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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

¿Femenicidios? o ganas de fregar en Quintana Roo

Cada vez que me preguntan sobre “Las Muertas de Juárez”, y en un tiempo hablé mucho al respecto, en el país y en el extranjero, respondo que la clave para entender cómo pudieron suceder crímenes tan espantosos, está en la impunidad.

En ese mensaje que las autoridades, locales y federales, enviaron a los criminales de que tenían permiso para matar.

¿Se puede hablar de “femenicidio” en este sentido, refiriéndonos concretamente a las muchas muertes de jóvenes mujeres en Ciudad Juárez?  Sí, definitivo.

Primero que nada porque hubo un patrón en todos los casos: Mujeres jóvenes, que trabajaban en las maquiladoras, de cabello largo de color negro. Y todas ellas fueron secuestradas antes de asesinadas. Fueron, además, violadas.

En todos los casos hubo una respuesta nula de las autoridades. No las buscaron durante el tiempo en que estuvieron secuestradas, de entre 10 días y dos semanas.

¿Por qué fueron estos crímenes?  La teoría investigada por una reportera de El Paso Times, Diana Washington, y que retomó Sergio González en su libro,  me parece la más creíble.  Fueron asesinatos de “iniciación” entre grupos criminales, mujeres que sirvieron de “entretenimiento” para ricos y/o poderosos, que fueron violadas y torturadas por ellos, para después ser asesinadas por sus “ayudantes”, escoltas o demás.

Fue hasta que el Gobierno federal entendió que esto era un problema serio que tuvo atención oficial.  Con el agravante de la omisión policiaca por complicidad con los criminales.

¿Qué significa esto? Que las autoridades fueron intencionalmente omisas, que los criminales tuvieron una red de complicidades que llegaba hasta la oficina del procurador de justicia de Chihuahua.

Esto es un femenicidio. Un acto repetido contra las mujeres por su condición de sexo.  Que se significa como un ataque contra un grupo específico, por edad y apariencia física.

En Quintana Roo en semanas recientes ha habido varios asesinatos de mujeres.  En todos los casos, mujeres de características físicas y de edad muy diferentes, las investigaciones apuntan a crímenes pasionales. Eran mujeres que tenían parejas violentas y que habían sido víctimas de maltrato físico.

En uno de estos asesinatos ya se detuvo al responsable, un policía municipal, por cierto.

No hay ningún elemento que apunte a un tema de género, infinitametne menos a un femenicidio.  Se trata, está comprobado, de asuntos pasionales o de víctimas de un machismo consentido.

A Cancún, a todo Quintana Roo, llegan ciudadanos de otras partes del país en busca de mejores oportunidades de trabajo.  Mudarse de la ciudad donde se ha vivido, donde están los familiares y amigos, implica una gran carga emocional.  A lo que debe agregarse la vulnerabilidad de las mujeres en su doble papel, en el hogar y en el trabajo.  La connatural soledad en un lugar nuevo, la necesidad de obtener satisfactores materiales que justifiquen el cambio.

Las mujeres que llegan a vivir a Cancún tienen mayores presiones, mayor vulnerabilidad emocional, y suelen permitir relaciones abusivas. Esto sí es un patrón.

Cancún, como todo Quintana Roo, vive del turismo, en todas sus expresiones, todos sus empleos.  Es un eje rector de vida que es cuidado por todos sus beneficiarios.  Sin turistas no hay pan en las mesas.  Así de simple es la ecuación.  Por eso resulta gravísimo que por razones políticas se pretende hacer ver que hay una violencia de género.

En Quintana Roo, en Cancún lo que ha habido son crímenes de mujeres aislados y por razones pasionales o familiares.  El gobernador Roberto Borge ha presionado a sus policías, a sus ministerios públicos, a todas sus instituciones de aplicación de justicia para que investiguen profesionalmente estos asesinatos y encuentren a los victimarios.  En esto van muy avanzados.  Hay una voluntad política para hacerlo, lo que resulta siempre esencial para castigar a los culpables.

En la voz, en la práctica, del gobernador Borge y de todas las autoridades, hay un mensaje contra la impunidad que es lo que marca la diferencia.  En todos los casos de “femenicidios” en el mundo ha habido apatía o complicidad de autoridades, ambas en el caso de “Las Muertas de Juárez”.  Esto no sucede en Quintana Roo, por eso son ganas de fregar.

 

En Tuiter: @isabelarvide

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