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Sin gafete en república | Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

En este mes se decidió “celebrar” a la mujer… como si fuese un monstruo distinto al hombre. O una víctima.

Festejo que no ayuda, en lo absoluto, a la igualdad tan buscada. Que quiere decir no ser discriminada por motivo de sexo. Punto. Nada más, nada menos.

Si las mujeres piensan que necesitan “consideraciones especiales”, están equivocadas. Se trata, únicamente, de que no se cierren las puertas. Que el talento, el trabajo, el tesón, las capacidades, sean suficientes para poder acceder y ascender en la vida.

Cuando hablamos de salarios diferenciados a mujeres, es que existe una discriminación que debe combatirse. Cuando hablamos de “cuotas” en puestos de elección popular, estamos muy equivocados. Esa “mitad” obligatoria denigra a la mujer, a su profesionalismo.

Y provoca, además, que se les coloque en puestos secundarios o que vayan de membrete en una papeleta electoral. Lo que muchas aceptan.

Junto a eso hay casos que merecen publicitarse porque agravian a lo que cientos de miles de mujeres han peleado, a lo largo de muchos años, para ser consideradas iguales a los hombres.

Arlet Mólgora era una funcionaria equis del Gobierno del Estado de Quintana Roo, bastante mediocre, casada con el rector de una universidad politécnica, pequeña, en Bacalar… donde fue acusado de robarse el presupuesto. Pero eso no importó, se necesitaba completar la plantilla…

La señora Mólgora, que parece anoréxica como casi todas las políticas locales que se operan para adelgazar, no tenía idea de una campaña o un discurso político, ni siquiera de qué sector debía representar… se le apoyó con todo, por eso de la cuota… Y fue electa diputada local.

Importante preguntar qué hizo en esa posición.

Nada o muy poco porque pidió licencia para ser candidata a diputada federal. O sea que de respeto a sus electores ni el mínimo.

Como no tiene grupo político y pocos le reconocen, sería difícil, alguna capacidad intelectual, resulta muy útil para llenar la cuota. El marido, Miguel Pérez Cetina, goza de impunidad compartida por el poder de las sábanas blancas.

Ya en el Congreso, hablamos de unos cuantos meses, era habitual encontrarla cada dos o tres días en los vuelos hacia Chetumal. Cambió de vestuario, con bolsas de Louis Vuitton, ochenta o 100 mil pesos, porque para eso sirve el poder y el dinero.

¿Qué hizo como diputada federal? Otra vez, nada o muy poco. Es una incógnita.

Esta señora política quintanarroense, que jamás hubiese sido candidata a un puesto de elección popular si no fuese por la cuota obligada, pidió este jueves 3 de marzo licencia al cargo de diputada federal.

¿Respeto a los electores? ¿Respeto a sí misma?

Hay que llenar la cuota de 50 por ciento para mujeres en las planillas para candidatos priístas a presidentes municipales… y resulta que la señora Mólgora, que no entiende la “O” por lo redondo, que no tuvo nunca vocación política, que era burócrata de escritorio, va a “competir”…

¿De qué estamos hablando? Porque se supone que esta “cuota” obligada en el PRI buscaba la igualdad. Y lo que ha conseguido es que las mujeres políticas, con historia personal, con trayectoria, que han desempeñado puestos públicos con decoro y talento, siguen fuera. Siguen estorbando a los hombres dueños del poder. Lo que es, todavía más grave, como se llenan con “Juanitas” o incapaces, suavecitas, tontitas pues, los espacios políticos, estas mujeres siguen fuera.  Siguen tocando todas las puertas sin que les abran.

En una reunión en Sonora se pidió que las mujeres en puestos de elección popular vieran por otras mujeres, vieran por sus familias. Esto no va a suceder si no llegan quienes tienen que llegar a posiciones de poder. No por cuota, no por decreto, por derecho.

Tendría que haber un mecanismo al respecto, con mayor imaginación y resultados. Para que las ignorantes del servicio público, de la política, sin vocación ni capacidad como Arlet Mólgora no sigan detentando las cuotas a perpetuidad…

En Twitter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx

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