado contaminar, políticamente, un tema tan delicado es, además, de mal gusto.

Buen empleado de sus patrones priistas, Campa Ciprian no tiene empacho en caer en cualquier ignominia para intentar justificar sus incapacidades. Suyas y del gobierno. 35 periodistas asesinados le parecen poco
¿cuántos tendrían que ser para ser valorados?

Desafortunada entrevista dada a El Universal. Innecesaria desde todos los puntos de vista. Tal vez intentando provocar “ruido”, sabedores de que el New York Times iba a publicar su reportaje sobre espionaje gubernamental.

“Es una realidad que venimos arrastrando hace tiempo” dice Campa. Por lo tanto, igual que sucede con las miles de mujeres víctimas de violencia de género, hay que ignorarla. Total, es una “realidad”. Qué vergüenza inmensa que, oficialmente, asuman con esta frivolidad el asesinato de los compañeros periodistas.

Lo peor vino cuando afirma, en dicha entrevista, que a los periodistas los matan porque al escribir toman partido por uno de los grupos en discordia… Imposible comentar esto. Faltan adjetivos.

Equivale, casi, a decir que a una mujer la matan porque es mujer…

¿Qué deberíamos hacer los periodistas? ¿No escribir? ¿No respirar? ¿No lamentarnos por la muerte de nuestros compañeros? Supongo que el silencio le sería mucho más cómodo al gobierno, que pena que Roberto Campa encabece esta posición.

O sea que con no escribir…

La única parte rescatable de la entrevista, mea culpa inmenso, es cuando Roberto Campa asevera que la falla principal de la oficina bajo su mando es “no haber sido capaces de ganar la confianza de los periodistas”. Lo que es totalmente cierto. ¿Por qué íbamos a confiar en un mecanismo de “protección” que no es tal? ¿Por qué íbamos a confiar en personas que no son de confiar, precisamente? ¿Por qué íbamos a confiar en quien cuida las razones políticas, de conveniencia y no, en ningún momento, las obligaciones legales?

Porque obligación legal es darle curso a las quejas. Es proteger a los periodistas. Es cuidar de la integridad de los defensores de Derechos Humanos. Y lo que sobra son ejemplos de que esto, justamente esto, es lo que no hacen.

Situación más que grave a la que debemos agregar la impunidad. A los periodistas los matan porque al gobierno y a las instituciones de justicia, no les interesa investigar, detener, castigar a los asesinos. Y esto es una realidad repetida. ¿Qué explicación puede dar Campa al respecto, que estamos mejor que en Uganda, por citar alguna nación? ¿Qué estamos mejor que hace 100 años?

Dice, también Campa que en los estados no han sido capaces de ver los focos rojos del riesgo de periodistas
¿Y en su oficina? O alguien piensa que un celular, llamado “botón de pánico” que sirve para que acuda en tu “auxilio” la misma policía coludida con criminales, es una acción eficiente

De pena ajena.

Ahora habrá que agregarle a su cuenta de pendientes con la sociedad, con los periodistas, de por sí grande, el asunto del espionaje telefónico del gobierno. ¿Alguien cree que Campa, en su oficina estará dispuesto a “proteger” a los periodistas de un supuesto espionaje del mismo gobierno, que es ilegal?

A los periodistas, con ayuda de Campa, no nos están dejando sino las instancias internacionales de protección a periodistas y de defensa de Derechos Humanos. Vaya que ahí sí que habrá quejas, y por tanto también respuestas.

De todo esto se desprende que Roberto Campa nunca había estado tan mal como ahora, y vaya que es difícil decirlo frente a quien tiene una larga carrera política

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