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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • La puntualización de Emilio Gamboa
  • Eso es lo importante, mentir o no mentir…

Me atrapa de sobremanera la posición de Emilio Gamboa sobre el fiscal Nieto.

Y este pasmo se direcciona hacia el ahora senador de la República, porque excepcional es que un hombre que lleva casi 40 años en el poder, en las verdaderas tripas del poder, tenga moral.

Principios, como se le quiera llamar. Que distinga lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto. Que pueda calificar inadmisible una mentira.

Esto se traduce como una infinita comprensión de Emilio Gamboa a lo que trasciende. Lo que no debe romperse por ninguna razón porque terminaría por arrastrarnos a todos, 120 millones de personas, a un abismo.

El Senado es una de las instituciones más dignas de respeto que tenemos. Forma parte de un modo de vida, de Gobierno que nos dimos a través de muchas luchas fratricidas. Es un baluarte de integridad nacional.

Por lo tanto, no hay espacio para mentirle al Senado.

Emilio Gamboa habla de esto. En pocas frases se refiere al fiscal electoral como mentiroso.

¿Queremos los mexicanos autoridades que llegan a serlo, a contar con la aprobación de nuestros representantes, en base a mentiras? No se trata de virginidades fingidas a destiempo, sino de un tema moral. Millones de mexicanos no pretendemos ni podríamos ser autoridad en ninguna materia, pero sí podemos y debemos exigir que quienes lo sean tengan una conducta diferente. Se apeguen a patrones morales establecidos.

Es decir, no nos mientan. A las autoridades y a todos nosotros.

El asunto de presuntos delitos electorales, o el intencional linchamiento público a que ha sido sometido Arturo Escobar está aparte.

El señor Santiago Niego Carrillo trabajó para el PRD, con un sueldo tan elevado que presupone gran cercanía con sus jefes. Esto crea, a priori, una vinculación. A pocos les pagan 60 mil pesos por asuntos intrascendentes. Colaborar con un partido político no es inocente, está inscrito en políticas partidarias. La supeditación implica, forzosamente, compartir una visión de la realidad.

De haber incluido esto en su currículo, como estaba obligado a hacerlo, habría habido una discusión partidista alrededor de su nombramiento. Y, tal vez, los senadores hubiesen aprobado su nombramiento. O no. Lo que tenemos son especulaciones sobre lo que tendría que haber pasado. Lo cierto es que intencionalmente mintió y negó vínculos importantes que debieron ser sopesados.

¿Se valen las mentiras?

Emilio Gamboa dice que no. Y vaya que ha vivido todos los usos y costumbres del poder, desde su poderosa oficina en Los Pinos hasta su posición actual. Ninguno le puede contar cómo se gobierna o cómo se debe legislar. Por eso su lapidación de Nieto es importante. Mentir no se vale, porque el Senado es una institución que no puede admitir mentiras.

Si esto no obliga a Nieto a renunciar es que su cinismo no tiene límite. Por lo pronto perdió toda autoridad moral. No se puede confiar en él, por tanto, tampoco en las investigaciones de la Fepade que encabeza. Sobre su capacidad legal, que resulta esencial en el ejercicio de una fiscalía, la jueza décimo primera de materia federal, que le negó la orden de aprehensión contra Arturo Escobar, ya le dio una regañada pública inmensa al afirmar que no supo señalar cuál era el delito a perseguir.

De donde no tiene ningún margen para permanecer en su oficina.

Si el señor Nieto pretendió hacer política, conseguir fama pública al publicitar su actuación contra Escobar, incluso antes de lo que ley lo permitiese, lo único que obtuvo fue un rechazo social tremendo.

La política no es para académicos que desde el análisis de escritorio creen que todo debe ser hecho de otra forma. Emilio sabe perfectamente como cruzar pantanos hediondos sin tropezar con su propia sombra. De eso trata la política. Quienes engañaron a Nieto, quienes lo hicieron sentir importante, quienes pretendieron inventar un personaje superior e impoluto en su persona, fracasaron. Pero quien naufragó en su propia incapacidad fue Nieto.

Santiago Nieto es, como siempre sucede en política, quien tiene que pagar la cuenta por dejarse llevar a la fiesta sin saber bailar…
En Twitter: @isabelarvide

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