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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Historias de Navidad I
  • El desamparo de los enfermos en Tabasco

Comienzan las posadas.  Esa fiesta tan mexicana que recuerda y ratifica la voluntad solidaria.  Que expresa la necesidad de pedir refugio y, a su vez, de concederlo.

Los Santos Peregrinos, dice la conmemoración, buscaban un techo bajo el cual naciera Cristo.

Si eso sucediese hoy en Tabasco, no encontrarían sitio.  Sobre todo no en los hospitales públicos.

Mientras la señora gobernadora, Martha Lilia López Aguilera de, está  ocupada en inauguraciones sociales, en eventos como la feria de Navidad o del chocolate, todo aquello que permite estrenar vestidos y alhajas, miles de tabasqueños deben ser atendidos literalmente en el suelo.

En el hospital Juan Graham Casasús, que se dedica a pacientes de enfermedades crónicas, no hay jeringas, suero, camillas, lo más elemental.  Y su director, Lorenzo Pacheco Bautista asegura que simplemente están saturados.  Que es temporal.

No es el único hospital en esas condiciones, lo que tanto se criticó al anterior gobernador Andrés Granier, ha empeorado.  Doña Martha Lilia muy elegante asistió a la inauguración, el 27 de agosto del 2014 de la Unidad de Cirugía Ambulatoria del Hospital Gustavo A. Rovirosa.

Ahí se informó que con una inversión de 32 millones de peos se habían puesto en operación cuatro quirófanos.  A un año  de distancia solamente uno de estos funciona.  Y por eso para programar una cirugía pasa, sin exagerar, un año.  Y ésta puede ser cancelada de improviso porque no llegó el anestesiólogo.

Uno de estos especialistas, el doctor Ciro Reyes Martínez, explica que no tienen medicinas para dar Anestesia, que muchos medicamentos que tienen que usar ya están caducados.  Y que las máquinas de anestesia no sirven.

De pequeña, once o doce años, todas las noches iba con mi padre, médico anestesiólogo, al hospital Juan Graham Casasús que era una estructura antigua de grandes cuartos que daban a los pasillos, los que veía desde el coche donde esperaba mientras mi padre hacia la visita a los pacientes que operaría al día siguiente.  Todo era muy limpio, muy organizado.

Hoy las escenas en los hospitales tabasqueños parecen cuadros de un infierno anticipado.  Los pacientes en el suelo o en sillas de rueda con el suero y el dolor.

El director nacional del Seguro Popular afirma que se ha hecho llegar más de 4 mil 500 millones de pesos a Tabasco.  Y el titular de Salud, un tipo más bien patán, presume de medicamentos encerrados en una bodega mientras los pacientes, sus familiares deben comprarlos para ser atendidos en condiciones infrahumanas.

Los médicos están desesperados, se queja frente a los medios de comunicación de esta situación.  Y la respuesta oficial la da el Secretario de Salud, Juan Filigrana Castro, en un programa local de radio acusándolos de “traidores” de malos médicos que permitieron que esa realidad se exhibiese.

Y doña Martha Lilia, gobernadora en funciones, se prepara para visitar la exposición de Navidad en el parque Tabasco, tema mucho más trascendente.  Tal vez ahí pueda comprar un belén, y lo ponga en la Quinta Tabasco, residencia donde vive, para cantar las posados y dar refugio a los peregrinos.

Lo que es a sus hospitales, más les vale no llegar.  Ni un Niño Dios podría nacer en condiciones de elemental decencia.

En Tabasco, todo lo indica, el Gobierno federal va a repetir los errores del sexenio pasado y cerrará, todavía más los ojos.  Dicen que lo que más enojó al actual presidente, Enrique Peña Nieto, sobre la administración de Granier fue el desabasto de medicinas, la situación hospitalaria y de Salud. ¿A quién debe enojar el caos, el miasma de los hospitales, el desamparo de los pacientes para que algo cambie?

Siquiera porque se acerca la Navidad…
En Tuiter: @isabelarvide   Blog: EstadoMayor.mx