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Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

  • ¿Ya se nos olvidó quién es Humberto Moreira?
  • El juego de la conveniente lapidación

Cuánta ira tan indigestada queda de manifiesto con la inmoral detención de Humberto Moreira en España. La gente, mucha gente, está tan enojada con su realidad, que juega a lapidar presuntos culpables, a inmolar en vida a personajes públicos que se convierten, a priori, en los villanos de todas las historias.

En lo que arrastran, como si fuese demonio omnipotente, al presidente Enrique Peña Nieto.

Y en ésta, nuestra historia, no hay, no puede haber responsables absolutos.

El gran descontento que permea las redes sociales no tiene llenadera ni solución. Si López Obrador o cualquiera llegase al poder en poco tiempo, meses, tal vez semanas, se convertiría en uno de los seres más odiados. En piñata de todas nuestras iras.

¿Es la naturaleza del mexicano?

Que espectáculo tan triste, tan desolador es la persecución mediática contra Humberto Moreira, la crítica fácil, la enumeración de delitos sin siquiera analizar la misma orden de aprehensión.

Frente a un ataque a nuestra soberanía, la detención de un personaje público por órdenes de un juez que ya lo juzgó, el encarcelamiento estúpido de un político mexicano, grandes sectores sociales festejan y piden el encarcelamiento de Peña Nieto. Qué sanguinaria sociedad, tapada de la realidad, negada a reconocer verdades, hemos
construido.

Humberto Moreira llegó a España para continuar los estudios de posgrado que ha hecho en ese país los últimos dos años, con un protagonismo público, viviendo en un barrio residencial de Barcelona, inscrito en una universidad local. Y como si fuese un asesino serial fue detenido y encarcelado para esperar juicio, lo que puede tardar años, por haber depositado en cuentas de bancos españoles el dinero de su manutención y la de su familia.

No por haberse “robado” 33 mil millones de pesos del erario público de Coahuila, como dicen los titulares.

En total poco menos de 200 mil euros llegaron a España, a sus cuentas, en dos años. Alrededor de tres millones y medio de pesos mexicanos. Aproximadamente 145 mil pesos mensuales.

Su mujer, Vanessa, es millonaria. Es hija de un empresario de Piedras Negras que ha hecho fortuna legítima y pública a través de los años. Y que al momento de casarse con Humberto puso a su nombre, como dote, una residencia en San Antonio, Estados Unidos, y 22 millones de dólares.

Dinero al que Humberto Moreira renunció ante notario, además de haberse casado en separación de bienes.

¿Cuántos mexicanos gastan más de 145 mil pesos al mes? Porque si no existiese esa clase social pudiente no abrirían tiendas de lujo como el Palacio de Hierro en Polanco, o todos los establecimientos en Presidente Mazarik. ¿Han visto a las diputadas con bolsas que cuestan 50 o 100 mil pesos? ¿No quedó establecido que el Secretario y el subsecretario de Gobernación, Luis Miranda, pagan rentas en la Ciudad de México de más de esa cifra? Y si a esas vamos, los funcionarios de la Embajada de España en México viven en Polanco pagando rentas mensuales, en dólares, que llegan a los 100 mil pesos. Más lo que se acumule.

Moreira no se escondía, estudiaba.

El juez español que lo juzgó, lo sentenció con anticipación inmoral y ha hecho un revoltijo, mezclando sus acusaciones con un juicio que se lleva en Estados Unidos a excolaboradores de Moreira. A priori.

Con ese criterio, mañana detienen a Enrique Peña Nieto o a cualquier funcionario público mezclado con asuntos delicados como la desaparición y asesinato de estudiantes en Iguala. Pueden venir y llevarse al general Salvador Cienfuegos por los hechos de Tlatlaya. Por cualquier denuncia que haya sido puesta en instituciones extranjeras, bajo cualquier tipo de intereses, legítimos o no.

Quienes tengan cuenta en el extranjero quedan, en automático, sujetos al albedrío de cualquier declaración en un juicio que les sea totalmente ajeno. Sin importar la calidad moral de quienes los señalen.

Nada de lo que se dice de Moreira en medios de comunicación y redes sociales es verdad, nada puede ser probado. Pero se ha convertido en realidad con el apoyo del silencio oficial, incluyendo aquel de gobernadores, empresarios y personajes públicos que estuvieron muy relacionados con Moreira.

La lección que tendrían que aprender, políticos y ciudadanos, de esta lapidación inmoral es que mañana vienen por ti. Que, bajo los mismos argumentos, bajo la misma falta de rigor periodístico o moral que tienen sus acusadores, cualquiera puede convertirse en ladrón, en asesino, en el villano mayor.

¡Que triste realidad, que mal estamos como país y como sociedad!
En Tuiter: @isabelarvide  Blog: EstadoMayor.mx