imagotipo

Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Historias navideñas III
  • Los pueblos sin protección…

En Tamaulipas, que aunque pocos lo crean es una entidad federativa parte de México, decenas de familias se forman en sus coches en espera de poder ser escoltados para emprender un viaje al norte, a la frontera, al paseo habitual de quienes habitan en esa zona.

Quienes van a acompañarlos, uniformados, bañaditos, listos para las fotografías, son los mismos policías federales que no pueden, no quieren o no saben protegerlos.

El drama de Tamaulipas tiene dos nutrientes comunes a otras partes del país: incapacidad y corrupción, solamente que en mayor escala. En esa entidad, la falta de valor y ganas de cambiar las cosas del gobernador Egidio Torre, junto con la impunidad, la corrupción de todas las policías, han permitido que dos grupos criminales que se pelean la zona sean dueños. Sean quienes deciden quién vive y quién muere.

Pueblo sin ley, pueblo sin Dios.

¿Por qué permitieron, Gobierno federal y estatal, que las cosas llegaran hasta este extremo de descomposición? Incapacidad, falta de voluntad política, desidia.

Y las Fuerzas Armadas… bien de salud.

La soberanía nacional, los derechos constitucionales de los ciudadanos, otorgan el libre tránsito por territorio nacional. Eso no sucede en Tamaulipas. Que para ir a carretera tengan que acompañarse de “guaruras” uniformados y armados, equivale a ser prisioneros. Alguien, muchos, les quitaron su libertad.

Pueblo sin Dios. Pueblo sin Policía.

¿Por qué el Gobierno federal le permite tanta ineficiencia al gobernador Torre?, que trae la herencia de Eugenio, otro gobernador incapaz, pero que nada puede justificar su desidia.

Algunas carreteras de Sinaloa, de Veracruz, de otros Estados son también muy peligrosas. Pero en Tamaulipas todas son intransitables.

Los policías federales que en sus patrullas acompañan a los tamaulipecos que viajan a la frontera con Estados Unidos tampoco han podido devolver a la ciudadanía el control sobre esos caminos.

Es de locos aceptarlo.

Una entidad entregada a criminales, como lo están parte de Michoacán o de Guerrero.

A Renato Sales se le debe caer la cara de vergüenza de ver a los policías bajo su mando de cuidadores, de escoltas, aceptando de la forma más humillante su propio fracaso.

En la Sierra de Guerrero, otro pueblo sin Dios, criminales atacaron la población de Yextla, disparando a sus pobladores el viernes 18 de diciembre. En lugar de estar preparando las fiestas de Navidad, los pobladores se escondieron en sus humildes casas y pidieron auxilio casi a gritos. Hubo varios heridos.

A la llegada de militares en helicópteros, los delincuentes huyeron. Obvio decir que hubiese sido fácil o conveniente que fuesen patrullas de soldados las que cotidianamente cuidaran en esa región como obligación, no como respuesta a una emergencia de guerra.

Los mexicanos, todos los mexicanos, queremos vivir en libertad. Para hacerlo necesitamos paz, necesitamos que las autoridades, locales y federales, hagan su trabajo. Eso es lo que no está sucediendo. Por eso tenemos que contar a las víctimas, tenemos que enseñar a los niños a sobrevivir a la violencia, por esto también el papa Francisco va a visitar zonas de conflicto.

A los mexicanos, a todos los mexicanos no nos interesa cómo se llaman los poderosos jefes de esos grupos criminales ni queremos escuchar las hazañas de sus capturas, lo que queremos es que nos devuelvan nuestros caminos, nuestras libertades, nuestras tranquilidades.

¿Sería mucho pedir, deseo de Navidad, que los políticos, los funcionarios públicos, los gobernantes se pusieran a hacer su trabajo? No queremos más, únicamente que hagan su chamba para seamos nosotros, ciudadanos, los dueños de nuestras casas, de nuestros pueblos, de nuestras carreteras… para lo que queramos.

En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx