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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Historias navideñas ii
  • Angélica Rivera, Humberto Benítez

Esos vestidos llenos de crinolinas, de colores chillones, son la ilusión de millones de jovencitas que van a cumplir 15 años. Una celebración que tiene raíces muy profundas en nuestra idiosincrasia.  Que hace que la familia, los padres o quien corresponda, hagan cualquier cantidad de sacrificios para pagar la pachanga.

De ahí que sea tan significativa la presencia de Angélica Rivera de Peña en una de estas fiestas. Para mayor lujo, colectiva.  Fiesta  de niñas que crecieron en un orfanatorio.  Lo que hizo recordar a las quinceañeras del Gobierno de Marcelo Ebrard fotografiándose en Reforma, frente al Ángel de la Independencia.

En ese ambiente de carencias, de vulnerabilidad social, es donde la fuerza de la primera dama es mayor por su origen como actriz de telenovela, algo que tiene mucha mayor traducción en sectores populares.

Si esta actividad, cargada de traducciones políticas y de comunicación, es la primera de muchas, podremos esperar que el año que entra su persona, su presencia vuelva a convertirse en un activo en la popularidad presidencial.  Por lo pronto las quinceañeras festejadas, con sus vestidos de princesas, fueron muy felicitadas, la presencia de cámaras y toda la estructura de poder que se mueve con la señora, fueron más que gozosas.

Yo, por cierto, conservo en la pared una  foto amarillenta de mi fiesta de quince… Y reconozco mi ilusión, mi vestido rosa, mi padre amoroso…

Cosas del espíritu de Navidad que hace que todo pueda acomodarse frente a un plato de peltre con un buñuelo enmielado de piloncillo.

Ese mismo espíritu solidario, de llevar lo que se tiene, y también lo que se es, acompaña a Humberto Benítez, un político de los de antes, de aquellos hombres que hacían de la lealtad una profesión.  Un hombre que ha sido innecesariamente maltratado por este gobierno, por su amigo el Presidente Peña.

Humberto Benítez fue procurador dos veces, es un hombre de leyes, maestro de muchos años como bien lo sabe el gobernador Eruviel Ávila.  Es, también, un hombre sensible que vio como muchos estudiantes de leyes, en las universidades del Estado de México, no podían titularse por falta de dinero.

Esto que se oye como un absurdo mayor, sucede.  Y con gran frecuencia.  La titulación implica, por obligación hasta legal, invertir mucho dinero.  De esta forma, por carecer de recursos, cientos, miles de jóvenes, hombres y mujeres, que habían hecho inconmensurables esfuerzos por estudiar y, sobre todo, por lograr terminar su carrera veían frustrado su futuro.

Sin un título en la mano, no existen opciones de trabajo, aunque se cuente con todos los conocimientos indispensables.  Por eso, generoso, Humberto Benítez creó unas becas de titulación que puntualmente paga de su bolsillo, que sin reflectores ni deseo de publicidad, permiten que muchos, en verdad muchos estudiantes sean hoy abogados con su título en la mano.

De muchas maneras esta acción, como la voluntad de Angélica Rivera de vestirse con una blusa cualquiera y dedicar su tiempo, su cercanía a la fiesta de unas niñas ilusionadas, viene a incidir en la mejor de los mexicanos.  En nuestra capacidad de estar, de ser, de acompañar al otro.  En esos fuertes lazos sociales que construyen sociedades, que explican la palabra solidaridad de la mejor manera.

Como individuos necesitamos a otros individuos, para ser como decía la canción de Benedetti: codo a codo, en la calle, más que dos.

Es la suma de voluntades generosas la que permite que seamos una sociedad con capacidad de sobrevivir a las peores crisis económicas.  Esa costumbre ancestral de “echar agua a los frijoles” para que otros puedan comer en nuestra mesa, es lo que ha permitido encarar realidades adversas de forma que ninguna otra sociedad puede hacerlo.  Sean devaluaciones de la moneda, terremotos, huracanes o tontos en Los Pinos.

La capacidad, como en esta ocasión Angélica Rivera de Peña, como tiene mucho tiempo haciendo Humberto Benítez Treviño, de vernos en los otros, de entender que somos iguales y que todo, absolutamente todo lo bueno que podemos dar se revierte con creces, es justamente lo que se conmemora en estas fechas.
En Tuiter:  @isabelarvide   Blog: EstadoMayor.mx