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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • Entre la cocinera y la actriz
  • Otras mujeres de “El Chapo”

Detrás de Joaquín Guzmán ha estado, por muchos años, una mujer que le cocina, que los marinos identificaron justamente así: “la cocinera”. Ella estaba en la casa de Los Mochis haciendo su trabajo. Entre balazos fue detenida y hoy está presa en un penal de alta seguridad.

¿Colaboró con “El Chapo” en el trasiego de droga? Seguramente que no. ¿Obedeció sus órdenes para asesinar a alguno de sus enemigos? No existe evidencia en ese sentido.

Sin embargo, está presa y sujeta a juicio.

¿Qué la diferencia de Kate del Castillo?

Porque fue cuestión de suerte que la actriz no hubiese estado junto al criminal en el momento de su captura. Y si así hubiese sido, también pudo haber muerto como los sicarios que lo acompañaban. ¿Portar o no portar un arma es la diferencia?

Tanto la cocinera como la actriz recibían instrucciones y, seguramente, dinero a cambio de sus servicios. La señorita del Castillo fue traductora y productora de una entrevista, esos son servicios tan profesionales como los de preparar alimentos. Ambas bajo las peticiones de “El Chapo”.

Existe constancia de que el señor Joaquín Guzmán exigió aprobar los videos y la entrevista. Y que la señorita del Castillo obedeció las instrucciones de su cliente.

Tanto la cocinera como la actriz, para trabajar para el mismo patrón, tuvieron que esconderse de las autoridades, utilizar teléfonos celulares especiales, comunicarse por medio de otras personas, y padecer iguales miedos por encontrarse en medio de una batalla, como finalmente le sucedió a la cocinera.

Quiero creer que ninguna de las dos eran sus amantes, que por el contrario eran sus empleadas.

¿Cuál es el rasero para juzgarlas de forma diferente?

Cuando la actriz del Castillo escribió, con faltas de ortografía por cierto, su famosa carta de elogios desmedidos a Joaquín Guzmán Loera olvidó, o le convino ignorar cuántos asesinatos había ordenado. Pequeño detalle.

Cada uno es responsable de elegir patrones y amistades. Lo que no parece justo es que relacionarse, trabajar para un criminal que seguramente le pagó en efectivo sin factura de por medio, no tenga un costo penal. Que pueda hacerse con la mayor impunidad si se cuenta con fama pública.

Llevar a Sean Penn para entrevistar a “El Chapo” implica, necesariamente, un largo trabajo de organización siempre al margen de la ley, ocultándose (ya se vio que sin eficiencia) de la autoridad para reunirse con un fugitivo. Aceptar las condiciones de éste sobre el contenido del material, que aparece bajo el logotipo de exclusividad de Kate del Castillo, infiere una subordinación. Las reuniones con el abogado, algunas de madrugada en estacionamientos, definen un total conocimiento de los riesgos.

No es admisible que después de ello la actriz no deba, siquiera, presentarse a declarar ya que la procuradora ha citado a su abogado.

Nada de esto, lo de la película, lo de los celulares, lo de los videos, lo de las reuniones secretas con el abogado, lo de servir de chaperona y acompañante de Sean Penn tiene relación alguna con el trabajo periodístico, con la libertad de expresión. Son trabajos encargados por un criminal, como a su cocinera.

Habrá mucho que escribir sobre el resultado de la entrevista, ésta sí publicada como tal, que realizó un actor y activista que ha publicado otras antes. Tal vez debió hacer otras preguntas, puede criticarse el haber cruzado una línea muy tenue entre lo correcto y lo de interés público, pero no hay ningún indicio de que haya existido una relación de trabajo y/o subordinación con el criminal.

La conducta del actor, por lo tanto, debe entrar en un ámbito muy distinto de aquella de Kate del Castillo. Ella, como la cocinera, estaba bajo las órdenes de “El Chapo”, formaban parte de sus empleados.

Si la autoridad decide ignorar esta realidad debe, de inmediato, liberar a la cocinera que solamente estaba enterada de huevos, chiles, tomates y machaca…

En Tuiter: @isabelarvide     Blog: EstadoMayor.mx