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Sin gafete en República

  • Isabel Arvide

Cada lunes, el secretario de Comunicaciones y Transportes cita a desayunar a sus colaboradores, el motivo principal que escuchen “sus avances” en los medios de comunicación. Que vean de qué manera pueden cooperar para que su persona sea cada día más popular.

Por eso, también, deben escuchar gritos, manotazos y exabruptos cuando las cosas no marchan, en su imaginario personal, como debieran. Lo que más lo enoja es que sea el primer mandatario, Enrique Peña Nieto, quien se luzca en las giras para inaugurar o anunciar obras de esa Secretaría.

Eso sí que lo pone fuera de todo contexto. Y el pobre titular de comunicación social tiene que aguantar gritos e insultos, delante de todos. Su principal encomienda es que sea él, Ruiz Esparza, quien aparezca en las fotografías y, sobre todo, importantísimo que las cámaras de televisión lo enfoquen.

Su coraje, grande, lo han escuchado hasta el cansancio sus colaboradores, es que el presidente Peña Nieto “aproveche” un evento de la Secretaría para dar un mensaje de otro tema, que obviamente los coloca en un segundo plano, o los desaparece del entorno noticioso.

Además de “medir” su imagen en medios, otro tema de rigor en los desayunos es el subejercicio presupuestal que Ruiz Esparza quiere que desaparezca totalmente, por lo que suele enojarse cuando no les han pagado a quienes ni siquiera han entregado factura.

Otro asunto que le molesta, vaya que es delicado, es que los diputados o senadores acudan con “peticiones”.

Hace pocas semanas, Emilio Gamboa Patrón le pidió que recibiera a un grupo, grande, de senadores que querían exponerle temas relacionados con su Secretaría, caminos sobre todo que en sus distritos les han pedido.

El encargado de aterrizar dicha reunión, Emilio la quería en el Senado, Gerardo Ruiz se negaba, era un director general que tenía, justamente, a su cargo el enlace institucional.

Este director, que se llama Mario de la Vega, y es hijo de Jorge de la Vega Domínguez, arregló que el encuentro fuese en un hotel cercano al Senado. Cuando el lunes siguiente, en su desayuno “viaje de ego” semanal, le preguntó por el evento, éste le informó.

Y Ruiz Esparza se volvió loco. Golpeó con toda la fuerza la mesa y comenzó a gritarle. Lo llamó, textual, “deforme de la mente”, y otros insultos más.

Su enojo es que, a su decir, le había ordenado que el encuentro, desayuno, fuese lo más lejos del Senado… Y no había cumplido.

¿Por qué tenía que realizarse lejos del Senado, cuando Emilio Gamboa quería que fuese en la sede oficial? Muy simple, así lo expresó frente a todos: De la Vega se había equivocado, ahora los senadores asistirían y le iban a hacer peticiones… lo que lo molesta en grande.

Mario es un hombre que ha crecido en la educación, en la discreción, en la amabilidad, por eso en lugar de responder sus insultos y gritos públicos, esperó hasta el día siguiente para enviarle su renuncia.

El fondo de todo es que Ruiz Esparza se siente, así lo saben sus colaboradores, presidenciable. Por eso, les pregunta insistente cómo lo vieron durante la semana, cómo vieron sus apariciones.

Basta revisar la página oficial de la Secretaría para ver que todas las fotografías lo incluyen, así hayan tenido que correr hacia al extremo a la figura presidencial que, por lo tanto, siempre aparece como en una esquina.

Vaya que le salió “respondón” el colaborador a Peña Nieto, a ver si le reclama a Alfredito del Mazo que se lo recomendó…

En Twitter: @isabelarvide

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