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Sin gafete en República

  • Isabel Arvide

– Ahora sigue Los Pinos

– En Quintana Roo, el candidato del pri ofrece donar casa de Gobierno a la universidad

Llevamos seis semanas escuchando a candidatos a gobernador, presidente municipal y diputaciones locales repetir las mismas frases gastadas y sin sentido.  Que van desde la incorporación de las mujeres a la vida productiva hasta hospitales, pasando por mayores oportunidades para los jóvenes.

Los mismos discursos que cada cuando se vuelven “virales”, provengan del partido que sea.  Todo a cambio de un voto.

Por eso, también, medio a escondidas se reparten gorras, camisetas, mochilas, despensas, lo que sea para “convencer” a una sociedad que está agraviada y escéptica.

En Quintana Roo, Mauricio Góngora, candidato priísta, ha hecho ofrecimientos que están insertos en el sentido común. Algo completamente ausente de las campañas electorales.  De éstos sorprende, cómo no se nos ocurrió antes, su compromiso de no vivir en la Casa de Gobierno.  Símbolo de ostentosidad y gasto superfluo, que cumple el sentido de comunicar que el gobernador es un hombre por encima de los demás, con prerrogativas que, casualmente, pagamos esos “demás”.

La Casa de Gobierno de Chetumal, como la de Villahermosa, la de Puebla, por citar unas cuantas, cuesta al erario un mínimo de 500 mil pesos al mes, entre empleados, mantenimiento, aire acondicionado, jardinería y despensa.

¿Alguien quiere imaginar cuánto cuesta vivir en Los Pinos?  ¿Cuánto dinero cuestan las “casitas” que cada sexenio se remodelan, las oficinas, los empleados, la infinita seguridad? Hasta alimentar a las ardillas que pululan por sus jardines, nos cuesta. Nuestros impuestos pagan los chilaquiles que se desayunan, por decir lo menos.  Recordemos aquellas sábanas de miles de pesos que tanto le gustaban a Marthita…

¿Por qué debemos pagar todas las comodidades, excesos de los gobernantes?

La Casa de Gobierno en Chetumal tiene una extensión digna de un fraccionamiento de interés social, alberca, palapa de eventos, varias salas, un comedor inmenso que no debe usarse casi nunca, jardines, garaje para docenas de vehículos.  Se construyó en el sexenio de Jesús Martínez Ross quien no llegó a habitarla.

Mantenerla en tiempos de austeridad era una ofensa a cientos de miles de quintanarroenses que trabajosamente poseen un ventilador y/o una hamaca.  Por eso, al decidir no vivir en ella, y cambiar su utilización para que sean los estudiantes quienes la disfruten como un centro de estudios, un gran deportivo, muestra dos virtudes poco comunes entre los políticos mexicanos: sentido común, y un sentido de su propia dimensión humana, común, mortal como el resto.

Que Mauricio Góngora no necesite una Casa de Gobierno fastuosa para vivir, donde los ciudadanos paguen hasta por el papel de baño que utiliza, es un ejemplo a seguir.  Primero por los candidatos a gobernador, y luego por quienes aspiren a gobernarnos el próximo sexenio.

Gastos que se elevan al cielo, se multiplican al infinito con cada cambio de inquilino.  En casa no cambiamos las cortinas y, sin embargo, estamos pagando cortinas de seda o de bambú según el gusto sexenal vigente.

Porque, además, luego nos enteramos que nuestros políticos viven en mansiones. Que los gobernantes tengan un techo semejante al de millones de ciudadanos, haría que perdieran menos el piso.  Que supieran cuánto cuesta pagar a un jardinero o llevar comida a la mesa.

Y, dejar Los Pinos como residencia oficial de los Presidentes, traería otra infinita ventaja que es situarlos en la caótica, irresoluble Ciudad donde transitar es una hazaña, donde llegar a la oficina puede llevar horas. Si el primer mandatario tuviese que ir de su casa a Palacio Nacional, donde imagino que  todavía están sus oficinas, seguramente conocería los problemas de millones de ciudadanos.  Tal vez, valga imaginarlo, también haría algo para solucionarlos.

Por lo pronto Góngora ya puso el ejemplo, es momento de que dejemos de pagarles el papel de baño a quienes dicen gobernarnos…

En Twitter: @isabelarvide   Blog: EstadoMayor.mx