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Sin gafete en República

  • Isabel Arvide

– Una buena de Peña Nieto

– A reconocer su valentía

Enrique Peña Nieto fue educado en valores de la religión católica, con total apego a convenciones sociales muy arraigadas.  De ahí, que no sorprendiese verlo comulgar en la misa que el papa Francisco ofreció en la Basílica de Guadalupe.  Expresión de congruencia que hizo que más de uno, republicano a ultranza, levantase la ceja con malestar.

Con esa misma transparencia, que es también congruencia, Peña Nieto, Presidente de la República, envió al Congreso una iniciativa de Ley que legalizará el matrimonio entre personas de un mismo sexo.

Lo que supone un cambio brutal.  Y convierte a nuestra legislación en esa materia en una de avanzada.

Ya en la Ciudad de México, bajo el gobierno de Marcelo Ebrard, se impuso esta libertad.  Que viene a dar certidumbre legal a la manera en que han elegido vivir, unirse, hombres con hombres y mujeres con mujeres.

Se dice fácil.  No lo es.

En una sociedad tribal, arcaica, plena de prejuicios, homofóbica como la mexicana, esta iniciativa de Ley rompe con muchas formas de concebir el poder público.

Cuando Enrique Peña Nieto envió esta iniciativa de Ley al Congreso tuvo que estar consciente que sectores conservadores iban a querer quemarlo en leña verde, que la jerarquía eclesiástica iba a oponerse.  Tanto como el mismo PAN.

Y sin embargo lo hizo.  Con todo lo que significa.  Se necesita valor. Peña Nieto demostró tenerlo.  Habrá que reconocérselo, al mismo tiempo que apoyarlo.

A final de cuentas la preferencia sexual de nuestros vecinos, amigos, familiares, no tiene que ser importante.  Lo que debemos privilegiar es un país, una sociedad de leyes donde todos tengan un espacio.  Ser incluyente debe de ser un valor sinónimo de lo mexicano.

Porque ser incluyente es la mejor expresión social que podemos enseñar y vivir.  Se traduce como la capacidad de aceptar, con respeto, lo que es distinto en el otro, en todos los otros que conforman junto a uno, la sociedad mexicana.

La iniciativa de Ley de Peña Nieto en este sentido es de infinita avanzada. Es un cambio hacía la modernidad de la que estamos tan urgidos.  Es, también, una expresión de inteligencia, de entendimiento del Primer Mandatario hacía la realidad.  Lo que es invaluable.

No creo, aseguraría incluso, que Enrique Peña Nieto tenga preferencias homosexuales… por eso, porque no es algo que le sea inherente a su naturaleza, es importante que haya decidido que las leyes vigentes deban cambiarse.  El que Gobierno, cuanto más si gobierna en Los Pinos, tiene que pensar en lo que resulta mejor para otros, para quienes son distintos a su persona, para quienes no tienen relación alguna con su entorno personal o sus creencias.

En su momento, lo he escrito antes, Felipe Calderón Hinojosa gobernó como un mandatario liberal, haciendo a un lado la fuerza inmensa de la jerarquía de la Iglesia católica.  Lo que fue excepcional porque, todos los sabían, Calderón es un hombre de grandes creencias religiosas.  No gobernó siguiendo su propia fe sino aquello que debía hacerse.

Esto mismo es lo que tenemos que reconocerle a Enrique Peña Nieto.  Al católico, educado en apego inmenso a convenciones sociales tradicionales, al Mandatario que no tiene empacho en comulgar públicamente.  Su iniciativa de Ley sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo ha disgustado a esa Iglesia, a esa sociedad.

Lo que no logró detenerlo, por aquella norma que los gobernantes parecen olvidar frecuentemente: Buscar el bien común, por encima del particular.

La nuestra, será una sociedad más abierta, más libre, más igualitaria por la iniciativa de Ley de un Presidente valiente para romper esquemas anquilosados.  Hay que felicitarnos por ello, hay que reconocerle a Peña Nieto su valor…

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