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Sin gafete en República

  • Isabel Arvide

– País de madres jefas de familia

– El amor filial

Somos un país donde las mujeres educan y/o mantienen a sus hijos. Donde la figura materna es todo, para bien y para lo que se ofrezca. Madres sagradas, madres mentadas rutinariamente.

Por lo tanto, la festividad del 10 de mayo no es algo a ignorar.

¿Pero qué es, en realidad, el amor materno tan celebrado?

Mi madre, al cumplir 90 años, era interrogada por los más jóvenes de la familia sobre su longevidad, y el destino de su vida… a lo que respondió que no había hecho nada sino tener hijos.

Después de la sorpresa inicial, y frustración para mis tías presentes, ya que más de 60 años compartidos con mi padre no eran el motivo de su vida, yo entendí la maravilla de su expresión. Mi madre, la generación del 20, del inicio del siglo pasado, hizo lo que le ordenaron naturaleza y sociedad, que hiciera: tener hijos.

Y lo hizo como tal, como cumplir una orden superior gestada en el universo. Nos tuvo, nos educó, a trompicones. Sin leer libros al respecto, sin hablar con un terapeuta, sin entrar a foros especializados. Sin saber si debía explicarnos o dejar de, si tenía que ser amorosa o estricta, si tenía que ayudarnos en las tareas o ignorarlas.

Lo hizo con una fuerza inmensa que mueve a la humanidad. Simplemente, la dejó ser en ella.

Mi generación, la de los 50s del siglo pasado, llegó a la maternidad como algo voluntario, igual gozoso que aterrador. Con una cruz inmensa a la espalda de quien quería, también, tener un espacio productivo.

Cuando pusieron a mi hijo en mis brazos, tanto dolor implícito en el acto de dar vida, entendí esa fuerza espeluznante y deslumbradora que nunca me iba a abandonar: el amor materno. Esa infinita responsabilidad que te empalma al fondo de tu propia historia, que instala la angustia como parte de tu tiempo con ese otro ser humano que debes, tienes que resguardar de todo para el resto de tu vida.

Es, en verdad, una fuerza vital abrumadora que no te abandona frente al adulto, a quien sigues preguntando una y otra vez si está bien…

Mi nuera Carolina, generación de los 80s del siglo pasado, llegó a la maternidad cargada de dudas y certezas innombrables, sabia y conocedora de todo lo que debe hacerse y dejar de decirse.

Educa a mi nieta en principios de igualdad y libertad, atiende su desarrollo con extremo cuidado como quien debe aprobar un doctorado muy complicado. A diferencia de mi madre, tiene todos los manuales, libros, terapeutas, expertos ya caminados.

Ella no la educa como hicieron con nosotros, a trompicones de ignorancia, pero en cada acto, en cada presencia suya sosteniendo la mano pequeña, está la misma fuerza apabullante del amor materno, esa fuerza que en nuestro país ha permitido que sobrevivamos a todas las crisis.

Quienes inventaron el día de la madre estaban tratando de comunicarnos, a su manera, esto. Que es la fuerza del amor materno lo que soporta economías y sociedades, lo que ha dado paredes a nuestro país, muros que lo protegen de todos los males de su propio interior.

Son las madres quienes sostienen, mágicamente, hogares donde el pan es poco, donde los zapatos se heredan. Son ellas, las madres que tuvieron hijos como cumpliendo un designio superior, y también las madres que tuvieron hijos conscientes, libres y en plenitud de facultades, quienes permiten que el país sobreviva a las peores decisiones de los peores gobernantes.

Son las madres quienes le han dado verdadera sustentabilidad a nuestro desarrollo como nación, y son, también, las madres quienes recuerdan los horrores de la violencia, de las desapariciones, de las muertes que tenemos obligación de
terminar.

Esa fuerza del universo, tan perturbadora y rotunda, que borra todo lo que creías saber, es la que sostiene a nuestra sociedad.

Eso es lo que debemos festejar este 10 de mayo.

En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx